Con este título tan francés y tan dieciochesco, se alude a la vocación absoluta por la belleza que produjo obras y figuras incomparables que, desde la corte de Luis XV en Versalles, irradiaron al mundo durante el llamado siglo de las luces.
(Luego vendría la revolución francesa y este nombre «siglo de las luces» adquiriría unos matices irónicos y crueles, de ajuste de cuentas: véase la novela homónima del cubano Alejo Carpentier, pero mientras tanto… bebamos, bebamos).
Estamos en 1713. Entre este año y 1730, François Couperin compone sus cuatro «Libros de piezas de clavecín», que era entonces el instrumento rey, sólo hay que oír sus sonidos evocadores de paraísos soñados para empezar a danzar por los salones. Era un ambiente galante y sensual, con un gusto por la ensoñación y la melancolía que presagiaba el Romanticismo. Un ambiente en el que, sin embargo, podemos situar a Montesquieu con sus Cartas persas, tan críticas con la situación política y social de Francia, y los cuadros de Wateau, tan llenos de escenas campestres e idílicas por una parte, y de claroscuros tenebrosos y figuras penitentes atormentadas, por la otra, como la Madalena arrepentida. En efecto, una de las piezas al clave se titula Madeleine, y es por algo.
En esta función teatral se venera la música, el ambiente y las personalidades que produjeron esos logros. A través de la música de François Couperin y de la evocación de su figura, se ofrece al espectador la posibilidad de participar del sutil mundo estético y sentimental de la corte parisina de comienzos del siglo XVIII.
Hay una figura femenina sentada al clave que interpreta en directo las piezas que el músico le señala, figura femenina que es también trasunto de la marquesa a la que amó y que lo tuvo en su corte particular. El instrumento que toca fue construido por Rafael Marijuán en Torrelaguna el año 2008 y está inspirado en Blanchet/Taskin de la escuela parisina primer cuarto del siglo XVIII.
¿El teatro se convierte así en sala de música o más bien es la sala de música la que se convierte en teatro?
El actor Rafa Núñez mima con su gesto cada sonido, dirige la pieza con sus manos, danza impulsado por la pasión y los recuerdos amorosos, bendice la memoria de quien le inspiró tales afectos, sus ojos brillan como los del fauno bueno que aún desearía ser. Durante el escaso tiempo de apenas una hora, uno se siente envuelto, arropado y seducido por ese mundo tan amenazado que despectivamente se dio en llamar rococó.
Y uno puede pensar en quien quiera porque es dueño y libre: en Voltaire y Catalina la Grande, que lo tuvo invitado en su corte de Rusia para recrear en ella este ambiente parisino de sabiduría y brillo inspirador: en Rousseau, escribiendo El buen salvaje y más tarde El contrato social.
- Título: Les graces incomparables.
- Compañía: KuamUm.
- Clave: Marta Luz Huélamo.
- Actor: Rafa Núñez.
- Teatro Lagrada.
- Fecha: 10 de enero de 2014.
- En cartel hasta el 12 de enero.