Javier Sánchez Monge Escardo; los ojos de Filipinas

Javier va con su cámara colgada del cuello. Sus manos están vacías pero pretende contarle al mundo lo que otros no ven. Tiene el gesto impactado por haber vivido el sufrimiento de los niños que comen ratas en un basurero en Camboya. Sus ojos han visto la devastación y el hambre de un mundo que no parece afectarnos y ahora relata el horror de la Filipinas que no hemos visto.

En el primer mundo nos preguntamos siempre qué coche va a ser el siguiente, cuáles son los regalos que tenemos que hacer, cómo es posible que se nos vaya el día y alguna que otra tontería en donde nos cobijamos porque el nuestro es un lujo impagable. No nos interesa lo que nos cuentan porque supone que debemos pensar en el prójimo y tenemos poco tiempo y debemos disfrutar como nos han vendido. Javier disfruta dejando un legado en forma de imágenes; una historia que muchos nunca podrán contar, la del fotoperiodismo en la calle, viviendo con ellos año tras año.

Sánchez Monge es un fotoperiodista de raza que no tiene titulación en Periodismo. Es Licenciado en Filosofía y doctorando en esta disciplina actualmente, pero  al haberle caducado el carnet de prensa recientemente por haberse dedicado al trabajo voluntario en Camboya esto no le permite acreditarse este año en el World Press Photo. Javier hace nuestro su trabajo solamente por el espíritu que tiene como el resto de los colegas  que apuestan por dar la información a la sociedad y hacerla próxima con sus fotos. En las imágenes se puede ver lo que muchos otros colegas no hacen; no porque sean peores, sino porque no viven allí. Javier está con ellos desde hace años. Vive entre ellos y sabe describir las sonrisas y la paz que algunas veces tienen estas personas que nacieron como los demás pero que nunca conocieron un mundo mejor.

javier

Hablamos de Camboya pero ahora Javier se ha trasladado a Filipinas. En las informaciones sabemos mucho de Messi cada semana pero nos hemos olvidado de las personas que perdieron todo.

“He visto cientos de muertos, entierros en masa, rescate de cadaveres en tierra y mar, un bebe aplastado en los escombros, gente llorando en los hospitales, cientos de muertos flotando en el mar, escuelas e iglesias devastadas, la gente vagando como zombies luchando por tener agua, un niño morir tras una resurrección cardíaca, conflictos armados…He  visitado cárceles en que la mayoria se habian dado a la fuga, y también, también he visto sonrisas. Gente que desde una pila de escombros ponia la ropa de sus hijos a secar aun sabiendo que estaban muertos, gente que procedia al desescombro de la calle o reconocer a un vecino fallecido en un pasaporte recien encontrado, gente que habia salido a pescar y volvia con un pez que asaba en una hoguera hecha con los libros destrozados de una biblioteca, un hijo abrazado a un padre herido que habia perdido al resto de su familia, gente llorando en una iglesia sin techo y sobre la que llovia mojandose el altar y las figuras religiosas…” 

Todos ellos, los supervivientes tendrán que buscar un significado, una razón para seguir en este mundo, y la hay, aunque solo sea la de vivir en honor a esa vida que les regalaron sus padres, aunque sólo sea para dar testimonio del cambio, de la magia que puede desarrollar el ser humano con su cerebro y esa propiedad de reinterpretacion llamada resiliencia la capacidad de reinventarse y seguir adelante.” decía en un correo electrónico.

Javier no tiene un Pulitzer, no trabaja para una gran empresa, no puede acceder al World Press Photo porque no tiene un papel que lo acredita.Es fotoperiodista y no tiene nada salvo su cámara. Su acreditación pasa por su valentía; por exponer su vida y vivir desde hace más de una década sin ser corresponsal de nadie; solamente de sí mismo. El fotoperiodismo le debe un hueco y un reconocimiento y me gustaría que compartierais conmigo. Sin nada se puede hacer algo cuando uno quiere y la suya es tan impresionante que las palabras sobran. Como fotoperiodista que fui, le dedico un espacio con el permiso de mi editor, en donde reconozco su grandiosa labor, su tenacidad, su fuerza de voluntad, su capacidad por apostar por los que menos tienen y por seguir relatando con imágenes que la vida no empieza ni acaba el día que sucede una tragedia; la tragedia persiste y el mundo entero da la espalda a los que mueren; quizá porque mirar estas imágenes les haga reconsiderar que sus miserias, nada tienen que ver con la verdad. Quizá si hubiera sido de la generación de Meneses ahora tendría varios premios en su estantería. Esta época no permite eso; solamente acreditarse y un periodista lo es siempre, trabaje o no, tenga título o no, porque uno nace, no se hace.

Esta es la verdad de un pueblo devastado. Javier, ¡gracias y sigue!  No te lo reconocen los grandes pero sí los lectores de este medio que es grande porque da voz a las personas que tienen mucho que decir como tú.

¡Enhorabuena por tu trabajo!

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español / Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la Infancia y la Tercera Edad / Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland) / Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro EL CEREBRO RELIGIOSO junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Neurociencia https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.comContacto Periodistas en Español: [email protected]

2 Comentarios

  1. Gracias por tu generosidad al escribir este artículo, Ana. Lo he compartido para ayudar el trabajo magnífico de Javier a “correr” por el mundo.

  2. Estupendo Ana.

    Gracias por compartilo y tenernos informados sobre Javier. Es un tio grande y su trabajo deh¡ja huella siempre.

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