Coincidiendo con el bicentenario de la muerte de Josephine Bonaparte, emperadora y esposa de Napoleón, se celebran actualmente dos exposiciones en París y en Rueil Malmaison que recogen los centros de interés de esta mujer de poder que marcó su época, pasiones que van del arte, la moda y la decoración a los jardines y la botánica.

Paralelamente del 2 de abril al 30 de junio en el Museo Nacional de los castillos de Malmaison y Bois Preau, en las cercanías de París, abrirá sus puertas la exposición “Josephine, su pasión por las flores y los pajaros” dedicada al tema de los jardines y de la botánica, otra faceta en las conocidas aficiones de la que fue emperadora de Francia y reina de Italia.
La exposición del Palacio de Luxemburgo traza de manera cronológica la tumultuosa vida de Josephine, desde su nacimiento a la revolución, de su boda -por interés- con Bonaparte, hasta su divorcio y su muerte, todo ello relatado a través de los objetos de arte y decoración que ella coleccionó. Un recorrido puntuado con algunas frases extraidas de la correspondencia privada que mantenía con sus hijos.

La elegante y muy cortejada viuda se casó en 1796 con Napoleón Bonaparte cuando este era ya comandante en jefe del ejército francés en Italia, modificando su nombre y apellido por el de Josephine Bonaparte. Tras el golpe de estado del 18 brumario en 1979, Napoléón se convierte en Primer consul, antes de proclamar el Imperio en 1804, con su coronación en la catedral de Notre Dame de Paris, y su coronación ulterior en Italia en 1805.

Los jardines del parque de Malmaison, las colecciones de arte, con 450 cuadros de pintura antigua y moderna, numerosas esculturas de marmol blanco, el mobiliario estilo imperio, cerámicas y servicios de mesa, joyas y piedras preciosas, o su lujoso vestuario que marca la moda de la época, constituyen hoy el legado artístico de esta efimera emperadora, 1804-1809, quien falleció en 1814.
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De relieve la escultura “Eros y Psique, de pie», procedente de l’Hermitage, o el retrato de Josephine por Auguste Garnerey, y “Rosas y tulipanes” por Pierre Joseph Redouté, acurelas ambas que vienen de sendas colecciónes privadas. Si visitan París aprovechen también para pasearse por los jardines de Luxemburgo, allegados al Senado y al Museo de Luxemburgo, en donde han sido plantados árboles procedentes de América, China o Japón, similares a los que Josephine Bonaparte hizo plantar en el parque de Malmaison, dibujado por el arquitecto Berthault.
Si les interesan los jardines, las flores y la botánica, a partir del 2 de abril, la exposición de Rueil Malmaison es así mismo un buen complemento de la que presenta actualmente el parisino Museo de Luxemburgo, más centrada en las obras de arte y el mobiliario.




Me alegro por este artículo que ilustra y aporta algo de justicia histórica para Josefina, personaje eclipsado por la avasalladora figura de Napoleón.
Para la historia de Chile, Josefina está presente en el nombre científico de su flor nacional, el copihue rojo (enredadera nativa que también tiene una variedad blanca).
En marzo de 1794, los botánicos españoles Hipólito Ruiz y José Pavón (cuyos trabajos eran patrocinados por Josefina), en excursiones por las márgenes del río Bío-Bío, en las cercanías de Concepción (Chile), colectaron unas hermosas plantas enredaderas; pusieron a secar especímenes para conservarlos y llevarlos a España.
Se trataba del descubrimiento de una nueva especie, a la que le dieron un nombre dedicado a la esposa del emperador Napoleón, Josefina Tascher Beauharnais de la Pagiere. La denominación científica del copihue quedó así: Lapageria rosea Ruiz et Pavón.