El título de esta película es un buen aviso para navegantes: nunca hay que confiar en nadie: ni en los señores que te ofrecen caramelos en la puerta del colegio, ni en los maridos que hacen luz de gas, ni siquiera en el realizador Rowan Joffé (Brighton Park), quien ha conseguido para No confíes en nadie (Before I Go To Sleep) que Ridley Scott (Exodus, Gladiator) le produjera y que un gran actor como Colin Firth (El discurso del rey) se aviniera a protagonizarla junto a una Nicole Kidman (Las horas, Los otros) siempre por debajo de lo que se espera; pero que a pesar de todos esos mimbres avalados por “Oscars” ha construido con ellos un cesto muy mediocre.

A quienes hayan leído el libro les parecerá que la densa historia que narra se ha quedado reducida en la pantalla a esa anécdota interminable que va debilitando la fuerza de los personajes hasta hacerles “increíbles”, y los últimos minutos realmente insoportables.




«No confíes en nadie», ¡qué frase!
Me hace reflexionar acerca de nosotros, los chilenos. He escuchado a personajes nuestros destacados -en la imagen, hombres probos, buenos- lamentarse de que los chilenos, en el mundo, están entre los que menos confían uno en el otro. Y ocurre que de ese tal personaje «probo», «bueno», yo mismo estoy desconfiando porque es más apariencia que realidad.
He estado cerca de otros que invitan a la confianza…pero ellos son, en realidad, torcidos más de las veces que uno quisiera.
Creo que los chilenos, hasta inicios de los ’70 del siglo XX todavía teniamos una importante confianza entre nosotros.