La dinámica electoral de la Unión Popular da buenos resultados de cara a las presidenciales de abril en Francia

La campaña electoral de la Unión Popular y de su candidato Jean Luc Melenchon ha progresado y marcado nuevos puntos en las últimas semanas con la adhesión de numerosas personalidades venidas de organizaciones no gubernamentales como Attac, alter mundialistas, sindicalistas, diputados o alcaldes comunistas, economistas, ecologistas de izquierdas, intelectuales y artistas, o personalidades del mundo asociativo.

En noviembre de 2020 Jean Luc Melenchon se declaró candidato a la presidencia de Francia; en diciembre de 2021 lanzó su estrategia de la Unión Popular, abierta a otras corrientes fuera de Francia insumisa, pero sobre la base de un programa de izquierdas en ruptura con el neoliberalismo: «L’avenir en común» (El futuro en común).

Mientras, en la Asamblea Nacional sus diputados se destacan en su firme oposición a las medidas liberticidas del presidente Emmanuel Macron y de su mayoría parlamentaria.

La candidatura minoritaria de Fabien Roussel (secretario general del Partido Comunista), quien en 2017 apoyó a Melenchon, se está revelando un total fracaso, abandonado por buena parte de los militantes comunistas que luchan por una victoria de la izquierda. Dirigentes y militantes comunistas, como sindicalistas de la CGT, están adhiriendo cada vez mas a la estrategia de la Unión Popular.

La campaña de la derecha y la extrema derecha francesa para calumniar y atacar personalmente a Melenchon por su «carácter autoritario», amplificada por los perros guardianes del sistema en la prensa francesa está fracasando frente a la estrategia de la Unión Popular centrada en un programa político con cerca de quinientas medidas de ruptura con el neoliberalismo francés y europeo tan en boga.

Los que desde la corte presidencial acusan a Melenchon por su personalidad «clivante» (que divide), están bien servidos con un presidente Macron que busca enfrentar a los franceses unos contra otros, con sus medidas liberticidas, discriminatorias y antidemocráticas.

Melenchon se presenta como el que será, si es elegido, ultimo presidente de la quinta república, para abolir «la monarquía presidencial» y dar paso a una sexta república parlamentaria, mediante una asamblea constituyente.

Dirigente carismático de «Francia insumisa», Melenchon ha abierto su programa a las ideas venidas de otros horizontes, como la ecología política o el alter mundialismo y ha ocupado en el panorama político francés el lugar de la verdadera izquierda parlamentaria.

Su intensa campaña militante sobre el terreno y en las redes sociales, su presencia en los medios informativos y sobre todo a través de internet, el éxito de los mítines de París, Rennes, Lyon, Nantes, o Estrasburgo, a través de todo el país, están probando que Melenchon y la Unión Popular son la única candidatura capaz de crear esperanza para todo aquel que desee en las urnas una ruptura política de izquierdas frente al neoliberalismo de derechas o de extrema derecha.

Lo escribí en crónicas anteriores y lo reitero hoy, Melenchon tomó la buena decisión estratégica al presentar el 8 de noviembre de 2020 su candidatura ocupando así el terreno político desertado por aquellos que se decían de izquierdas (el partido socialista francés) y que practicaban una política de derechas. La «Ley trabajo» que busca desmantelar el derecho laboral en Francia fue iniciada por Francois Hollande y sirvió de trampolín al derechista Emmanuel Macron para llegar a la presidencia con sus interminables medidas liberticidas y neoliberales.

En consecuencia, Melenchon se ha impuesto con su lucida estrategia como el candidato natural de la izquierda francesa, ahí donde fracasaron todas las negociaciones de los aparatos políticos entre los que preconizan una elección «primaria de izquierdas», pero incluyendo en esa designación a personalidades que han abandonado desde hace tiempo toda política de izquierdas.

La campaña por una elección primaria de los candidatos de izquierdas, se ha transformado en una farsa dirigida a impedir el progreso de la Unión Popular. «Primaire de la gauche, populaire de rien» (Primaria de izquierdas, popular de nada), el articulo que publica esta semana el semanario satírico Le Canard Enchainé ilustra bien las confusas intenciones de sus principales organizadores.

Un objetivo aparece cada vez más claro en esa «primaria» reclamar la unión de la izquierda con palabras y programas vacíos, tratando de hundir a Melenchon y su programa de ruptura «L’avenir en común».

La mas reciente candidatura de esa primaria de ilustres y minoritarios desconocidos ha sido la de la ex ministro de justicia en el gobierno de Francois Hollande, Cristiane Taubira, (quien tiene en su haber la reputación de haber ayudado con su candidatura (PRG partido radical de izquierda) a la derrota histórica del socialista Lionel Jospin en 2002).

El PRG que no es ni siguiera socialista, ha sido siempre un apéndice de apoyo a los socialistas en periodo electoral. Tras su dimisión en 2016 de su ministerio, Taubira había desparecido prácticamente del panorama político. En 2017 apoyó la candidatura de Benoit Hamon (PS) que contribuyó a restar votos a Jean Luc Melenchon, quien logró sin embargo siete millones de votos en la primera vuelta (15 por ciento) a solo tres puntos de distancia del ganador Emmanuel Macron.

Las maniobras de división para impedir la candidatura de la Unión Popular están fracasando unas tras otras. Primero porque tanto el PS con Anne Hidalgo como el movimiento ecologista versión Yannick Jadot no representan una política de izquierdas, y ambos se han negado a participar en esa elección primaria.

En segundo lugar, porque ante la traición de la socialdemocracia y atomización de la izquierda, el único movimiento que contaba con fuerza militante y parlamentaria para crear esa dinámica de izquierdas era Francia insumisa.

El numero de abstencionistas será determinante pues en los resultados de la próxima elección presidencial. Una abstención importante puede hacer ganar a un candidato u otro, pero si la abstención es muy fuerte la legitimidad del presidente electo será evidentemente cuestionada.

Dadas las reglas del absurdo sistema presidencialista francés mediante sufragio universal en dos vueltas, cualquier candidato que obtenga cerca de 18 por ciento de votos en la primera ronda, puede llegar a crear una dinámica de segunda vuelta.

Insisto: No será nada fácil, pero todo es posible en abril próximo, la esperanza también. Sea como sea, las  únicas batallas perdidas son aquellas que nunca se libraron.

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Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en Paris de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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