Libros contra el olvido (2): la larga investigación sobre el asesinato de Sophie Toscan du Plantier

Desde hace más de dos décadas y media, un drama sin resolver cruza el recuerdo de varios países y atraviesa tres fronteras europeas. El día anterior a la Nochebuena de 1996 fue brutalmente asesinada Sophie Toscan du Plantier en Toormore, una pequeña localidad rural aislada del condado de Cork (en Irlanda).

Sophie Toscan du Plantier

Su cadáver fue encontrado muy cerca de una casa de su propiedad, adonde se retiraba de vez en cuando. Tenía entonces 39 años. Anteriormente, había tenido el apellido de su familia paterna, Bouniol.

Para las opiniones públicas de Francia e Irlanda, su asesinato es de los que han marcado en profundidad la dura memoria de los crímenes machistas de las últimas décadas.

Sophie era un personaje reconocido en los mejores salones parisinos. A su funeral en Francia, asistieron el entonces ministro de Cultura, Philippe Douste-Blazy, el escritor Bernard-Henri Lévy, el director de cine Maurice Pialat, varias actrices, entre ellas Isabelle Huppert, la cantante de ópera Barbara Hendricks.

Estuvo casada con Daniel Toscan du Plantier, quien fue un nombre importante para el mundo del cine en Francia por haber sido director general de la histórica Gaumont y también de Unifrance, institución dedicada a la promoción exterior de la cinematografía francesa.

Sophie fue una mujer brillante, productora de televisión, bella, natural de París. « Dura y frágil a la vez », según la describió alguien cercano. Tuvo un hijo, Pierre-Louis Baudey-Vignaud, de un matrimonio anterior, que sigue reivindicando justicia, como el resto de su familia.

Antes de su asesinato, en su periódico retiro irlandés Sophie preparaba dos proyectos del programa Soirée Thématique-Themenabend que emite la cadena francoalemana Arte y que –en buena medida- se reemite los sábados por la noche como La Noche Temática en La2 de TVE. Es una emisión que tiene el sello de calidad de lo más selecto de la radiotelevisión pública europea.

Si Sophie Bouniol (o Toscan du Plantier) hubiera seguido con vida, ya habría cumplido sesenta y cinco años. No podemos saber en cuantas noches temáticas más habría trabajado.

Libro contra la impunidad

Por mediación de un amigo de Irlanda, un colega inglés, Nick Foster, natural de Liverpool, periodista de investigación, que ha escrito para medios como los diarios International New York Times, Financial Times, The Times y The Independent, me envió su intenso libro sobre esa historia trágica, después de trabajar sobre ella varios años. Aunque el original se haya escrito en inglés, Nick me envió la versión en francés de su texto. Es la que leí hace ya algunos meses.

En 2021, Nick Foster publicó su investigación sobre el asesinato de Sophie con el título original de Murder at Roaringwater. Es el resultado de su mirada detallada hacia un  caso que sigue despertando el interés de una parte de la opinión pública de varios países occidentales. La investigación de Nick resulta periodísticamente inapelable, aunque no baste para cambiar la retorcida historia policial y jurídica del caso.

Algunos indicios sugerieron desde el principio que el asesino conocía a su víctima, que no debía vivir muy lejos y que era una persona muy fuerte. El bloque de hormigón que el asesino utilizó para golpear repetidamente a Sophie pesaba 25 kilos.

Un problema que se demostrará decisivo en la investigación policial consiguiente: las pruebas de ADN no eran tan corrientes como en la actualidad y los policías locales que llegaron primero al lugar donde yacía la víctima –con la cabeza aplastada– no tenían ninguna formación sobre la posible utilidad de esa moderna herramienta de la policía científica.

En 1997, hacia el mes de febrero, Foster describe su choque al enterarse de «un crimen inusual cometido en una región aislada del sur de Irlanda, que ocupaba mucho espacio en los titulares de los medios franceses. Un inglés corpulento, de gran envergadura, melenudo, acababa de ser detenido por el asesinato de una joven francesa. El culpable había utilizado una gran violencia, golpeandole con una piedra antes de aplastarle el cráneo con un bloque de hormigón. La agresión había tenido lugar en medio de la noche, a pocos metros de la casa de la víctima. No había testigos. Al poco, fue liberado. El inglés recibió a los periodistas a la puerta de su modesta casa de campo diciéndose inocente».

Aquel detenido se llamaba (se llama) Ian Bailey y tiene la misma edad que hubiera tenido hoy la mujer asesinada. Trabajaba en diversas chapuzas, se decía y se dice poeta y jardinero a tiempo parcial. Fue corresponsal de pueblo y periodista pagado a la pieza.

Vivía con una mujer a la que maltrató en varias ocasiones y fue detenido por hacerlo, aunque tras esos episodios ambos siguieran juntos.

Poco después de las 14.20 de la mañana, a las pocas horas del asesinato de Sophie Toscan du Plantier, Bailey se dejó ver en la escena del crimen. Se identificó como corresponsal local del Irish Examiner. Firmó crónicas sobre el asesinato también para el Sunday Tribune (Irlanda).

No vivía lejos de la víctima. Desde entonces surgió una duda, ¿se conocían? Varios restos apuntaban a que Sophie se defendió. Bailey tenía al día siguiente del suceso varios arañazos (que atribuyó a las zarzas y a su trabajo de jardinero). Además, una pequeña herida en una sien.

Un periodista del New Yorker lo describiría con el tiempo como «un individuo violento, narcisista e imprevisible». Su pareja de la época habló de sus reacciones coléricas, aunque en otros momentos pareciera más sociable y cercano.

Encuentros con Ian Bailey

En 2014, Nick Foster decidió viajar a Irlanda para recoger la versión del (¿presunto?) autor de aquel crimen. Fue cuando Ian Bailey –soberbio en el fondo, modesto a veces en las formas– se atrevió a demandar al Estado de Irlanda por haber sido detenido varias veces y por algunas grabaciones e iniciativas policiales relativas a su persona. Según un diario irlandés, en otra ocasión también amenazó a Netflix por el uso de una entrevista que le habían hecho para un documental.

Algunos repiten otros adjetivos sobre Bailey: un fracasado en todos los trabajos que llevó a cabo en su vida, en realidad también un hábil manipulador. En varias conversaciones, entre otros con la colega de un diario con quien colaboró, también ante un adolescente que viajó con él en su coche, con compañeros de cervezas en un pub, confesó ser el autor del asesinato; pero siempre logró maniobrar después para desmentirlo sin que llegara a despejar todas las dudas.

Extradición rechazada

De algún modo, las autoridades judiciales de la República de Irlanda lo han salvado de la justicia francesa negando tres veces la posibilidad de su condena y rechazando la orden europea de extradición enviada desde París a Dublín.

Nick Foster utilizó varias veces las enormes ansias de fama del siniestro personaje para almorzar con él, recorrer la zona juntos y entrevistar varias veces al tipo, que sin embargo ha podido escapar hasta ahora de la justicia. Tanto en Irlanda como en Francia; a pesar de haber sido ya condenado sin su comparecencia ante los jueces de ese último país.

En 2019, la Cour d’Assises, el Tribunal Penal de París, lo condenó in absentia a una pena de 25 años de cárcel. Un año después, el juez Paul Burns, del Tribunal Supremo de Irlanda (Ireland’s High Court) rechazó la posibilidad de extraditar a Bailey. Sucedió el 12 de octubre de 2020, seguramente en lo que puede ser el definitivo y último capítulo judicial del caso.

Semanas más tarde, Nick Foster hizo una última llamada a Ian Bailey, en diciembre de 2020. Tras un breve intercambio en el que se mantuvo la cortesía mutua, Nick le habló directamente sobre «la noche en la que mataste a Sophie» [sic] y añadió rápido los indicios evidentes que apuntaban a su conocimiento personal de la víctima.

Área donde sucedió el trágico final de Sophie Toscan du Plantier. A la derecha, puede verse su mansión, cercana a la casa de Ian Bailey.

El (presunto) culpable colgó el teléfono. No lo había hecho antes nunca con el periodista, a quien llegó a tratar como si lo creyera su aliado.

En agosto de 2021, durante una visita oficial a Dublín, el presidente Emmanuel Macron dijo que el caso podría no haber terminado. Sugirió que aún podía ser posible un nuevo juicio en Francia, con la presencia del presunto culpable.

Durante más de un cuarto de siglo, la línea quebrada que recorre el caso que relaciona a Ian Bailey con el final cruel de Sophie Toscan du Plantier ha despertado el interés de numerosos medios de comunicación, no sólo en Francia e Irlanda, sino también en el Reino Unido y en Estados Unidos. Se han escrito centenares de artículos y reportajes. Existen varios documentales en los que el ego de Bailey le impulsó a participar en ellos. En ese amplio muestrario periodístico, el libro de Nick Foster es un ejemplo de excelente periodismo de investigación que se echa de menos en España, donde lo que llamaron en el pasado periodismo de sucesos no tiene buena prensa. Con frecuencia, por motivos evidentes.

30 años después de los crímenes de Alcàsser

Quizá tiene que ver con el predominio del tratamiento informativo amarillo que predomina en ese capítulo, desde casos socialmente muy impactantes como el de las niñas de Alcàsser, del que el 13 de noviembre de 2022 se cumplieron treinta años.

Con ocasión de aquellos crímenes aún no calificados entonces (!) de machistas, la telebasura ya se apoderó en aquel tiempo del alma de demasiada gente. Una cierta fascinación morbosa se impuso a la repulsión que debería despertar la misoginia más violenta.

Por eso, cuando hace ya meses leí la investigación exhaustiva de Nick Foster, pensé que en España el periodismo serio perdió hace tiempo –entre otras áreas- la batalla y el terreno informativo de esa vieja especialidad del oficio.  Lo pensé en mayo, en Santander, al salir de un local, el Club de Tenis, en el que decenas de periodistas almorzábamos tras un congreso.

Hacía poco que un amigo había visto en mi casa el libro de Nick Foster y, tras ojearlo, me comentó algunas similitudes con el asesinato de la abogada madrileña María Natividad Garayo, asesinada en Santander en julio de 2002, cuando tenía 44 años.

Imagen de María Natividad Garayo Orbe.

Sucedió tras salir ella –antes de las tres de la madrugada- de una fiesta relacionada con una boda que se celebró precisamente en el Club de Tenis de Santander. Sufrió decenas de puñaladas, pero no hubo rastro de robo, ni de agresión sexual. Su cadáver apareció decenas de metros más allá de donde salió la víctima hacia el Paseo de la Reina Victoria, muy cercano al Palacio de la Magdalena.

En pleno verano, se trata de un paseo concurrido que circunda las playas santanderinas y los numerosísimos locales del entorno. Pero esa noche no hubo nadie que lo viera, ni aparecieron indicios directos de nada que pudiera llevar a la detención de un culpable.

« El crimen de Reina Victoria reluce como paradigma del misterio. No hay testigos, ni pistas, ni rastros. No hay nada. Absolutamente nada. Sólo una mujer reventada a cuchilladas y la sensación frustrante, de que el autor de esta salvajada sólo será castigado si algún día alguien, que todavía no ha hablado, se decide a hacerlo », escribió Nacho González Ucelay, periodista de El Diario Montañés (artículo del 16 de marzo de 2008).

Durante la misma semana en la que yo pensaba en los parecidos y diferencias entre los asesinatos de Sophie Toscan du Plantier y de María Natividad Garayo, tuvo lugar otro doble crimen que nos causó el mismo nivel de espanto: el de las hermanas Arooj y Aneesa Abbas (21 y 24 años, respectivamente), residentes en la localidad catalana de Terrasa (Tarrasa). Ambas viajaron engañadas a Pakistán donde sus parientes las asesinaron por haber pedido el divorcio de unos primos con quienes las habían obligado tiempo atrás a contraer matrimonio.

Hace unas dos semanas, tras dos detenciones por maltrato a su última pareja, fue detenido de nuevo Jesús Pradales, quien se ha confesado autor del asesinato de Juana Canal (38 años entonces), veinte años más tarde. Otro asesinato machista que ha permanecido impune desde que aconteciera en 2003. Hace apenas cuatro años, por casualidad, un senderista encontró los restos de Juana en un bosque abulense. Los escabrosos detalles del crimen han sido descritos estos días, por fortuna con mayor sobriedad periodística que la que tuvimos que soportar durante los momentos más señalados del caso Alcàsser.

Un poema inquietante o el relato del horror

Varios artículos han comparado el texto de Nick Foster con Cold blood (A sangre fría), la obra de Truman Capote. En cualquier caso, es un ejemplo de cómo la literatura y el periodismo sobre sucesos terribles y crímenes machistas horribles puede hacerse con estilo y rigor, en profundidad. Siempre de manera sensible y contra el olvido.

Murder at Roaringwater (traducido en francés como Elle s’appelait Sophie) es un libro apasionante y meticuloso que nos adentra tanto en el horror como en los resquicios del Derecho, por donde escapan –casi enigmáticamente- algunos tipos que asesinan a las mujeres por serlo.

Debe ser considerado también un libro contra la impunidad.

Lugar en el que se encontró el cadáver de Sophie Toscan du Plantier.

Casualidad o no, el autor cita un elemento sorprendente. En la primera jornada de la investigación, la policía irlandesa encontró en la cocina de Sophie un libro abierto con un poema a la vista. Se trataba de A dream of death, del gran poeta irlandés William B. Yeats, donde éste no describe un asesinato aunque sí evoca la muerte solitaria de una mujer hermosa.

Yeats escribió un verso que dice: « Near no accustomed hand ». Sin una mano amiga que le fuera cercana. Y más sorprendentemente describe el mismo tipo de agresión contra el rostro de la víctima.

Asimismo, hay una manera muy similar del modo en el que unos vecinos de aquella zona rural de Irlanda encontraron el cadáver « and left her to the indifferent stars above ». Bajo un cielo estrellado en el que las estrellas eran indiferentes.

Nick Foster considera ese libro abierto de Yeats como una simple coincidencia, más que como otro indicio del crimen. En todo caso, su propio libro (Murder at Roaringwater) se convierte en un argumento más contra la impunidad del asesino, sea quien sea.

Al lector, le queda la duda de si el poema de Yeats pudo ser el último mensaje de Sophie hacia el exterior, una llamada de socorro.

En junio de 2022, se hizo público que un equipo especial de la policía irlandesa (Garda Serious Crime Review Team) reemprendía la investigación sobre el caso aún abierto de Sophie Toscan du Plantier.

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Periodista. Fue colaborador del diario Hoy (Extremadura, España) en 1975/76. Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Doce años corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique" (2010-2022).

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