Western argelino a la manera de Albert Camus

1954. En pleno invierno glacial una escuela perdida entre la montaña y el desierto argelino, y en plena lucha del pueblo argelino por su independencia, a punto de comenzar la “guerra de Argelia”, el maestro Daru (Viggo Mortensen) –que fue militar y luchó con los franceses en la Segunda Guerra mundial- enseña a un grupo de niños argelinos a leer y escribir, así como la historia de su país, que entonces era Francia, cuando llega una patrulla policial que confía al maestro la misión de llevar al campesino Mohammed (Reda Kateb) acusado del asesinato de su primo, hasta la localidad de Tinguit, donde le juzgarán; encargo al que no puede negarse, no le dan opción.
Los dos hombres parten juntos en un viaje a pie por las montañas del Atlas –los áridos y desérticos paisajes de la película son, sin lugar a dudas, un tercer e importante protagonista- y su peripecia a través del desierto esquivando obstáculos y perseguidos por grupos de rebeldes independentistas, campesinos que reclaman la aplicación de la ley de la sangre y colonos revanchistas, se rebelan juntos, deciden que la suya es la misma batalla y que van a luchar juntos por la libertad, y convierten el relato en un auténtico western africano (con sus armas, sus vivacs, sus pueblos abandonados, sus emboscadas…) que es “un relato de amistad, honor y supervivencia” entre dos hombres, que en principio no tienen nada en común y a los que aparentemente todo opone, de gran intensidad dramática y psicológica.
Avalada por importantes premios conseguidos en los festivales de Vanecia, Bucarest, Tribeca, Rotterdam, Toronto y Londres, «Lejos de los hombres» es una historia iniciática. El viaje que realizan los dos hombres, desde la escuela perdida en la naturaleza hasta el cruce donde sus caminos se separan, tiene una réplica en el interior de ambos, en ese viaje espiritual que acaba acercando al intelectual humanista y ateo y al musulmán crédulo. “Socios y nunca competidores, el dúo magnético Mortensen / Kateb consigue el tono pudoroso que exigía una película rigurosa, tanto en el guión como en la puesta en escena”.



