Llegó marzo 2026 y el mundo no se compone.
En México, este lunes 2 llegó a su morada final el ataúd dorado con los restos de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, abatido por el Ejército en Tapalpa el pasado 22 de febrero; lo que detonó actos violentos en veintitrés estados del país.
Pero como estamos locos, tuvo velorio y entierro de prócer; lo recibieron con banda en el panteón de Zapopan y el Ejército custodió las dos carrozas blancas con decenas de arreglos florales, que encabezaron el cortejo.
Y Donald Trump, el criminal convicto que dice ser el presidente de la paz y aspira al Premio Nobel bombardeando y amenazando, ha puesto de nuevo en vilo al mundo y metido a su país en una guerra, para apoyar a otro corrupto criminal como es Benjamín Natanyahu.
El pretexto, impedir que Irán pueda tener armas nucleares y salvar a los iraníes del miserable ayatola Ali Jamenei; quien, junto con otros de su calaña, resulto muerto en el primer bombardeo de este 28 de febrero.
Los que tenemos muchos años, sabemos que ninguna intervención extranjera es por pura piedad de la desgracia ajena, sino por ambición personal y para hacerse de los recursos naturales; en este caso, petróleo.
Y la Historia muestra que nunca una intervención ha servido para cambiar un régimen y muchas veces, el nuevo gobernante resulta peor y los invasores deben quedarse años pendientes de lo que ocurre.
Hasta hace poco la ONU ejercía algún control, pero ha servido poco en los últimos años con ejemplares como Trump, quien en 2024 en su última campaña a la presidencia prometió a los votantes que pondría fin a las guerras y no que las empezaría, como está haciendo.
Como Netanyahu, quien no quiere que haya paz porque sería juzgado por los varios casos de corrupción que tiene pendientes.
Como Vladímir Putin, quien juega al voy derecho y no me quito en su guerra contra Ucrania.
No por nada, esos tres tienen cada día menos aprobación en sus países.
Ante la gravedad de la situación que ha provocado Trump a sus aliados del Medio Oriente, el Comité Editorial del New York Times fijó su postura en un artículo de este 28 de febrero.
Empieza por explicar, que el presidente ha ordenado ataques militares en siete países «y su apetito de intervención militar crece a medida que lo alimenta».
Y no ha dado razones ni pedido permiso al Congreso estadounidense, al que la Constitución otorga la facultad exclusiva de declarar una guerra, para lanzarse contra la República Islámica de Irán.
En lugar de consultar al Congreso, publicó un video a las 2.30 de la madrugada del sábado ya iniciados los bombardeos, diciendo que Irán presentaba «amenazas inminentes» y derrocaría su gobierno.
«Su razonamiento es dudoso y presentar sus argumentos por video y de madrugada, es inaceptable», califica NYT, que agrega que los bombardeos a Irán son imprudentes y con objetivos mal definidos y violatorios del derecho nacional e internacional.
El régimen iraní, sostiene, no merece ninguna consideración.
Desde hace 47 años ha generado miseria; encarcelado y ejecutado miles de disidentes y manifestantes; oprimido mujeres y minorías religiosas; financiado el terrorismo y la muerte de civiles; desafiado reiteradamente a inspectores internacionales. y sus dirigentes se han enriquecido por la corrupción.
Y por todo eso, recuerda, los presidentes estadounidenses de ambos partidos se han comprometido a impedir que Teherán consiga una bomba nuclear, lo que podría justificar una acción militar.
Pero, advierte, aunque Trump dice que está cerca de tenerla «no se ha ganado la confianza para que se le crea, porque miente constantemente; trata a sus aliados con desdén y no ha cumplido sus promesas de resolver otras crisis en Ucrania, Gaza y Venezuela».
Añade que ha despedido a altos mandos militares por oponerse a sus caprichos políticos y violado el derecho internacional, entre otras cosas, camuflando un avión militar como avión civil y disparando a dos marineros indefensos que sobrevivieron al ataque a una lancha que supuestamente llevaba droga.
Y que Trump debió haber tenido valor, para anunciar que iba a atacar Irán en su discurso del Estado de la Unión del martes pasado y dar explicaciones sobre los riesgos, pero no lo hizo.
Advierte que «afortunadamente», algunos miembros del Congreso han reconocido la irresponsabilidad presidencial y están tomando medidas para contrarrestarla.
El congresista demócrata por California Ro Khanna, y su colega republicano Thomas Massie de Kentucky, han propuesto una resolución para impedir que Trump inicie una guerra sin la aprobación del Congreso y exigen la retirada de los soldados estadounidenses en un plazo de sesenta días.
Y los senadores Tim Kaine, demócrata por Virginia y Rand Paul, republicano por Kentucky, patrocinan una medida similar en el Senado para limitar al presidente.
Lamentando que Trump no trate la guerra «como el grave asunto que es», el Comité Editorial del NYT concluye deseando seguridad a los soldados encargados de la operación en Irán y bienestar a los millones de iraníes que llevan demasiado tiempo sufriendo bajo un brutal gobierno.



