¡Mierda a la guerra!

Дерьмо на войне ! No se confundan y vamos a dejarlo claro de inmediato: yo no sé ruso. Nada, casi cero-cero. Quizá veinte palabras… como máximo. Y apenas tengo una noción de alfabeto cirílico urgente que me enseñó mi amigo, Alberto Marinero, antes de mi primer viaje a Moscú. Para orientarme mejor en el metro. Nada más.

En Torrespaña lo llamábamos El Ruso porque también esa era su cultura (profunda), como hijo de dos niños de la guerra. Creció en la Unión Soviética en la ciudad que entonces se llamaba Leningrado (hoy San Petersburgo).

Alberto murió en el barrio de Carabanchel, en Madrid, hace pocos años. Pero esta noche me tomaré un vodka a su salud: за наше здоровье, Альберто ! (*A nuestra salud, Alberto). Porque fue él, Alberto, quien intentó -sin éxito- enseñarme a decir expresiones que contenían la palabra «mierda» en ruso.

Concierto del grupo ruso Kis-Kis del 20 de mayo de 2022 (en San Petersburgo) en el que los asistentes formaron una coral gritando ‘Mierda a la guerra».

He recordado ahora mi fracaso en ese empeño al enterarme de que ese grito (¡Mierda a la guerra!) ha sido entonado en Rusia por los asistentes a más de un concierto de rock.

Según el Courrier international, sucedió el viernes 20 de mayo en San Petersburgo, durante una intervención del grupo ruso de rock Kis-Kis.

Dos días antes, sucedió algo similar promovido por Yuri Shevchuk, líder del grupo rockero DDT, creado en los últimos años de la URSS. Eran los tiempos iniciales de la perestroika, cuando ese tipo de creación artística no era tampoco del gusto de las autoridades. El rock era una música semiclandestina.

Según Lara Pellegrinelli (Time Out New York), el grupo DDT se formó en 1981 y -para despistar a las autoridades- «daban conciertos secretos en apartamentos, refugios antiaéreos e incluso en aulas de guarderías infantiles».

En Europa occidental y en el mundo anglosajón son más conocidas las integrantes del trío feminista punk Pussy Riot, que hace una década llevaron a cabo su primera protesta contra Vladimir Vladimirovich Putin en el corazón del rearme teológico del jefe del Kremlin: en la Catedral ortodoxa de Cristo Salvador, en Moscú.

Como es sabido una de esas aún jóvenes activistas punks, María Vladimiorovna Aliójina (34 años), escapó hace poco de su país, tras salir de la casa donde estaba en situación de arresto domiciliario. Lo hizo disfrazada de bicirrepartidora de comida a domicilio. Desde 2012 y su famosa intervención en la catedral moscovita, María Aliójina tiene un buen historial que pasa por la cárcel (condenada por «vandalismo y odio religioso»), el arresto domiciliario y -para abrir boca de nuevo- la amenaza de unas semanas de trabajos forzados. El rockero Yuri es bastante mayor que ella: cumplió 65 años hace pocos días. Su último arresto ha tenido lugar en su propio camerino, tras el concierto que celebró en una ciudad de los Urales el día 18 de mayo de 2022.

Anteriormente, el mismo día en el que empezó la invasión de Ucrania, Yuri Shevchuk, dijo lo siguiente:

Nos están arrebatando el futuro. Quieren obligarnos a regresar al pasado pasando por un túnel de hielo, hacia el siglo XIX, hacia el siglo XVIII, hacia el XV. ¡Y no podemos aceptarlo!

En abril, las autoridades cancelaron un concierto del grupo DDT en la ciudad de Tiumén (Siberia Occidental) porque el grupo Yuri Shevchuk se negó a tocar en la sala de conciertos prevista, porque estaba decorada con una letra Z enorme. Como se sabe, ese símbolo que coquetea con la cruz gamada nazi es utilizado por las tropas rusas invasoras de Ucrania.

Shevchuk está considerado un gran letrista. Y en sus canciones no faltan ni el humor rocanrolero, ni la cultura literaria rusa, ni la descripción aguda de su propia sociedad. Es un rockero-activista con largo historial tras de sí. Multidireccional.

Se opuso a la ruptura de Yugoslavia. Se expresó con su música allí y en Chechenia, donde cantó para los soldados rusos y para los civiles chechenos. Dio conciertos contra la intervención de las tropas rusas en Georgia. Criticó la destrucción de templos ortodoxos en Kosovo, por parte de los activistas albaneses, y también la intervención de la OTAN en los Balcanes.

Defendió a las Pussy Riot, pero rechazó una invitación para hablar ante el Congreso de Estados Unidos con el siguiente argumento: «Esos asuntos los arreglamos entre nosotros, en casa».

Se recuerda de él que, en 2008, participó en San Petersburgo en la Marcha de los Disidentes, contra los manejos del poder para controlar el desarrollo de las elecciones presidenciales y el acceso de los candidatos opositores al proceso electoral. Aquel año, Shevchuk provocó la ira del Kremlin interprentando una canción (¿Cuando se agotará el crudo?) en la que había un verso que decía: «Cuando se acabe el petróleo, el presidente morirá».

Concierto de Yuri Shevchuk en un acto de la oposición rusa. Foto no fechada por Wikipedia.

En 2010, llamó a las puertas del cielo en Moscú interpretando un tema de Bob Dylan, Knockin’ on the Heaven’s Door, junto al grupo irlandés U2.

Shevchuk ya se opuso en 2014 a la anexión de Crimea. Ha sido detenido y procesado ahora por desacreditar al ejército de Rusia. También por utilizar el 18 de mayo el escenario para lanzar un mensaje inequívocamente crítico:

-En este momento, el pueblo de Ucrania es asesinado. Y nuestros muchachos mueren allí, ¿Por qué? ¿Con qué objetivo, amigos míos? Una vez más muere la juventud de Rusia y de Ucrania. Mueren las personas mayores, las mujeres y los niños, ¿por qué? Por los proyectos napoleónicos de nuestro César, ¿no es así? Pero la patria no es el tarado del presidente que necesita que le laman el culo todo el tiempo. La patria es esa vieja convertida en una mendiga a la que veis vendiendo patatas en la puerta del metro.

Parece una obra literaria rusa en estado puro, como si fuera de alguno de sus clásicos.

En las páginas de Limonov, el escritor francés Emmanuel Carrère, repasa la vida abracadrante y el contradictorio recorrido vital de Eduard Limonov. En ese libro lleno de pasión por la cultura rusa, y por su personaje central, desde luego, hay también unas líneas que describen a Putin diez años antes de la guerra de Ucrania. En algún momento de su novela (o lo que sea), Carrère anticipa que Putin no sería en el futuro una simple «abstracción estadística». Pienso en qué me habría dicho hoy Alberto Marinero de todo esto. Habría hallado alguna estadística poco abstracta.

Por ejemplo, según el Corrier international, desde el lanzamiento de la invasión de Ucrania, hay más de dos mil rusos acusados de ofensas similares a las que sostienen las autoridades contra Yuri Shevchuk. El Courrier international cita The Moscow Times al afirmar que «al menos 133 personas están procesadas y se arriesgan hasta a quince años de cárcel, tras la aprobación de la nueva y más estricta ley penal que prohibe difundir ‘noticias falsas’ sobre el ejército».

Al hablar de los rusos y de Putin, está claro, no todo es abstracción estadística. Porque no faltan los rusos que se atreven a gritar ¡Mierda a la guerra! Дерьмо на войне !

¡Larga vida al rock and roll (ruso)!

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Periodista. Fue colaborador del diario Hoy (Extremadura, España) en 1975/76. Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal de TVE en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Doce años corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique".

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