Irak: atrocidades del Dáesh y comercio de armas

Amnistía Internacional ha hecho público un informe en el que sostiene que la mala regulación de los flujos de armas hacia Irak durante decenios, unida a la falta de control sobre el terreno, han proporcionado al grupo armado del Dáesh un gran arsenal mortífero que se está utilizando para cometer crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra a escala masiva en Iraq y Siria.

Armas-Daesh-Conflict-Armament-Research Irak: atrocidades del Dáesh y comercio de armas
Armas que utiliza el ISIS. © Conflict Armament Research

 

A partir de los análisis efectuados por expertos de miles de vídeos e imágenes verificadas, el informe, titulado «Haciendo balance. Armar al Dáesh» explica cómo los combatientes del Dáesh utilizan armas –la mayoría procedentes del saqueo de los arsenales del ejército iraquí– que fueron fabricadas y diseñadas en más de dos docenas de países, entre ellos Rusia, China, Estados Unidos y países de la UE.

“La numerosa y variada gama de armas que está utilizando el grupo armado autodenominado Dáesh es un caso de manual de cómo el comercio irresponsable de armas da pábulo a la perpetración de atrocidades a escala masiva», ha dicho Patrick Wilcken, investigador sobre Control de Armas, Comercio de Seguridad y Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

“La mala regulación y la falta de supervisión de los inmensos flujos de armas hacia Irak en los últimos decenios han supuesto para el Dáesh y otros grupos armados una excelente coyuntura para lograr un acceso sin precedentes a la potencia armamentística.»

Al tomar Mosul, la segunda ciudad de Irak, en junio de 2014, los combatientes del Dáesh se hicieron inesperadamente con armas de fabricación internacional del arsenal iraquí, entre ellas  armas y vehículos militares fabricados en Estados Unidos, que utilizaron para controlar otras zonas del país, con devastadoras consecuencias para la población civil que las habitaba.

La amplia variedad de tipos de armamento tomado y adquirido ilegalmente ha permitido que el Dáesh lleve a cabo una terrible campaña de abusos. Homicidios ilegítimos, violaciones, tortura, secuestro y toma de rehenes –a menudo a punta de pistola– han obligado a cientos de miles de personas a huir y convertirse en desplazados internos o refugiados.

Un arsenal de vértigo

La variedad y la amplitud del arsenal del Dáesh refleja decenios de transferencias irresponsables de armas a Irak. Esto se ha visto agravado por los diversos fracasos a la hora de gestionar las importaciones de armas e implantar mecanismos que evitaran usos finales inadecuados durante la ocupación dirigida por Estados Unidos a partir de 2003. A este problema se añade los controles poco estrictos de los arsenales del ejército y la corrupción endémica de los sucesivos gobiernos iraquíes.

El informe documenta el uso por parte del Dáesh de armas y municiones procedentes de al menos 25 países, aunque una gran proporción fueron originalmente armas suministradas al ejército iraquí desde Rusia, Estados Unidos y países del antiguo bloque soviético. Estos flujos de armas se financiaron con diversos trueques de petróleo, contratos del Pentágono y donaciones de la OTAN. La mayor parte de estas armas han sido tomadas o filtradas de los arsenales del ejército iraquí.

Entre las armas avanzadas con que cuenta el Dáesh hay sistemas portátiles de defensa antiaérea (MANPADS), misiles guiados antitanque y vehículos blindados de combate, así como rifles de asalto como la serie AK, de fabricación rusa, y los M16 y Bushmaster estadounidenses.

La mayoría de las armas convencionales que utilizan los combatientes del Dáesh datan del periodo comprendido entre la década de 1970 y la de 1990, e incluyen pistolas, revólveres y otras armas pequeñas, ametralladoras, armas antitanque, morteros y artillería. Son habituales los rifles tipo Kalashnikov de la época de la Unión Soviética, sobre todo de fabricantes rusos y chinos.

“Esto vuelve a demostrar que las medidas de evaluación y mitigación de riesgos en la exportación de armas a regiones inestables exigen un análisis exhaustivo y a largo plazo, que deberá incluir la evaluación de si las unidades del ejército y las fuerzas de seguridad son capaces de controlar realmente los arsenales y cumplen las normas del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos», ha dicho Patrick Wilcken.

Los combatientes del Dáesh y otros grupos armados también han recurrido a fabricar su propio armamento improvisado en burdos talleres. Ejemplo de esta práctica son morteros y cohetes, granadas de mano improvisadas, dispositivos explosivos improvisados (bombas caseras) tales como automóviles-bomba y armas trampa, e incluso municiones de racimo reutilizadas, un arma prohibida internacionalmente. En algunos casos, los dispositivos explosivos constituyen minas terrestres prohibidas por la Convención sobre la Prohibición de las Minas Antipersonal

Cadenas de suministro

Haciendo balance abarca la larga historia de proliferación de armas de Irak y las complejas cadenas de suministro que muy probablemente hicieron que algunas de las armas más recientes fueran a parar a manos del Dáesh.

El arsenal del ejército iraquí aumentó a finales de la década de 1970 y comienzos de la de 1980, especialmente en torno a la guerra Irán-Irak. Éste fue un momento decisivo en el desarrollo del moderno mercado global de armamento, cuando al menos 34 países distintos suministraban armas a Irak y 28 de ellos también se las suministraban a Irán. Entretanto, el entonces presidente de Irak, Sadam Husein, supervisó el desarrollo de una sólida industria armamentística nacional que fabricaba armas pequeñas, proyectiles de mortero y bombas de artillería.

Tras la invasión de Kuwait por Irak, en 1990, el embargo de armas de la ONU hizo disminuir las importaciones hasta 2003, pero durante la invasión dirigida por Estados Unidos y después de ella, Irak volvió a inundarse de importaciones de armas. Muchas de ellas nunca fueron aseguradas y verificadas adecuadamente por las fuerzas de la coalición dirigida por Estados Unidos y las fuerzas armadas iraquíes reconstituidas. Cientos de miles de esas armas pasaron a paradero desconocido y aún no se sabe nada de ellas.

Iniciativas más recientes de reconstruir y volver a equipar el ejército iraquí y fuerzas asociadas han vuelto a generar un flujo masivo de armas a Irak. Entre 2011 y 2013, Estados Unidos firmó contratos por valor de miles de millones de dólares en tanques 140 M1A1 Abrams, aviones de combate F16, unidades portátiles Stinger 681, baterías antiaéreas Hawk y demás material. En 2014, Estados Unidos había suministrado al gobierno iraquí armas pequeñas y munición por valor de más de 500 millones de dólares.

La corrupción endémica del ejército iraquí, así como la falta de controles estrictos sobre los arsenales y el seguimiento de armas implicaron el peligro constante de que tales armas se desviaran a grupos armados, incluido el Dáesh.

Evitar la proliferación de armas

Los Estados pueden aprender de los sucesivos fallos del pasado y tomar medidas urgentes para evitar una futura proliferación de armas en Irak, Siria y otros países y regiones inestables.

Amnistía Internacional pide a todos los Estados que adopten un embargo total sobre las fuerzas gubernamentales sirias, así como sobre los grupos armados de oposición implicados en la comisión de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y otros abusos graves contra los derechos humanos.

También deben adoptar una norma de «presunción de denegación» de las exportaciones de armas a Irak, lo cual significa que las transferencias sólo podrían hacerse tras una estricta evaluación de riesgo. Las unidades del ejército o la policía de Irak con las que se hagan excepciones deberán demostrar primero que respetan de forma estricta y constante el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos y que disponen de los mecanismos de control necesarios para garantizar que las armas no se desviarán a grupos armados.

Asimismo, cualquier Estado que esté considerando una posible transferencia de armas a fuerzas armadas en Irak debe primero hacer una sólida inversión en controles previos y posteriores a la entrega, así como en una formación y un seguimiento que cumplan las normas internacionales para la gestión y el uso de tales armas.

Todos los Estados que aún no lo hayan hecho deben adherirse al Tratado sobre el Comercio de Armas o ratificarlo inmediatamente. Uno de los objetivos de este tratado es “prevenir y eliminar el tráfico ilícito de armas convencionales y […] evitar su desvío ”. El Tratado también contiene disposiciones cuya finalidad es detener las transferencias de armas cuando haya un riesgo manifiesto de que puedan utilizarse para cometer violaciones graves del derecho internacional humanitario o de los derechos humanos.

«El legado de la proliferación y el abuso de las armas en Irak y sus alrededores ya ha destrozado las vidas y los medios de subsistencia de millones de personas, y sigue constituyendo una amenaza. Las consecuencias de transferir irresponsablemente a Irak y Siria armas que posteriormente caen en manos del Dáesh debe ser una llamada de atención para los exportadores de armas de todo el mundo», ha dicho Patrick Wilcken.

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