Los Aposentaos de Españistán

O sea, en España tras las elecciones del 20 de diciembre no hay un partido que pueda formar gobierno… sin currar. Pues que curren, si más simple no puede ser.

Marisa Babiano: primer encuentro entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, en julio de 2014
Marisa Babiano: primer encuentro entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, en julio de 2014

 

El problema es que los Aposentaos tienen que repartir carguetes en la tele, en el CGPJ, en las Delegaciones de Gobierno, aquí, allá, en las Secretarías Generales, en las Subsecretarías, Jefaturas de Negociado y hasta en los Estancos y Administraciones de Lotería. Pues va y resulta que ese tiempo, qué cosas, ya ha pasado.

Tras los dos mayores desastres electorales de PP y PSOE, uno habla de Gran Coalición y Lista más Votada y el otro de… bueno, sigo sin saber de qué habla el PSOE desde 2008. Si el PP supiera lo que hace –no lo sabe desde 2004- establecería un Plan de Trabajo para cuatro años, lo presentaría a los otros partidos y les propondría sumarse tras negociar con los interesados ministerios, presupuestos, objetivos y medios para cumplir en cuatro años ese Plan de Trabajo consensuado. Lamentablemente, el PP solamente sabe gobernar a golpes y collejas y pro domo sua, o sea barriendo pa’ casa.

Es muy significativo que Mérkel, la gran valedora de Rajoy, declare que no sabe a quién tiene que felicitar –lo que, de paso, tira por tierra la necia propuesta de la lista más votada- y eso es porque en los, como dice Rajoy, “países de nuestro entorno”, todos ellos parlamentaristas, no se le ocurre ni al que asó la manteca presentarse a unas elecciones sin un Proyecto pactado o negociado, así sea en sus líneas básicas, con otros partidos por si acaso no alcanzan mayoría absoluta. Vamos, que alguien debería decirle a Moragas que le diga al presidente en funciones que en Dinamarca desde 1910 ningún partido obtiene mayoría suficiente para formar gobierno en solitario y debe pactar. Y lo mejor es que cumplen lo pactado, que no es un reparto de Sillas Musicales sino un Plan de Trabajo para la legislatura.

Si fuéramos España y no Españistán, Rajoy y Sánchez habrían dimitido ambos en el minuto uno después de las 20:00 horas del 20D. Nada cambiaría puesto que ambos partidos –no personas, aquí no votamos personas- mantendrían los mismos escaños y las posibilidades de gobernar… cambiando los cabezas de cartel.

Lamentablemente, no parece que aún estemos preparados para gobernar a la europea, pactando un programa entre los partidos que aglutinen el número necesario de escaños para garantizar la formación de gobierno; aquí seguimos llenándonos la boca con Europa y modernidad pero el sistema y los que lo ejercen perviven anclados en el XIX: ahí están los resultados electorales en que algunos necesitan 450.000 votos para obtener un diputado y otros 9 veces menos, esto es, 50.000 votos por escaño.

El PP debe intentar formar gobierno –quién sabe, a lo mejor lo consigue- y si no puede, debe dejar que el PSOE –si quisiera y pudiera- lo intente. Y si tampoco lo consiguen los chicos que han quedado cuartos en Madrid, quintos en Barcelona y el País Vasco, pues tendremos que ir a elecciones anticipadas.

La sugerencia de una gran coalición PPSOE, ahora, es disparatada porque suena a “corre, corre, que nos quitan la mamandurria”, sobre todo cuando no fueron capaces de tal cuando se lo pedimos casi todos al inicio de esta legislatura lastrada, marcada y ahogada por una crisis brutal. De todas maneras, mucho ánimo en el Partido Susanista Andalusí Español y en el PP en proceso de ucedización.

No sé en qué parará este parlamento, seguro que hasta que no acabe la temporada de fumbor Rajoy no llamará a nadie –o los guasapeará porque a Iglesias ni siquiera se le ha puesto al teléfono; ya veremos si lo perdona como a Sánchez y le vuelve a dirigir la palabra- y tiene que intentar formar la mesa del congreso antes que nada, cosa que tampoco parece fácil: nadie quiere perder su puesto en el Candy Crash Parlamento.

En conclusión, podría haber gobierno y legislatura si nuestros dos Old Parties tuvieran la más mínima altura política, pero son apandadores, sanguijuelas del sistema, paniaguados que creen que se han ganado el derecho vitalicio a esquilmarnos la pasta y/o la paciencia, y el statu quo inmovilista y cobarde en el que reptan les viene muy bien a ambos.

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Analista político y económico. Mis armas son las palabras y mi razón mis convicciones. Me gustan los números y la economía a la que, sorprendentemente, hasta entiendo. Sé que hay otros caminos para nadar las aguas negras de la vida y que el que nos imponen -comer basura, tragar inquina y vaciarnos los bolsillos- es el resultado de mezclar ineptos gobernantes con espabilados banqueros. Soy filólogo, soy letraherido y he vivido en Suiza, en Inglaterra y en Colombia. En España he vivido en Barcelona, en Madrid, en San Sebastián y en Cádiz y mi alma y mi carácter son castellanos: seco y claro, aunque con un sentido del humor ácido y las más de las veces corrosivo cuya primera víctima soy yo y la segunda la realidad estrambótica que me rodea. Mi ley es la opinión y prefiero construir a destruir, sumar a restar, el ruido al silencio, la furia a la calma del camarón dormido en la corriente. Amo nuestro siglo de Oro y no creo que otro mundo sea posible: estoy absoluta y completamente seguro de que es así.

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