Luz, descansa, pero no te apagues (o qué pasa ahora en Charlie Hebdo)

Cada cierre se convierte en una tortura porque los otros ya no están aquí. Pasar la noche en medio del insomnio, llamando a los que desaparecieron, preguntándose, ¿qué habrían hecho Charb, Cabu, Honoré, Tignous ? Es agotador”.

imagesEsas palabras pertenecen a la entrevista que Luz ha concedido al diario Libération, que da asilo en sus locales a los restos de la redacción de Charlie Hebdo  desde la matanza de enero. Este martes, 19 de junio, no hay modo de comprar el diario Libération en los quioscos de París. La pasión sigue en silencio.

Luz, superviviente, es el autor de la portada de reanudación del semanario,  donde el caricaturizado Mahoma (y el propio Luz, de algún modo) se perdonaban mutuamente. Después ha dicho que no volverá a caricaturizar a Mahoma. No desea -ni los muertos deseaban tampoco- que ese asunto monopolice su vida.

El apoyo a Charlie, en forma de aportaciones (varios millones de euros), compras de ediciones masivas y suscripciones (un cuarto de millón, de repente), hacen difícil mantener “el espíritu de Charlie”. Eso se dice.

En realidad, en Charlie se han partido la boca entre sí durante años. Preguntad, entre otros, a Siné que fue a parar a un periódico satírico propio, donde continúa, aunque su Siné Hebdo (semanal) haya pasado a ser Siné Mensuel. Entonces (año 2008) Siné anunciaba el lanzamiento de su satírico-escisión diciendo: “¡No respetaremos nada, ningún tabú, nos cagaremos en las lecciones de los sabiohondos y en los plastas, no nos preocuparemos por los rayos que nos lancen, ni por la enemistad de los buscamierdas!

A Siné le salió otra excrecencia impresa (La Mèche), editada por sus propios colaboradores-súbditos de Siné Hebdo,  que cerró en 13 números. Supongo que un rato está bien, pero después ese mundo puede resultar agotador, con o sin asesinatos. Sobre todo porque los cretinos que imperan en este mundo, en el nuestro, y por tanto en el suyo también, nos asesinan un poquito todos los días. Demoledor.

Así que mi simpatía por Luz frente a Jeanette Bougrab, esposa (o ex) del asesinado Charb, que lo considera “un usurpador”. También proclama que sólo salvó la vida porque no llegó a la reunión de redacción “porque estaba con resaca”. Vale, de acuerdo, et alors?  Y le recrimina que no vaya a seguir haciendo caricaturas de Mahoma. Et alors quoi encore? Como todos los de la banda, Luz se niega a ser un héroe. «Antihéroes que reivindican sus debilidades y con la valentía entera«, ha escrito Laurent Joffrin, director de Libération.

Luz está cansado de ser uno de los héroes de guardia y ha respondido a Jeanette B. en el estilo de la casa: “No tengo ganas de contestar a Brougrab. Esa gilipollas (pelotuda) me la pela”. Fue uno de los firmantes de un escrito colectivo en el que varios Charlie Hebdo pidieron que el periódico se convirtiera en cooperativa igualitaria. Por ahora, hay dos que tienen el 60 por ciento (40% uno, 20% el otro) y Luz no es uno de ellos. Y como le dice Jauffrin a todos, pero especialmente a Luz: qué jodido es ser un icono planetario. Nada fácil. De modo que -como lector- yo también le diría algo parecido, algo así como: Oui, notre cher Luz, t’es foutu et on te demande de continuer de jouer toujours le héros planétaire.

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En los días previos al anuncio de Luz, la empresa Charlie Hebdo convocó en carta certificada a otra destacada colaboradora del semanal, Zineb El Rhazaoui, franco-marroquí, periodista y socióloga de las religiones, por el supuesto “incumplimiento de sus obligaciones” con el semanario. Por carta certificada. Vamos, como si fuera la Coca-Cola de Fuenlabrada.

El ruido exterior y la solidaridad recibida por Zineb El Rhazaoui entre sus propios colegas ha convertido la advertencia oficial en amonestación menor. Casi cinco meses después del atentado, la tensión es manifiesta entre la dirección de Charlie Hebdo y sus colaboradores. En marzo, el mismo Luz y otro grupo, doce en total,  pidieron mayor voluntad de tarea colectiva y menos dirigismo. El reparto de los fondos acumulados tras el atentado está en la trastienda. Riss, el director, y Eric Portheault, suman conjuntamente hasta ese 60 por ciento del capital de la empresa Charlie Hebdo, que recibió –se dice- 30 millones (otros afirman que sólo 12) de donaciones tras la matanza. A los dos citados, Riss y Portheault, no les gustan las declaraciones ni las apariciones de sus colaboradores o “asalariados” en los medios de comunicación.

¡Qué tontería! Yo mismo tengo grabada una entrevista inédita con Zineb El Rhazaoui, pero -como es habitual en el oficio- fui yo el periodista pesado, quien insistió. Ella habría salido corriendo después de que ambos participáramos en un debate. Como todos ellos desde enero, pude ver que en todo momento  iba discretamente protegida por una escolta. Porque sí, han heredado la aureola de héroes (que no habían pedido), la obligación (mundial) de pretender que todo sigue como si nada, la incógnita del qué hacer con la solidaridad  recibida (y con el tesoro acumulado). Y se han quedado con Riss, con Eric Portheault, que tienen la mayoría de la propiedad pero que eran y son parte del equipo. Mientras, fuera siguen presionándoles los malos (que son muchos), los perversos (otros tantos), algún sociólogo bienintencionado como Emmanuel Todd que predica (científicamente, según él) contra quienes se manifestaron por Charlie, los cretinos (que son los más), y Jeanette B. que continúa dando leña (desde fuera) mientras se cree aureolada por el asesinado Charb (RIP). Han heredado hasta la obligación de llevar escolta para intentar seguir vivos. En esas situaciones, desde luego, yo perdonaría a todos, a los que creen y a los que no. A los fieles y a los infieles. Y tras repartir ese perdón con la mayor rapidez, me largaría cuanto antes al Polo Norte. Es lo que ha anunciado Luz.

En el último número, Riss descubre América en una doble página. Entre sus dibujos, uno que muestra a Bush leyendo el semanario. Bajo Bush, un torturado en la prisión de Abu Ghraib: “Si Bush hubiera conocido antes Charlie Hebdo, habría prohibido las experiencias animales en (los cuerpos de) los iraquíes”, dice el bocadillo de la caricatura.

Luz se despacha en la última portada contra Cathérine Deneuve, icono mayor de los franceses y del festival de Cannes. Por su supuesto abuso del bótox, califica a la bella de Buñuel de Mad Masque (Mad Máscara). En la portada, la Deneuve está a punto de convertirse en un paquete sospechoso detectado en el paseo marítimo de Cannes (o boulevard de la Croissette).

La última nota de la contraportada dispara contra el rumor de la semana en la Red: “El Viagra puede proteger del paludismo. Cuanto más tiesa la tienes, más se alejan los mosquitos”.

Por mi parte, yo estoy hecho un lío. Me pongo en el punto de vista del sociólogo, porque un día me dio la razón en un seminario y fue amable conmigo (hace muchos años, allá en Amsterdam). Los comprendo a todos (menos a la tal Jeanette). Comprendo a Zineb que llega tarde a las reuniones y no hace sus entregas a tiempo. Comprendo a Riss que pierde el hilo y el sentido y no se sabe si también está confundido al ver demasiados euros amontonados. Por supuesto sigo admirando a Willem, a Patrick Pelloux, etcétera.

Luz tiene pesadillas con sus amigos asesinados, pero eso no le impide seguir haciendo excelentes caricaturas. En fin, lo sé, necesita descansar. Necesita cortar con todo. Cortar con las pesadillas en las que se le aparecen los difuntos (será difícil, supongo).

Bueno, vale, que se vaya Luz si es preciso, es comprensible. Pero que no se apague Charlie. Aunque cada noche se nos aparezca a todos Fântomas en persona. S’il vous plaît, ou merde, j’en sais rien, moi… Llamad a Louis de Funes, si es preciso.

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