La odisea de los inmigrantes de Tadla

Las primeras oleadas de inmigrantes de la región de Tadla, en el centro de Marruecos, empezaron en los años 80, con un intenso movimiento de los habitantes de las zonas rurales hacia las ciudades costeras del Norte, como Tánger, Tetúan y Nador. Son precisamente los puntos de embarque hacia la orilla norte del estrecho de Gibraltar. Beni Mellal, capital de la región, y Fquih Bensalah, rica zona agrícola, son las ciudades más afectadas por la salida masiva de sus jóvenes en busca de nuevas oportunidades de trabajo fuera de sus lugares de residencia habitual.

Marruecos:  Kasba Tadla
Marruecos: Kasba Tadla

Fue primero un fuerte éxodo rural hacia las grandes ciudades que se traducía por una  inmigración interna provocada por la escasez de lluvias y las sucesivas perdidas de cosechas. Más tarde, se abrieron  los canales de la inmigración hacia Europa. Este fenómeno de inmigración forzosa se explica por el deseo de muchos jóvenes agricultores y pastores de mejorar su calidad de vida. En algunos casos, se quedan atrapados en un círculo vicioso de pobreza por su exclusión del mercado de trabajado en las ciudades costeras que se caracterizan por un gran potencial industrial y actividades pesqueras, o en los laberintos de la burocracia en los países de acogida en Europa para regularizar su situación.

La teoría neo-marxista nos puede ayudar a explicar el origen de las migraciones, que suceden en los países periféricos (Marruecos) hacia los países del centro (Europa) tomando como punto de partida el sentido de centro-periferia. En el largo plazo, se crea una relación en contra de los países subdesarrollados, traduciéndose en que los países periféricos entran en une dinámica de productividad y tasas de ahorro más bajas que las de los países del centro, y hacía que fuera imposible para ellos retener los beneficios de aquellos aumentos de productividad que pudieran tener. Con esta premisa, en un contexto de globalización se crean mercados segmentados donde el inmigrante en su país de origen difícilmente podría alcanzar niveles de consumo y de renta parecidos a si estuviera en Europa. Es lo que empuja al inmigrante de Tadla a salir de su región y arriesgar la vida en las dos últimas décadas.

Dada la circunstancia de que Marruecos conoce múltiples tipos de migraciones, muchos de entre ellos optaron por la migración externa. Los numerosos factores de atracción del mercado europeo (español e italiano sobre todo) han sido determinantes en la toma de esta decisión. Marruecos, que es a la vez un país de origen, de tránsito, de acogida, de inmigración voluntaria y forzosa, y de la migración internacional en la orilla sur del mediterráneo, firmó múltiples convenios en materia de mano de obra con los países europeos. La proximidad geográfica del viejo continente y el bajo coste de transporte  entre las dos orillas del Estrecho de Gibraltar facilitan un masivo flujo migratorio externo. La existencia de redes migratorias, constituidas sobre todo de familiares en numerosos países con una fuerte presencia de colectivos marroquíes, ofrece además la posibilidad de empezar con buen pie en el país de acogida. El sueño de los inmigrantes de Tadla, como el de todos los que emigran voluntaria o forzosamente, es conseguir un empleo estable, un nivel de consumo adecuado y mejorar su situación económica y la de su familia. Para evitar caer en la marginalización y la exclusión laboral, eligen la vía más fácil para alcanzar los mercados de atracción de mano de obra de baja cualificación, como España e Italia, que todavía no aplicaban en los años 90 y 2000 una política de inmigración selectiva.

La globalización laboral ha sido un factor determinante para estos inmigrantes sin formación profesional específica, de asomarse a unas actividades con escasa mano de obra por la baja natalidad y el envejecimiento de la población de estos dos países.  La agricultura, la construcción y la venta ambulante son los nichos que ofrecen las mejores oportunidades para sobrevivir. Adquirir una formación añadida en perspectiva de volver a su país para desarrollar una actividad propia es el objetivo inicial.

Este tipo de inmigración económica  se traduce, en Marruecos, en términos de capital humano y de recursos económicos de manera que las remesas de los Trabajadores Marroquíes en el Extranjero (RME)  contribuyen ampliamente en la mejora de la economía familiar y la del país en general. En Tadla, la aportación de estas remesas ha sido positiva en cuanto a la activación del mercado inmobiliario, de contra-venta de los coches de segunda mano, del comercio y la inversión en las actividades agrícolas y de ocio.

Los primeros inmigrantes originarios de esta región, que emigraron antes de la aplicación del acuerdo sobre la supresión progresiva de los controles de fronteras comunes el 14 de junio de 1985 (Acuerdo de Schengen), forman actualmente una inmigración legal que disfruta de los mismos derechos que los autóctonos. Muchos de ellos han accedido ahora a la nacionalidad de los países de acogida.

A mediados de los años 90, surgió en la misma región una inmigración clandestina de jóvenes que intentaban desplazarse a Europa en penosas e irregulares condiciones asumiendo el riesgo de atravesar el Estrecho de Gibraltar. Muchos de ellos se quedaron en el camino, otros, engañados, consiguieron alcanzar la otra orilla pero sin perspectiva clara de regularizar su situación de sin papeles. Serán perseguidos por un arsenal jurídico que castiga la inmigración ilegal, y excluidos del mercado de trabajo legal por falta de papeles en regla. Es cierto que la segunda generación de los inmigrantes de Tadla, toma la realidad de los salarios en su país en comparación con los de sus paisanos asentados en Europa desde décadas como el único factor de atracción.

Tomando como referencia el éxito en el plan material de la primera generación de sus paisanos en Europa, el objetivo primordial de emigrar se justifica por la mejora de su situación económica. Atendiéndonos a la teoría neoclásica, el beneficio a cosechar superaría con creces los costes del viaje. En este contexto, el definitivo regreso al país de origen no sería todavía contemplado. Aunque se trata de una inmigración voluntaria, no han tomado aún conciencia de la evolución del mercado de trabajo y de las políticas migratorias en Europa donde el exceso de mano de obra ha tenido un efecto expulsión. Por el hecho de que forman parte de los flujos irregulares, sería muy delicado para esta categoría de inmigrantes aspirar a una estancia legal. Las drásticas medidas de control y la persecución de los sin papeles demuestran que los flujos migratorios irregulares pueden convertirse para el colectivo de Tadla en una fuente de tensión, de una parte, dentro del país de acogida, y de preocupación en su país de origen.

Relato de inmigrante clandestino de Tadla, a principios de los años 90:

“Soy de una familia de agricultores. Nací en un douar (pueblo) cerca de Beni Mellal. Viví con mis padres hasta la edad de 25 años y a causa de la sequía y las malas cosechas, tuve que emigrar. Me dediqué durante años a la venta ambulante. Por gente de mi pueblo me enteré de que había personas que por dinero pasaban a la gente a España, sin necesidad de papeles. Ahorré cuanto pude y me fui a Tánger. Contacté con un “harague” (candidato a la inmigración irregular) y le di 6.000 dirhams. Concertamos una cita en el café Al Marsa pero no vino. Ya no le volví a ver. Volví a Beni Mellal. Cuando hice algo de dinero regresé de nuevo a Tánger y allí conocí a un tal Rachid “el Cojo”, a quién le conté mi historia. El también era un “harague”. Me pidió que le buscase gente y a mí me pasaría gratis. Le encontré 15 personas que me dieron cada uno 3.000 dirhams. Nos llevó a un bosque cerca de Tetuán… Pero solo pasó a 12. Mis compañeros creían que yo me había quedado el dinero. Busqué a Rachid “el Cojo” y me enteré que se había escondido en Ceuta. Estaba buscando a alguien que pasase a mis tres compañeros, cuando en un bar al lado de la estación de Tánger, encontré a tres campesinos de Beni Mellal. Hablando con ellos me confesaron que querían pasar a España. Entonces se acercó un tal Mohamed Ejlifa, que entró en la conversación. Le conté mi caso y el de los tres compañeros que habían dado 6.000 dirhams a Rachid “el Cojo”. Mohamed Ejlifa nos dijo que estaba dispuesto a pasarnos a todos, pero que teníamos que ser 9 personas más. Hice contactos en mi pueblo y finalmente reunimos ese número de gente. Yo recogí el dinero de todos, un total de 50.000 dirhams, que es el que habéis encontrado en el coche”. (Moreno Torregrosa & El Gheryb en Dormir al raso).

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Periodista, doctor en sociología y ciencias de la comunicación de la universidad Complutense de Madrid. Corresponsal en España desde 1987, es licenciado en periodismo, investigador en ciencias sociales, opinión pública y cultura política. Publicaciones: “Marruecos-España: Heridas sin cicatrizar”, un estudio sobre la imagen de Marruecos y sus instituciones en la opinión pública española en momentos de crisis; “Sin ellas no se mueve el mundo”, un trabajo de terreno sobre la condición de las empleadas de hogar inmigrantes en España; “La mujer marroquí en la Comunidad autónoma de Madrid: convivencia y participación social”.

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