Myrtle Witbooi, contra el apartheid de verdad y el de la cocina

Myrtle Witbooi, de nacionalidad sudafricana, murió de cáncer el pasado 16 de enero. Tenía 75 años y una larguísima trayectoria profesional como señora de la limpieza. Con todas las de la ley, una personalidad extraordinaria.

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En 1971, en pleno régimen del apartheid, escribió una carta de protesta al diario The Clarion, con sede en Ciudad del Cabo, en donde se preguntaba por la doble invisibilización de las empleadas de hogar: discriminadas e invisibilizadas por género y, por añadidura, como víctimas de segregación racial.

En España, el movimiento de las kellys y de las empleadas de hogar tiene mucho que ver con su lucha, en un país donde las clases tiesas siguen hablando de criadas e incluso de doncellas.

En aquella Sudáfrica de la segregación sistemática, Witbooi se dio cuenta pronto de que apenas existía a ojos de los demás. Bajo aquel régimen perverso, aquellas sirvientas solían ser alojadas en algún rincón aparte o en un cuarto menor para lo que la ley definía como personas negras o de color. Víctimas frecuentes de violencia sexual.

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Era normal que tuvieran un acceso distinto o que durmieran en una caravana aparcada al fondo de un patio, de la parte trasera de un jardín. Tras el cambio de régimen, la precariedad y la temporalidad laboral sustituyeron poco a poco a esas formas de segregación extrema.

En su carta a The Clarion,  Myrtle Witbooi decía: «¿Por qué somos diferentes, por qué no hay leyes [para nosotras] por qué la gente no nos ve?».

Organizó la primera reunión con sus colegas en el garage de la persona que la empleaba. Fue una de las cofundadoras del Sindicato de las Trabajadoras a Domicilio (South African Domestic Workers’ Union). Ese activismo sindical y su afiliación al Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela, al que se unió para acabar con el apartheid, le llevaron a la cárcel tres veces.

En otra ocasión, estuvo a punto de perder la vida en un atentado con bomba.

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Su idea fundamental era que la democracia no es una realidad que se alcanza de una vez, en un momento único; sino mediante un largo proceso y por una acumulación de luchas distintas. Con el tiempo, llegaría a ser presidenta del primer sindicato planetario dirigido por mujeres (IDWF, International Domestic Workers Federation). En 2008, logró expandir su acción hasta implicar a la  Organización Internacional del Trabajo (OIT/ILO), en una campaña de las invisibilizadas trabajadoras domésticas o del hogar. «Esas mujeres que planchan vuestras camisas», según la viva descripción de la propia Myrtle Witbooi.

Mientras cocinaba y cuidaba a niños y mayores, empezó preguntándose por qué sus empleadores las describían como «una más de la familia», mientras les daban menos salario que a otros trabajadores. Tomó conciencia también de que carecían de seguros sociales.

«En Sudáfrica, el señor habla y tú le escuchas a él que es quien te recita la ley. Pero una vez me dirigí a la mujer para la que trabajaba y le dije ‘Míreme, soy una mujer como usted’», recordó años después.

Sus próximos la describen como determinada, pero también como una persona que mantenía «una cierta suavidad» en el trato.

Cuando algunas colegas argüían su falta de formación escolar, su falta de educación, ella replicaba: «No dejes que tu nivel de educación te detenga y te aparte de lo que crees». Se reafirmaba según su propio método educativo: «Gané mi propio diploma en la cocina», decía.

Tras caer el régimen del apartheid, condujo una vez a un grupo de sus colegas hasta las puertas del parlamento sudafricano, en Ciudad del Cabo. Se encadenaron allí y tiraron lejos las llaves de los candados. «Ya somos libres en Sudáfrica, pero las trabajadoras a domicilio no estamos aún en la agenda política», declaró.

Desde su sindicato refundado con un nuevo nombre, South African Domestic Service and Allied Workers Union (Sadsawu), logró la inclusión en las leyes laborales de las primeras normas de protección para su sector. No se conformó: pensaba que la ley mejor escrita, la más bonita, no protege por sí misma, de modo que la pelea por los derechos que se reclaman debe persistir siempre.

Cuando pudo hacerlo, con apoyo de la IDWF, viajó por casi medio centenar de países para impulsar una convención internacional que amparara el trabajo digno de quienes limpian y cuidan a otros en sus domicilios. Esas señoras de la limpieza que trabajan muy mayoritariamente en la economía sumergida. Esa campaña culminó con el Convenio 189 de la OIT sobre las Trabajadoras y los Trabajadores Domésticos, que fue aprobado en 2011.

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España ha tardado casi doce años en votar a favor de su ratificación. Lo aprobaron las Cortes en junio de 2022, mientras decenas de limpiadoras y cuidadoras –la mayoría inmigrantes– eran espectadoras de la votación dentro del hemiciclo o en la calle.

«Mantenía el equilibrio entre su carácter espontáneo, la atención medida y el buen humor, mientras se dirigía a quienes tienen el poder», se dice en una reseña de Myrtle Witbooi publicada en el periódico sudafricano Daily Maverick (20 de enero de 2023).

En 2010, habló ante la OIT como luchadora por los derechos humanos. «Si alguien me hubiera dicho hace 45 años que hoy estaría aquí, no lo habría creído. Pero seguiré luchando por los derechos de las trabajadoras a domicilio hasta el final de mis días», añadió.

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Por los derechos de las mujeres, por los derechos laborales y contra la discriminación racial y de clase. Durante varias décadas, Myrtle Witbooi llenó su vida con esas luchas. Su idea era la de la sociedad democrática en el sentido más amplio, una democracia en la que predominaran la justicia y la verdadera igualdad.

Fue madre de dos hijas y de un hijo, abuela de tres nietos.

El domingo 5 de febrero de 2023, Myrtle Ruth Delene Witbooi, que ese era su nombre completo, fue homenajeada por la IDWF en un acto global, planetario.

Amandla!

In memoriam.

Paco Audije
Periodista. Fue colaborador del diario Hoy (Extremadura, España) en 1975/76. Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Doce años corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique" (2010-2022).

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