“La aventura impresionista” de Darío de Regoyos en el Thyssen

Cien años después de su muerte, Darío de Regoyos está teniendo un reconocimiento en España largamente merecido. La aventura impresionista, exposición retrospectiva producida por el Museo de Bellas Artes de Bilbao en octubre de 2013, y que hasta el primero de junio de 2014 podrá verse en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid.

Regoyos-Autorretrato-1880Después continuará su itinerancia hasta el Museo Carmen Thyssen de Málaga. Un recorrido de norte a sur, que pone a disposición de los españoles la obra de un gran pintor, escasamente reconocido en España por los círculos oficiales.

Tras una temprana formación en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde tuvo como maestro paisajista a Carlos de Haes, a los veintidós años se trasladó a Bruselas, animado por sus amigos los músicos Isaac Albéniz y Enrique Fernández Arbós. Allí tuvo como maestro a Joseph Quinaux, de quien aprendió a pintar “siguiendo a la naturaleza como modelo, a captar sus vibraciones y a ser libre en la selección de los temas a pintar”.  Participa de la fundación del grupo Les XX, que se distingue por su antiacademicismo, junto a otros artistas como James Ensor, Auguste Rodin, Felicien Rops, Paul Signac, Camille Pissarro, Georges Seurat y el norteamericano James McNeill Whistler y de la creación de la revista L’Art Moderne, portavoz del grupo desde 1883. En Bélgica se formó en el dibujo de la figura humana y como grabador. Pronto convergen en su pintura los dos temas: paisaje y figuras, humanas y animales. El paisaje para investigar sobre el color y el tratamiento de la luz, en distintos escenarios y estaciones del año, desde los cálidos amarillos y ocres de un día de verano a los grises y húmedos  paisajes otoñales o los efectos de la luz artificial en paisajes nocturnos. La presencia humana, como testimonio de lo que acontece en la vida real que tiene ante sus ojos.

Darío de Regoyos fue un viajero incansable. Viajes por Marruecos para captar otros paisajes, colores y costumbres. Viajes intermitentes a España, regreso a Bélgica y Holanda, estancias en Francia e Italia, siempre para enriquecerse con nuevos motivos pictóricos. En 1888 viaja por España en compañía de su amigo el poeta Émile Verhaeren. De este viaje saldrá un trabajo de colaboración entre ambos para la revista L’Art Moderne y el libro España Negra, con 34 grabados de su mano que reflejan a la España profunda con una mentalidad cercana a la generación del 98. El libro servirá de inspiración más tarde a Solana y Zuloaga.

Regoyos-Plaza-Segovia

A lo largo de su obra, desde los primeros tiempos en la capital belga, su evolución hacia la corriente impresionista predominante en Europa es constante. Movimiento al que da nombre un cuadro de Monet, Impresión, sol naciente, presente en la exposición del Thyssen. El impresionismo buscaba nuevas  formas de expresión, alternativas al academicismo. A finales de siglo De Regoyos se sentirá atraído por el postimpresionista puntillismo, que introducirá en España a partir de 1895, año en que se casa y se establece en el País Vasco, donde se relaciona con Manuel Losada, Adolfo Guiard, Francisco Iturrino, Pablo Uranga, Ignacio Zuloaga, Paco Durrio y Aurelio Arteta. Allí encontró los paisajes que deseaba pintar. Pintó con colores puros y técnica puntillista composiciones de sobria geometría, en las que representó la geografía y las costumbres populares vascas. De aquella época destacaron Fiesta en la plaza, (1890); El paseo de Alderdi Eder (1894) y Peñas del Duranguesado. Paisajes castellanos de fuertes contrastes luminosos como Plaza de Lerma, (Bilbao, Museo de Bellas Artes) alternaron con dibujos expresionistas que continuó haciendo para La España Negra. En 1910 se trasladó a Barcelona, donde residió hasta su muerte en 1913. Sus amigos belgas le dedicaron una exposición tras su fallecimiento; en España su obra no recibió atención oficial (exceptuando una medalla en la Exposición Nacional de 1908 por su obra La procesión de los capuchinos negros), pero sí el aprecio de los artistas innovadores.

Darío de Regoyos no prendió lo suficientemente en los círculos artísticos españoles. Y es que según el comisario de la exposición Darío de Regoyos, 1857-1913. La aventura impresionista, Juan San Nicolás, De Regoyos no era un amante del pasilleo, de cultivar los contactos entre las instituciones y los órganos decisorios del arte. “Al contrario que Sorolla, que sabía venderse muy bien, el aspecto comercial le importaba a él un bledo”. Pagó cara esta despreocupación por el aspecto comercial de su tarea. Nacido en una familia adinerada de San Sebastián, siendo probablemente el más conspicuo representante del impresionismo en España, terminó malviviendo, pintando obras alimenticias, puros encargos.

Regoyos-Redes

De ahí que la obra del pintor nacido en Asturias sea aún injustamente desconocida. “Todavía hoy no está bien representado en los museos”, dice Juan San Nicolás. “Pagó caro estar al margen de los círculos oficiales y de la aceptación del público”, afirma Javier Barón, jefe del Departamento de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado, quien también argumenta el pobre reconocimiento del corpus creativo del asturiano en el contexto: “Vivió en una bisagra temporal, en los años entre el fin del tradicional XIX y el comienzo de la explosión del XX, por lo que se perdió entre las olas de la indefinición”.

De lo anterior da idea el hecho de que su única exposición monográfica fuera inaugurada en 1908 en las Galerías del Fayans Catalá de Barcelona y en el Salón Witcomb de Buenos Aires. Sí participó en exposiciones colectivas, en las que se propugnaba la libertad en el arte. Expuso en Francia, en los Indépendants de París y en las Galerías Durand-Ruel; en Bélgica, Alemania, Holanda, Italia, Reino Unido, México y Argentina. En España expuso en Madrid, Barcelona, Bilbao y San Sebastián. En las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes fue relegado frecuentemente a la denominada Sala del Crimen por impresionista. Su fallecimiento cuando iba a cumplir los 57 años le impidió ver cómo su esfuerzo por vencer el dominio del academicismo, finalmente, era comprendido. Ocho años después de su muerte recibió un homenaje póstumo en las salas de la Biblioteca Nacional en Madrid.

En Europa su pintura fue apreciada y valorada mucho antes que en su propio país, donde sus obras eran relegadas a los lugares más apartados y menos afortunados en todas las exposiciones oficiales a las que se presentó. Sus ventas aquí también fueron escasas y, cuando se producían, el precio siempre era inferior al del resto de artistas presentes en la misma muestra. En definitiva, cuando todo el ambiente reinante le empujaba a adaptarse al mercado oficial, él decidió seguir su propio camino estético y luchar por la renovación en el arte. Una senda nueva que abrió las puertas a futuras generaciones de artistas.

La exposición en el Thyssen

El primer bloque expositivo discurre por la etapa inicial de Regoyos, marcada por el descubrimiento de la pintura de paisajes y sus primeros viajes. Ya en esta etapa inicial manifestó el interés por los efectos lumínicos, nocturnos incluídos, que mantendrá a lo largo de toda su carrera. En Plaza en Segovia, 1882, refleja una ciudad castellana bajo la potente luz del sol. Los fenómenos atmosféricos aparecen en experimentos con la pincelada y el color, como en Viento sur (Salida de misa con siroco) (1885).

Regoyos-Durango-1907

Continúa con las obras dedicadas a la España negra, entre ellas su excelente serie de grabados. Realizó sus primeros aguafuertes en 1887 y después trabajó también la litografía. Una de sus series más conocidas es el álbum de quince litografías País Vasco (1897), de las que aquí se exponen once, que regaló a pintores amigos y a algunos de los artistas españoles más importantes de su época, como Joaquín Sorolla o Santiago Rusiñol. El pintor dedicó numerosos óleos y obras sobre papel a este mismo tema, que hasta comienzos de siglo alternó con los paisajes impresionistas. Noche de Difuntos (1886), fragmentado en tres cuadros aquí reunidos, Víctimas de la fiesta (1894) y Viernes Santo en Castilla de 1904 son, con su crudo simbolismo, obras paradigmáticas de este momento.

Sigue el bloque dedicado a las experiencias puntillista e impresionista. Esta última es el hilo conductor de toda la muestra. Desde 1887 Regoyos se interesó por el puntillismo, o divisionismo, tras conocer en París y Bruselas sus primeras formulaciones de la mano de Georges Seurat, Paul Signac y Camille Pissarro. Las redes (1893) es una obra maestra de este periodo, que fue breve debido a que esta nueva técnica le impedía pintar al aire libre. Después, emplearía ocasionalmente, aunque de manera parcial, el característico toque puntillista para conseguir nuevas texturas y matices de luz en sus paisajes. Prefería trabajar bajo la luz fina del Cantábrico, Toros en Pasajes, (1898), El baño en Rentería (1900) o La salida de la fábrica ,(1901) aunque pintó también en otras latitudes más meridionales, como en Salida del sol en Granada (1911) o Almendros en flor (c. 1905), captada en Castellón, son buenos ejemplos de estos años de plenitud.

Regoyos-Viernes-Santo

El paisaje le permitió investigar sobre la luz y sus efectos fugaces y sobre el color. Las salidas y puestas de sol, los días nublados, la luz crepuscular y los nocturnos, los vendavales y aguaceros fueron sus temas preferidos. Obras como Aguacero. Bahía de Santoña (1900), Luz eléctrica, (1901), El Urumea (1904) o La Concha, nocturno (c. 1906) evidencian el interés por reflejar distintos fenómenos relacionados con la luz –el arco iris, la luz diurna o nocturna, de gas o eléctrica, la nieve…–, que alcanza su máxima expresión en la representación de un mismo motivo en dos momentos distintos del día: Plaza de Burgos por la mañana y Plaza de Burgos al atardecer, ambas pintadas en 1906. El humo y el movimiento de los barcos y trenes, propios de la vida moderna, también aparecen a menudo en su obra, tal y como refleja en la estampa bilbaína El puente de El Arenal, fechada en 1910.

Regoyos-Puente-Arenal

Termina con diversa documentación original de varias procedencias, cartas, fotografías, libros y catálogos que contribuyen a establecer la semblanza profesional y personal de Darío de Regoyos. Los retratos que le hicieron sus amigos, como Guitarrista. Retrato del pintor español Darío de Regoyos, pintado por Théo van Rysselberghe en 1882, nos acercan al lado más humano del artista que mejor representó al movimiento impresionista en la pintura española. Documentos que ponen al día aspectos poco conocidos de su personalidad, sus relaciones profesionales y su perfil biográfico.

Regoyos-GranadaLa exposición, comisariada por Juan San Nicolás, máximo experto en la pintura de Regollos, está producida por el Museo de Bellas Artes de Bilbao con la colaboración del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y el Museo Carmen Thyssen de Málaga, a donde viajará posteriormente una versión algo más reducida. Los tres museos han contribuido con piezas destacadas de sus respectivas colecciones, a las que se han sumado otras instituciones relevantes, como los Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, el Musée d’Orsay de París, el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, entre otros, así como numerosas colecciones particulares.

Catálogo

El catálogo reúne cerca de 140 obras entre óleos, pasteles, acuarelas, dibujos y grabados, que permiten conocer las formas de expresión, los intereses y la evolución estética del artista. Presenta, además, cinco ensayos que ayudan a contextualizar la obra y biografía del pintor, su recepción crítica y aspectos de su estilo como la especial atención que dedicó al paisaje o su faceta como grabador.

El comisario de la exposición, Juan San Nicolás, firma los ensayos: Darío de Regoyos: claves de su obra y su biografía, Regoyos en Bélgica y Francia y Regoyos grabador; Javier Barón, Jefe del Departamento de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado escribe acerca de La recepción crítica de Darío de Regoyos en la España de su tiempo; por su parte, Mercè Doñate, hasta este año conservadora de Arte Moderno en el Museu Nacional d’Art de Catalunya publica Regoyos, el pintor que enseñó a mirar el paisaje.

Ficha de la Exposición:

  • Título: Darío de Regoyos (1857-1913)
  • Organiza: Museo de Bellas Artes de Bilbao con la colaboración del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y Museo Carmen Thyssen de Málaga
  • Sedes y fechas: Bilbao, Museo de Bellas Artes de Bilbao, del 7 de octubre de 2013 al 26 de enero de 2014; Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, del 18 de febrero al 1 de junio de 2014; Málaga, Museo Carmen Thyssen, del 26 de junio al 12 de octubre de 2014.
  • Comisario: Juan San Nicolás.
  • Coordinación general: Leticia de Cos, Museo Thyssen-Bornemisza.
  • Número de obras en Madrid: 100
  • Publicaciones: Catálogo con textos de Juan San Nicolás, Javier Barón y Mercè Doñate. app de la  exposición para tabletas y smartphones, en español e inglés.

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Algunas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida. Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, master en Psicología del Deporte por la UAM, diplomada en Empresas y Actividades Turísticas, conocedora de la Filosofía Védica. Responsable de Comunicación y Medios en Madrid de la ONG Internacional con base en India, Abrazando al Mundo. Miembro de la British Association of Freelance Writers. Certificada en Diseño de Permacultura. Trainer de Dragon Dreaming, metodología holística para el crecimiento personal, grupal y comunitario en el amor a la Tierra. Colaboradora en Periodistas-es y en las revistas Natural, Verdemente, The Ecologist para España y América Latina. Profesora de inglés avanzado.

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