La gaviota, de Anton Chéjov, en Réplika teatro

El programa de sala reza así: “La Gaviota de Anton Chéjov es como un sueño del que no se puede despertar.

cartel-la-gaviota_Kike-de-la-RubiaLos momentos de consciencia emiten la señal de que existe otra vida, otra realidad. Es una obra sobre el tiempo que se escapa, y donde, en palabras de uno de sus protagonistas, uno tiene la sensación de quedarse siempre atrás. La vejez convive con la juventud. La vejez que desea a la juventud y la juventud que no quiere hacerse vieja. Las ambiciones y los sueños incumplidos, la fama, el amor, los deseos, las huidas y la muerte marcan la acción de esta obra”.

No se puede decir mejor ni con palabras más justas, pues, en efecto, la obra adquiere durante el montaje toda su dimensión de sueño. Yo, sin embargo, añadiría que, vistos desde fuera, los personajes de Chéjov están todos locos. O bien, como han dicho ya otros, forman parte de una broma. Unos locos que, cada uno con su tema, vienen todos a hablar de lo mismo y sueltan unas verdades que dejan sin aliento. Y lo que alientan en ti es la risa, he ahí la broma. Porque son unas verdades que te hacen retroceder en el tiempo (con todo lo que eso tiene de tragedia personal) para captarlas en toda su esencia y por otra parte, al mismo tiempo, te hacen reír porque tú a diario te las tienes que tragar para seguir viviendo: El tiempo, la muerte, la necesidad de mirar atrás para tomar perspectiva…

Y es bueno oírlas decir en voz alta aunque ya las rechaces de puro sabidas, porque es como si interactuaran contigo en carne viva al conectar con tus anhelos de felicidad, con tus miedos a la miseria y a la muerte, con tus deseos de revancha por el tiempo perdido. Y porque la felicidad, que era esto: Que no te duela nada y no te falte el sustento cotidiano. ¿Por qué entonces si la vida era esto alguien sembró en ti la semilla (o el veneno) de otra cosa? Es para partirse de risa.

De todo eso trata La gaviota que acabo de ver en Réplika Teatro y que efectivamente el montaje se encarga de poner en evidencia. Con una mínima estructura que se mueve a voluntad, dejan ver las infinitas posibilidades de algo que se cierra y se abre, que se aleja y se cierne sobre el individuo hasta aplastarlo, y hacen que los cuatro muebles decimonónicos diseminados por la estancia de una finca rural venida a menos encierren momentos de encuentro gozoso y de desolación irreversible. Con un mínimo juego de luces se crea la ilusión del paso de tiempo, subrayado, además, por frases la cónicas que no dejan lugar a dudas: Kostia tiene celos. Y todos callan, han entendido, mientras tú: ¿De quién?, ¿cómo?, ¿es que ha pasado algo aquí sin enterarme yo?

La acción siempre se adelanta a nuestro ritmo hasta pillarnos desprevenidos rumiando lo anterior, aunque ya nos sepamos el argumento. He ahí el secreto del buen teatro, que no desluce porque ya nos lo sepamos, al contrario, es la ocasión de descubrir la magia de cada palabra, su poder sugeridor, y ver que no sobra ni una.

Con lo que no escatiman en Réplika Teatro en absoluto es con el vestuario, y una de dos: O ellos son unos modelos que todo les sienta bien, o visten de alta costura. Excepto el desesperado Kostia y el maestro, todos miman su atuendo con ropas caras y tejidos ricos de buena caída. Otro contraste brillante con el espíritu de todos ellos, que desbarra al borde de la extinción.

Con la “La Gaviota” de A. Chéjov, Réplika Teatro inicia un ciclo de estrenos de grandes obras teatrales en torno al tema del “retorno”. Retorno al lugar, retorno al pasado, retorno a la casa familiar. “La gaviota” como el símbolo de un sueño teatral de sus protagonistas, Konstantin y Nina, de cambiar el mundo a través del teatro y su fracaso personal al descubrir que no basta el talento y la persecución de la fama o de las nuevas formas teatrales, sino que, para poder realizar los sueños, es más bien necesario crear bases firmes de estudio e infraestructuras propias para ello. Réplika Teatro desde sus inicios ha apostado por la estabilidad de su compañía, forjando sus proyectos con el mismo equipo de actores y colaboradores, creando, así mismo, un público fiel y estable.

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Autor: Anton Chéjov
Versión y dirección: Jaroslaw Bielski
Traducción: Jorge Saura y Bibicharifa Jakimziánova
Diseño del cartel: Kike de la Rubia
Ayudante de dirección: Mikolaj Bielski
Compañía: Réplika Teatro
Reparto: Socorro Anadón, Jaroslaw Bielski, Manuel Tiedra, Raúl Chacón, Rebeca Vecino, Daniel Ghersi, Beatriz Grimaldos
Espacio: Rélika Teatro (C/ Justo Dorado Dellmans, 8)
Fecha: 9 de noviembre En cartel hasta el 1 de diciembre

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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