Mujeres marroquíes en las dos orillas

La incorporación masiva de los inmigrantes procedentes de Marruecos en el mercado laboral de España ha ido acompañada por la concienciación sobre La condición de la mujer inmigrante en general como fuerza de trabajo.

Leila Chiadmi, investigadora de la Universidad de Granada

Como inmigrante, la mujer sufre doblemente dado el desarraigo familiar y las condiciones precarias en las que está generalmente sometida en el lugar de trabajo. Desde el inicio de su proyecto migratorio, se identifica como el sostén fundamental de la familia transnacional por los vínculos de carácter económico y su dedicación para mejorar el bienestar de su familia.

Una creencia generalizada en su sociedad de origen, además favorable al apoyo de su proyecto mgiratorio, genera una corriente de opinión según la cual la mujer ésta mejor preparada para asomarse al mercado de trabajo en un plazo más corto que el hombre. Otros factores, generalmente subjetivos y menos valorados, intervienen para justificar la migración femenina lejos del ámbito familiar como las dificultades de convivencia matrimonial, el peso de las actitudes patriarcales o la necesaria reagrupación familiar.

Al llegar a Europa, esta percepción cobra mayor fuerza debido a la fácil adaptación de la mujer marroquí a las condiciones de su nuevo entorno. La comunidad cultural favorece una integración en su nuevo lugar de residencia al compartir la misma fe, el mismo idioma y costumbres con sus paisanos con más años de antigüedad en el país de acogida. En la mayoría de los casos, está empleada en el servicio doméstico como externa o interna, una experiencia preliminar en perspectiva de otro empleo más valorado, mejor remunerado y con un horario más flexible. Podría ejercer también como cuidadora de niños, personas dependientes o mayores como opción generadora de ingresos adicionales. La situación real del mercado laboral demuestra que la gran oferta en ambas actividades (doméstico y cuidados) le garantiza medios de subsistencia imprescindibles en los primeros pasos como inmigrante económica. De modo que está dispuesta a aceptar cualquier empleo que sea de cuidado de discapacitados, de enfermera o empleada de hogar sin reivindicar un voto de consideración para sus cualidades y habilidades.

Esta situación corrobora, en el terreno, la percepción que se hace de la mujer en su comunidad de origen. Las estadísticas revelan que en comparación con los hombres inmigrantes, las mujeres marroquíes tienen más facilidad de aceptar empleos duros, mal pagados, inestables o mal protegidos por la legislación laboral. En un estudio publicado en 2011, titulado “Sin ellas no se mueve el mundo”, las mujeres inmigrantes en España representaban el 42% de las empleadas de hogar y de cuidados. Actualmente, el empleo doméstico está considerado como un nicho laboral fuertemente asociado al fenómeno migratorio y al sector informal.

En la sociedad de origen, se da por admitida la idea según la cual la sociedad valora la mujer sólo como esposa y madre, dos conceptos que se auto alimentan. Si bien podríamos abrir un debate para ver si esta reflexión se adapta o no a la realidad. Los argumentos de unos y otros sobre el papel que desempeña la mujer en la sociedad nos exigen más rigor a la hora de analizar en qué tipos de trabajo se admiten más mujeres. Nos encontramos con una doble lectura de su inserción en la sociedad de acogida: asumir su papel de ama de casa/madre o convertirse en un factor de producción de riqueza para mejorar el bienestar de la familia (en España) y promocionarse en todos los sectores, incluso en lo económico.

La situación de la mujer marroquí en el mercado laboral español puede contarse de distintas maneras y desde distintos ángulos. Sin embargo, debe primero superar muchas barreras. A veces no son inherentes a los factores económicos sino al imaginario popular debido a la condición de género. A pesar del gran movimiento intelectual y los cambios que afectan a la sociedad marroquí, la mujer se considera aun como una fuerza de trabajo secundaria, una noción que hace fortuna en algunos sectores de la opinión pública.

La realidad demuestra lo contrario; la mujer tiene la doble ventaja de competir con el hombre en la esfera doméstica y en la esfera pública (el lugar de trabajo) por la cantidad de horas dedicadas al trabajo en el hogar, al cuidado de los niños y la capacidad de ejecutar un trabajo remunerado en las mismas condiciones que el hombre. Esta premisa se apoya en los resultados de algunos trabajos empíricos. La escolarización y la formación profesional constituyen en este contexto un factor determinante en la preparación de la mujer para una mayor inserción en el mercado laboral y la mejora de los ingresos de la familia. Hay dos maneras distintas, pero complementarias, de debatir del papel de la mujer en la sociedad marroquí (u otras sociedades de origen). Primero, la comunidad debe admitir el hecho de que la mujer cumple perfectamente su papel de madre, y segundo, está capacitada para efectuar una actividad productiva fuera de la esfera familiar, incluso fuera de las fronteras nacionales.

Partiendo de la evidencia según la cual cumple perfectamente su papel de madre, la mujer está también capacitada para convertirse en el principal sostén de la familia. Como madre soltera o cuando decide asumir ella sola el proyecto migratorio, sustituye al padre como principal fuente de ingresos o cabeza de familia. Las percepciones negativas que hacen dudar de sus posibilidades de asumir turnos nocturnos, efectuar horas extras o desplazarse lejos del hogar por razones laborales pierden validez. La asociación de la mujer al prejuicio de fuerza de trabajo secundaria se usa en ciertas circunstancias para acentuar deliberadamente su exclusión como agente competidor en el mercado de trabajo.

Aun así, su incorporación en el mercado laboral está sujeta a las oportunidades y condiciones económicas que se le ofrecen. Para garantizar un desarrollo sostenido, ha sido imprescindible emplear más mano de obra, lo que explica, por ejemplo, la participación de las mujeres más pobres en el mercado laboral en los últimos 30 años. El crecimiento de los ingresos familiares como consecuencia de la aportación económica de la mujer, ha influido netamente en la renta per capita en los sectores más vulnerables de la población.

A causa de la crisis, no es extraño constatar que hoy en día los salarios de la mujer participen de manera decisiva en el bienestar familiar. Como empleada, ama de casa o emprendedora la mujer es un factor determinante en la erradicación de la exclusión social, la transmisión intergeneracional de la pobreza o la ruptura de la unidad familiar. En términos de transferencias de remesas, el papel de la inmigrante marroquí como trabajadora, madre/esposa y sostén económico recobra más importancia como agente de desarrollo en la sociedad de acogida y como sostén de la familia transnacional.

De ahí, señalamos que de la maternidad transnacional surge la doble explotación de la inmigrante, en su lugar de trabajo como “madre ocasional”, y en la sociedad de origen como objeto de coacción de parte de los familiares (incluso el marido, los descendientes y ascendiente). Mientras asume el cuidado y la educación de los niños de sus empleadores, crea un cordón umbilical con su sociedad de origen mediante el envío de las remesas como recurso que garantice una relación estable, un fluido intercambio de servicios (el cuidado de sus niños por familiares o la gestión de las remesas) y un nuevo estatus social privilegiado como productora de riqueza. Su desclasamiento sociolaboral en la sociedad de acogida y el chantaje al que está sometida en la sociedad de origen son, en realidad, los factores que laminan su autoestima como elemento social activo en las dos orillas del Estrecho de Gibraltar.

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Periodista, doctor en sociología y ciencias de la comunicación de la universidad Complutense de Madrid. Corresponsal en España desde 1987, es licenciado en periodismo, investigador en ciencias sociales, opinión pública y cultura política. Publicaciones: “Marruecos-España: Heridas sin cicatrizar”, un estudio sobre la imagen de Marruecos y sus instituciones en la opinión pública española en momentos de crisis; “Sin ellas no se mueve el mundo”, un trabajo de terreno sobre la condición de las empleadas de hogar inmigrantes en España; “La mujer marroquí en la Comunidad autónoma de Madrid: convivencia y participación social”.

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