La esclavitud moderna afecta a cincuenta millones de personas

Casi cincuenta millones de personas vivían en esclavitud moderna al cierre de 2021, de las cuales 27,6 millones hacían trabajos forzosos y 22 millones estaban atrapadas en matrimonios forzados, de acuerdo con un informe publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), informa la IPS.

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Esclavitud moderna o trabajo esclavo © Marcel Crozet / OIT

Al dar cuenta del incremento del número de personas en esa situación, el director general de la OIT, Guy Ryder, dijo que «es escandaloso que la situación de la esclavitud moderna no mejore. Nada puede justificar la persistencia de este abuso fundamental de los derechos humanos».

En los últimos cinco años el número de personas en situación de esclavitud moderna aumentó en diez millones, el problema atraviesa líneas étnicas, culturales y religiosas, y las mujeres, los niños y los migrantes siguen siendo especialmente vulnerables.

El problema existe en casi todos los países del mundo, y más de la mitad (52 por ciento) de todos los trabajos forzosos y una cuarta parte de los matrimonios forzados están en países de renta media-alta o alta, según el informe «Estimaciones mundiales sobre la esclavitud moderna – Trabajo forzoso y matrimonio forzoso» de la OIT.

La región de Asia y el Pacífico exhibe más de la mitad del total mundial (15,1 millones de personas), seguida de Europa y Asia Central (4,1 millones), África (3,8 millones), América (3,6 millones) y los Estados árabes (0,9 millones).

Las mujeres y las niñas representan 11,8 millones del total de personas en situación de trabajo forzoso. Más de 3,3 millones de los niños en esa situación no están escolarizados.

La mayoría de los casos de trabajo forzoso (86 por ciento) se dan en el sector privado, y en sectores distintos de la explotación sexual comercial representa 63 por ciento del total.

Mientras, la explotación sexual comercial forzosa representa 23 por ciento de todo el trabajo forzoso y casi cuatro de cada cinco personas sometidas a explotación sexual comercial forzada son mujeres o niñas.

El trabajo forzoso impuesto por el Estado alcanza a 14 por ciento de las personas sometidas a esa situación.

Los cinco sectores que concentran la mayor parte del trabajo forzoso de adultos (87 por ciento) son los servicios (excluido el trabajo doméstico), la industria manufacturera, la construcción, la agricultura (excluida la pesca) y el trabajo doméstico.

Las mujeres en situación de trabajo forzoso tienen muchas más probabilidades que sus homólogos masculinos de hacer trabajos domésticos, mientras que los hombres en esa situación es mucho más probable que trabajen en el sector de la construcción.

Las mujeres tienen más probabilidades de ser coaccionadas mediante la retención del salario y el abuso de la vulnerabilidad, y los hombres mediante amenazas de violencia y sanciones.

El estudio también estimó que veintidós millones de personas vivían en un matrimonio forzado en 2021, un aumento de 6,6 millones en relación con las cifras de 2016.

La verdadera incidencia de los matrimonios forzados, en particular los que involucran a niñas de dieciséis años o menos, es probablemente mucho mayor de lo que las estimaciones actuales pueden captar, las cuales se basan en una definición estrecha y no incluyen todos los matrimonios infantiles.

Los matrimonios infantiles se consideran forzados porque el menor no puede dar legalmente su consentimiento para casarse. La abrumadora mayoría de los matrimonios forzados (más de 85 por ciento) fue impulsada por la presión familiar.

El matrimonio forzado está estrechamente vinculado a actitudes y prácticas patriarcales muy arraigadas y depende en gran medida del contexto.

Aunque dos tercios (65 por ciento) de los matrimonios forzados se dan en Asia y el Pacífico, si se tiene en cuenta el tamaño de la población regional la prevalencia es mayor en los Estados árabes, con 4,8 personas de cada mil en esa situación.

Los trabajadores migrantes tienen tres veces más probabilidades de hacer trabajos forzados que los trabajadores adultos no migrantes, y son especialmente vulnerables al trabajo forzoso y a la trata de personas, ya sea por la migración irregular o por las prácticas de contratación injustas y poco éticas.

António Vitorino, director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) dijo que el informe «subraya la urgencia de garantizar que toda la migración sea segura, ordenada y regular».

«La reducción de la vulnerabilidad de los migrantes al trabajo forzoso y a la trata de personas depende, en primer lugar, de marcos políticos y jurídicos nacionales que respeten, protejan y hagan realidad los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los migrantes», expresó Vitorino.

Entre las recomendaciones del informe están mejorar y hacer cumplir las leyes y las inspecciones de trabajo; poner fin al trabajo forzoso impuesto por el Estado; reforzar las medidas para combatir el trabajo forzoso y la trata de personas en las empresas y las cadenas de suministro, y ampliar la protección social.

Asimismo, elevar la edad legal para contraer matrimonio a dieciocho años sin excepción, abordar el mayor riesgo de trata y trabajo forzoso para los migrantes, promover la contratación justa y ética, y mayor apoyo a las mujeres, niñas y personas vulnerables.

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