Mercedes Cabrera escribe la biografía de Jesús de Polanco

Bajo el título Jesús de Polanco (1925-2007). Capitán de empresas, la catedrática de Historia del pensamiento y exministra de Educación Mercedes Cabrera escribe la biografía de un empresario, Jesús de Polanco, sin el cual no se podría entender nuestra transición a la democracia ni el paso de los medios de comunicación desde la prehistoria de los mismos a lo que son actualmente: de cuando escribíamos con bolígrafo a cuando ya no escribimos en absoluto porque sólo hablamos.

Portada del libro "Jesús de Polanco, capitán de empresas"
Portada del libro “Jesús de Polanco, capitán de empresas”

“No al menos -insiste- tal como sucedió todo, porque sin él, seguramente todo hubiera ocurrido, pero de muy distinta manera”.

El libro, publicado por Galaxia Gutemberg, se presentó a los medios el 29 de octubre de 2015 en el Círculo de Bellas Artes (Madrid) y, a juzgar por las preguntas que suscitó hacia su autora, Jesús de Polanco sigue siendo una personalidad muy polémica para los informadores: -¿Qué pensaría Jesús de Polanco si levantara la cabeza y pudiera ver el estado actual del Grupo PRISA? -¿Es cierto que fue decisiva la intervención de El País en la resolución del 23 -F? ¿Es cierto que Jesús de Polanco se enriqueció con la editorial Santillana sacando el primero los libros de texto de la LOGSE gracias a un soplo que le llegó del Ministerio de Educación?

Para Mercedes Cabrera, Jesús de Polanco fue una persona clave en nuestra historia reciente que empezó como editor de libros con la editorial Santillana, que él mismo fundó, y que logró, paso a paso, reinvirtiendo sus ganancias, crear un grupo empresarial de comunicación que estuvo en las fechas clave de la transición.

En cuanto a la primera pregunta, Jesús de Polanco era un empresario que se había hecho a sí mismo y al que no le gustaba nada hablar de sí mismo. Juan Cruz, presente en la sala del evento, quiso escribir su biografía en vida pero no pudo porque el retratado no se dejaba abordar. Era de poco hablar y mucho hacer y, como empresario, llevaba su empresa en la cabeza, era muy capaz. Además, era partidario de no endeudarse hasta más allá de un límite sobre el que uno pudiera responder en un tiempo abarcable. Ahora bien, llegó un momento (año 2000, con la salida de PRISA a Bolsa) en que las empresas, una empresa cualquiera, si no estaba endeudada y más modernamente, si no estaba “apalancada”, no era viable y no tenía un proyecto de futuro.

Respecto a la segunda pregunta, todavía hoy se habla -el mismo día 29 de octubre, según un periodista presente en la sala, se había hablado en una conferencia en el Casino de Madrid- de la intervención decisiva de El país en el 23 -F y, aunque no es el objeto de su libro, Mercedes Cabrera apuesta por los testigos que dieron fe de aquello en los días siguientes al hecho, no tanto por los que ahora hablan. Es decir, las fechas de los testimonios sobre acontecimientos históricos importan y no tanto las revisiones posteriores que se hagan sobre los mismos, y de hacer caso a los primeros, el mérito indiscutible fue de Juan Luis Cebrián.

¿Y los libros de memorias? -Los libros de memorias son apasionantes -dice Mercedes Cabrera-, vitales para conocer nuestra historia, yo leo muchísimos libros de memorias y me parecen importantísimos “para conocer al personaje” -subraya-. Ahora bien, si se trata de enjuiciar por ellos su intervención en un determinado hecho histórico, habría que contrastar su testimonio con otras fuentes.

A la tercera pregunta, Mercedes Cabrera afirma que tanto Jesús de Polanco como sus colaboradores siempre negaron este hecho y que el cargo del Ministerio acusado del chivatazo había denunciado tal cosa ante los tribunales, siendo condenados a retracto en varias instancias los que tal decían o habían dicho (existe la resolución condenatoria y la carta de retracto a que fueron obligados los dos periodistas que habían dado dicha información). Ahora bien, es cierto que tal cargo había entrado a trabajar en la empresas de Polanco al abandonar el Ministerio, lo que seguramente cimentó las sospechas. Mercedes Cabrera argumentó absolutamente convencida que lo que en realidad hubo fue una mayor preparación empresarial que otras editoriales para salir a tiempo, pero no información privilegiada.

Jesús de Polanco fue pionero en muchas cosas. Canal Plus fue la primera televisión de pago cuando nadie entendía por qué habría que pagar por ver la televisión si ya la había gratis. Hubo entonces un momento en que arrecian las críticas de empresas en dificultades económicas, ABC llama sistemáticamente a El País el periódico del régimen, se hablaba de antenicidio por antena3.

En 1997, el caso Sogecable con su salida a Bolsa suscita las mayores críticas. El PP estaba convencido de que PRISA jugaba en su contra, cosa que Polanco siempre negó: la independencia de sus medios era para él el mayor de los activos y por eso se esforzaba en que fueran sólidos económicamente. Otra cosa es que él tuviera sus ideas políticas, que las tenía, pues fue un falangista en su juventud que nunca rompió su carné y que más tarde fue amigo de Ridruejo, pero el contacto con los exiliados españoles en América, a donde viajó por razones de trabajo con su editorial Santillana, le dio otra visión de la Guerra Civil. Pero él siempre negó ser el vocero de nadie, ni en la etapa socialista ni en ninguna, y las críticas feroces las achacaba a las envidias por parte de medios de la oposición que iban muy mal por aquel entonces.

Se sintió próximo generacionalmente a ministros de la UCD, también con los socialistas. No con Felipe González durante su mandato, a causa del ingreso de España en la OTAN, pero sí después. Él era de la vieja escuela de empresarios con un esquema empresarial en la cabeza y creía que hay que aprovechar las oportunidades, sí, hay que tomar iniciativas, pero midiendo muy bien hasta dónde se puede llegar.

Apasionado de la comunicación, no era el dinero lo que le interesaba, pero sí el poder, del que era muy consciente. Persona con genio muy vivo, autoridad, carácter y saber hacer, tenía momentos de enfado que él mismo enmendaba y era un gran conocedor de lo que pasaba en los medios a nivel mundial. Se sabía respecto a ellos “un enano crecidito”. Enano respecto a los grandes medios, crecidito respecto a los españoles. Era un empresario independiente -insiste Mercedes Cabrera- y éste era el mayor activo de sus empresas, para lo cual necesitaba no arriesgar más allá de lo razonable.

Tuvo colaboradores esenciales, como Ortega Spottorno y Juan Luis Cebrián, que fueron decisivos para que El País, por ejemplo, que en un principio iba a ser casi una hoja parroquial, se convirtiera en el diario más leído en lengua española y uno de los primeros y más prestigiosos del mundo. De estas raíces y moldes vienen la creación de los Premios Ortega y Gasset por un lado y por otro el ingreso de Juan Luis Cebrián en la Academia a causa de su labor en la difusión del español. Él siempre tenía esta máxima: “Nosotros somos lo que somos y estamos a lo que estamos y estamos a lo que estamos”. Era de origen montañés, de ahí el nombre de Santillana y su carácter reservado casi hermético.

Concluyendo: según Mercedes Cabrera, Jesús de Polanco fue un empresario enérgico, intuitivo, muy trabajador, austero y empeñado en la reinversión de los beneficios; dispuesto a arriesgar pero sin poner en peligro el futuro de sus empresas; celoso de su independencia y de la profesionalidad de sus medios, hasta el punto de ser tachado de soberbio y prepotente. Su amigo José María Martín Patino le llamó «Jesús del Gran Poder», cosa que le sentó fatal dado su carácter reservado, pero ese apelativo le persiguió en boca de sus enemigos, muchos y poderosos.

Fue amigo de empresarios, banqueros y políticos. También de editores y periodistas, y de artistas, intelectuales y escritores, a quienes admiraba y brindó oportunidades en sus medios.

Este libro está basado en los fondos del archivo personal de Jesús de Polanco, en las actas de los consejos de administración (entonces se anotaba todo) y de las juntas generales de accionistas del Grupo PRISA, en la bibliografía existente y en la prensa del período que abarca, así como en los testimonios recogidos por la autora en largas conversaciones con personas que le conocieron de cerca.

Lo último que dijo antes de morir (estaba en Lisboa) fue su máxima de siempre: “Nosotros somos lo que somos, estamos a lo que estamos y lo nuestro es poner en pie el mayor grupo de entretenimiento, ocio y comunicación en español.”

El colofón varias veces asumido por Mercedes Cabrera es que, sin Jesús de Polanco, tal vez las mismas cosas hubieran sucedido en España y con el español, pero de muy diferente manera.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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