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El mundo alucinado de Francisco González Bree

El mundo fotográfico de Francisco González Bree1 es de los que dejan sin aliento. Impresionan sus composiciones en las que juega con elementos del pasado y del presente pero descontextualizándolos, como para lanzarlos fuera del tiempo en una pregunta sin respuesta.

Gonzalez-Bree-molinos

Personajes de fantasía al lado de paisajes reconocibles construidos por el hombre moderno, princesas de los cuentos de hadas al lado de torres grises brillantes y afiladas, como esperando a entrar en su quimera de acero por los siglos hasta que llegue quien tenga la llave de lo que les deparará el mañana.

Es una mirada al futuro y también una vuelta a las cavernas. El apocalipsis resuena en esos cielos amenazantes que, bajo una luz del fin de mundo, tiñen de cárdeno las rocas en que se asienta el hombre. El hombre que se atreve con ese mundo ha de ser por fuerza un guerrero, un superviviente fuertemente armado y en guardia. Un guardián del nuevo universo. Por eso impresiona ver paisajes tan conocidos como pueden ser los de las postales (Puerta de Alcalá, edificios emblemáticos de la Gran Vía madrileña, molinos quijotescos de La Mancha…) dominados por esa raza de hombres duros sin cara. Hombres sacados de Star Wars frente a los molinos de viento de Campo de Criptana, por ejemplo, y al fondo, todavía un poco más al fondo y mucho más pequeño, la silueta recortada del negro toro de lidia, uno de los pocos indultados en la modernización de las carreteras.

Es una de las fotos y así cada foto, composición a composición, establece un juego que apabulla y despeja la mente invadiéndola de un gran desconsuelo. Os aseguro que hay algo de machadiano en estos territorios asolados ya sin vida, como una profecía cumplida de Campos de Castilla y más concretamente de El dios ibérico: “El hombre de estos campos/ que incendia los pinares”…

Por eso, contemplándolas mientras se dejan (lo normal es que estas fotos te invadan y te sometan sin que puedas hacer nada más que dejarte jugar por ellas), se puede hablar de un viaje alucinante al pasado, pero también al futuro que quede después de una deflagración apocalíptica. Del tipo que sea pero apocalíptica: ni una mota de hierba en esos desiertos pétreos, ni una gota de agua en esta naturaleza mineral.

Nada hay con vida en este mundo, todo roca y acero, escafandras y uniformes, extraterrestres, princesas todas cuero y de espaldas al que las mira. Nada hay con vida en un mundo donde, sin embargo, todo brilla. Como una superación del desierto donde, a pesar de los nubarrones, nunca se pone el sol, no hay que esperar nada para después, ya que esos nubarrones nunca darán una gota de agua. Los únicos elementos vivos son los que rodean a la Puerta de Alcalá, fruto de la civilización que por aquí pasó y tal vez del esfuerzo de algún jardinero loco.

En los paisajes que presiden la naturaleza al aire libre (es un decir, nada parece libre en este mundo sino muy limpio y muy bien atado) sólo los minerales más duros resisten y entre ellos el hombre acorazado, con escafandra y traje de buzo espacial confeccionado en acero y lleno de claves (llaves como botones y teclas en el traje para un futuro inexistente, pero ya historiado, consabido), parece en vela. ¿Será un hombre así el que salve a la princesa gótica que rehúsa mirarnos?

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En palabras de Rosina Gómez Baeza, directora durante años de ARCO, “El mundo de Francisco González Bree es el del mañana. Aquel día en que el Universo que hoy habitamos sea destruido y poblado por seres extraños y ajenos al actual. Los espacios que construye, cuasi tridimensionales -trabaja extraordinariamente bien la perspectiva- nos sitúan a los espectadores ante la representación del caos universal. Sin querer ver en la obra de Bree un comentario político, ni siquiera social, su mundo onírico, sus ensoñaciones, son una alegoría del clima de violencia y destrucción de nuestro tiempo, que tantas veces evocan los artistas. El pathos que desprenden estas obras nos transmite cierto sufrimiento existencial, no exento de preocupación acerca del destino de nuestra civilización”.

  1. Francisco González Bree es profesor de Innovación en Deusto Business School y director académico del Master in Business Innovation.

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Sobre Nunci de León

Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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  1. Hasta el 21 de octubre en la Galería Carlos Moltó, Paseo de La Castellana, 70. Madrid.

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