Locos por la Mezquita de Córdoba

La inmatriculación por parte de la Iglesia Católica de la Mezquita-Catedral de Córdoba,  o lo que es lo mismo, la formalización de su propiedad por parte del Cabildo Catedralicio ante el registro oficial correspondiente, al igual que ha hecho con miles de inmuebles en España, ha desatado una polémica que no deja de desviar la atención sobre la realidad del recinto, más incluso que la que se desarrolló alrededor de la denominación del monumento por parte de sus gestores (la Iglesia Católica), que del tradicional Mezquita-Catedral pasó a ser “Catedral, antigua Mezquita” para terminar en una “Catedral” a secas.

La Mezquita-Catedral de Córdoba en Google maps

Intencionada o no, la polémica y las diatribas que se han suscitado alrededor de ambas no dejan de significar el escaso nivel del debate, si es que, con reconocibles excepciones, se ha provocado alguno que merezca ser llamado como tal.

La discusión jurídica con las razones del Cabildo o de quienes están en contra de la adjudicación de la titularidad registral del monumento queda relegada ante las sobreactuaciones que se vienen desarrollando de una y otra parte, hasta límites que invitan a meditar si todo esto no es una cortina de humo para difuminar lo que en verdad hay de fondo alrededor de la Mezquita-Catedral cordobesa.

Desde la Iglesia, que ha llegado a inmatricular una plaza que siempre se ha tenido por pública en la ciudad,  y los que se posicionan frente a la ella contribuyen a la generación de controversias que dan mucho al bombo para hacer ruido, pero que no abordan cuestiones de fondo.

En los fuegos de artificios encontramos la medida provocación de IU, absolutamente legítima frente al sentido patrimonialista de un monumento que es Patrimonio de la Humanidad, declarado así por la UNESCO en 1986, al ir a reivindicar el rechazo a la inscripción en el mismo monumento y la no menos aireada respuesta eclesiástica.

Torre de la Catedral, construido sobre el alminar de la Mezquita (http://www.cordobaturismo.es/)

Mientras tanto, nadie, o casi nadie, trata quién controla la tributación de la taquilla (parece que nadie), el uso que se hace del monumento, la negativa a que se lleven a cabo los ritos musulmanes o el dinero público que se destina a su conservación.

No es desdeñable que se discuta sobre la idoneidad o no de la medida de inscribir la Mezquita-Catedral (se puede obviar su localización porque con su mera denominación tradicional se ubica en Córdoba) a nombre de la Iglesia Católica o el sentido que tiene la política del PP en esta línea, que es quien ha hecho viable jurídicamente la inscripción, pero centrarse en eso cuando desde el monumento, mucho más que un recinto religioso, se proyecta una ideología ultraconservadora y sectaria, entre otras vías a través del espectáculo para su visita nocturna “El alma de Córdoba”, merecería la atención de quienes se han lanzado a defender supuestamente una visión pública del monumento y que auspiciaron, algunos en las mismas siglas autodenominadas de izquierda y laicas, que este montaje se sufragase con dinero público.

Bosque de columnas en el interior de la Mezquita de Córdoba (http://www.cordobaturismo.es/)

Eso sí sería una mirada progresista, laica y práctica sobre la Mezquita-Catedral y no una postura populista e inocua que sólo beneficia a la Iglesia Católica, que sigue entendiendo el espectáculo de luz y sonido del monumento, el que se pagó con fondos públicos mientras que gobernaban el Ayuntamiento de Córdoba los mismos que ahora protestan en su Patio de los Naranjos, como “la esencia de su espiritualidad, la búsqueda de un diálogo y una devoción permanente con y por un Dios que ilumina al hombre y que desde el Crucero de la Catedral baña de luz y modela con inusitada belleza cada rincón del edificio”.

Hay quien ha perdido tanto el norte en este asunto que ha tenido que volver sobre sus pasos en apenas horas, probablemente empujado por la locura que rodea un monumento que significa mucho más que la falaz polémica con la que pretenden envolverlo unos y otros.

 

Álvaro Vega
Álvaro Vega (Córdoba, España, 1963) es periodista de la Agencia EFE, actualmente en excedencia por su pertenencia desde mayo de 2008 al Consejo de Administración de la Agencia Pública Empresarial de la Radio y Televisión de Andalucía (RTVA), que gestiona todos los soportes de Canal Sur, y forma parte de la junta directiva de la Sección Española de Reporteros Sin Fronteras (RSF) desde junio de 2011. Es autor de cinco libros, cuatro ensayos ("Palacio Portocarrero. Baluarte del Renacimiento en Palma del Río", "El pato que se hizo andaluz", "El papel de la prensa en Córdoba durante la II República" y "Provincializar no existe, pero funciona") y una una novela, "El letargo de Abudia". www.alvarovega.es

1 COMENTARIO

  1. En fin, que además de ser la más antigua y eficaz organización criminal que se conoce, la iglesia católica es también una eficacísima máquina de saqueo. A ver si se entera Francisco y nos devuelve a los españoles lo que es nuestro, ni de dios ni de César.

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