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Isla caribeña de Mayreau: amenazada de dividirse en dos por la erosión

De niño, Filius Philman Ollivierre recuerda que en la isla de Mayreau, hace 40 años, había una franja de tierra de unos 21 metros de ancho, con el mar a ambos lados, que hacía que el resto de esa isla de San Vicente y las Granadinas, de poco menos de 40 kilómetros cuadrados, fuera una sola con la montaña Carbuit, informa Kenton X. Chance[1] (IPS) desde Kingston.

Del otro lado de la bahía de Windward Carenage Bay está la bahía de Salt Whistle, sobre el Caribe. La famosa playa atrae visitantes a Mayreau, que depende del turismo, fundamental para su economía. Crédito: Kenton X. Chance/IPS
Del otro lado de la bahía de Windward Carenage Bay está la bahía de Salt Whistle, sobre el Caribe. La famosa playa atrae visitantes a Mayreau, que depende del turismo, fundamental para su economía. Crédito: Kenton X. Chance/IPS

Pero tras años de erosión marina, él y otras trescientas personas se encuentran frente a la posibilidad de que el mar divida la isla en dos y destruya la famosa bahía de Salt Whistle .

En la parte más ancha, la porción de tierra que separa a las plácidas aguas del Caribe, en la bahía de Salt Whistle, del agitado océano Atlántico, en la bahía de Carenage, actualmente tiene unos seis metros.

“El nivel del mar sube debido al cambio climático. Está a la vista, y no es solo en esta área”, comentó Ollivierre en diálogo con IPS.

El pedazo de tierra cerca de la bahía de Salt Whistle supo tener un huerto de exuberantes árboles de uva de playa.

“La erosión del mar se llevó las raíces y con ellas, la planta ya no pudo sobrevivir y se secó”, explicó Ollivierre.

“En el lecho marino en la zona, no hay corales, solo musgo. No hay nada más”, acotó.

Si desaparece la tierra que queda entre las bahías, el número de islas, islotes y cayos de San Vicente y las Granadinas pasará de 32 a 33.

Pero podría ser devastador para la bahía de Salt Whistle, que la agencia de viajes canadiense Flight Network ubicó en el lugar dieciséis, entre las 1800 mejores playas del mundo, en noviembre de 2017.

Gran parte de la economía de Mayreau gira entorno a la venta de camisetas y ropa de playa a los turistas. Si la playa está en peligro, ya no resultarán tan atractivas, lo que impactará en su economía.

“Mi temor es que si se rompe el lado por el barlovento hacia el otro lado, podría erosionar toda el área. Todo es arena y no hay tanta separando ambos lados, por lo que tenemos que ser cuidadosos y tomar las medidas necesarias para evitar que eso ocurra”, indicó Ollivierre.

El operador de viajes Captain Wayne Halbich, quien organiza paseos en las islas de San Vicente y las Granadinas desde hace casi tres décadas, comparte la misma preocupación.

“Es un problema grave, eso es lo que siempre le digo a la gente”, comentó.

“Vemos señales concretas del recalentamiento global. También del hecho de que los corales se mueren, porque no pueden producir arena, y la que se pierde, no vuelve. Esa es la otra historia”, comentó.

Y a menos que se haga algo rápido, la llegada de un ciclón, ahora más intensos y frecuentes en el Caribe, podría ser lo peor que le pase a Mayreau.

“Si este año tenemos una tormenta, se separarán”, aseguró Halbick a IPS, al expresar su miedo a que Mayreau se separe y pierda su famosa bahía de Salt Whistle.

La situación de Mayreau fue objeto de debate en la asamblea nacional en la capital de San Vicente y las Granadinas, donde el legislador Terrance Ollivierre, preguntó al primer ministro Ralph Gonsalves qué se puede hacer con rapidez para remediar la situación.

Gonsalves comentó que numerosos expertos hicieron sugerencias técnicas como poner rápidamente piedras en la playa de Windward Carenage, como medida de mitigación.

“Pero se necesita mucho más que eso y será un proyecto mayor”, precisó, refiriéndose al trabajo que desarrolla con una empresa que podría tomar algunas medidas paliativas.

“Cuando hablamos de cambio climático y alguna gente lo niega, y muchos de nuestros propios habitantes se burlan, y cuando nuestro pueblo no está lo suficientemente alerta y no han respetado las uvas de playa ni el árbol de la muerte ni manglares ni cocoteros y ni siquiera la arena, pagamos por ello”, indicó.

El primer ministro dijo a los legisladores que algunas personas sugirieron no hacer nada en Mayreau y que el mar volverá a llevar la tierra siguiendo el curso natural de las cosas.

“No es un enfoque científico. Tenemos una dificultad y tratamos de ayudar”, acotó.

Uno de los legisladores que denunció la situación, comentó que alguna gente sugirió lo mismo para la playa Big Sand, en la isla Union, parte de las Granadinas. Y la población todavía espera que el mar devuelva la arena de la otrora famosa playa, que se redujo de unos quince metros a menos de tres.

Entre las personas que se movilizan por esa causa, se destaca Orisha Joseph y su organización Granadinas Sostenibles, desde hace un año dedicada a recuperar el mayor bosque de manglares y una laguna, en Ashton, en la isla Unión.

El trabajo creará brechas en áreas estratégicas de puertos deportivos para que el agua circule en el área, casi estancada en los últimos veinte años. En el marco del proyecto, la organización plantó 500 manglares en la isla Unión.

“Donde sea que tenga esos manglares, no habrá erosión porque las raíces ayudan filtrar el sedimento y romper la energía de las olas, como en 70 por ciento”, explicó Joseph.

“Entonces, hay una primera línea de defensa, las praderas submarinas, luego vienen los arrecifes de coral y, por último, los manglares. Para cuando se siente el impacto fuerte, hay muchas zonas de contención para  frenarlo”, añadió.

“A medida que avanzamos hacia la economía azul, necesitamos ver cómo las oenegés pueden trabajar con el gobierno y que todo el mundo sepa que no debemos estar en lados enfrentados”, indicó, al explicar que las autoridades deben insistir en que no se construya a menos de 40 metros de la costa.

“En el ambiente, todo está ahí por una razón particular y tenemos que tener cuidado”, añadió.

Por ejemplo, comentó que hay un viñedo que crece en la arena de algunas playas y la gente saca las plantas para tener más playa.

“Pero cuando sacan lo que permite que la arena se quede, entonces se genera un gran problema”, explicó Joseph.

“Tenemos el problema de que la gente corta los manglares solo porque quieren estar contra la playa, sin comprender que la vegetación está ahí por una razón”, insistió.

  1. Traducción: Verónica Firme
  2. Publicada inicialmente en IPS Noticias

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