No todo es viento y aire limpio en la energía eólica

« … y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino» Sancho a Don Quijote, en la aventura de los molinos de viento.

La guerra en Ucrania y la revisión de los planes de importación del gas ruso, así como los relativos a la ejecución de los gasoductos del centro y norte de Europa, aceleran el debate sobre las llamadas energías verdes, renovables; tampoco desprovistas de otras controversias sobre su potencial de daños sociales y medioambientales.

Estos últimos los citaba hoy mismo la profesora Aurelia Mañé (Universidad de Barcelona) reiterando que «tienen elevados costes ambientales en el lugar de origen». Y así es, eso no hay que olvidarlo nunca.

Esos proyectos siempre predicados como verdes -unas veces lo son y otras no- son ahora empeño absoluto de sectores políticos y empresariales que defienden su multiplicación precipitada, insistente. Casi irracional. Repiten que apenas tienen efectos secundarios.

El menos lesivo, afirman, es la energía eólica. Desde luego, ésta no plantea las dudas a largo plazo que representan la energía atómica y sus residuos nucleares. Ni los problemas constatados de las energías fósiles, carbón y petróleo. Pero la sociedad en su conjunto debería considerar con mayor cuidado los proyectos para su instalación y reciclaje, el donde y el cómo. Su ejecución extensa y masiva.

No debemos olvidar que un aerogenerador de dos megawatios puede contener 140 toneladas de cemento, 300 toneladas de acero y veinticinco toneladas de otros materiales heterogéneos. Las aspas o palas de los molinos de producción eléctrica miden decenas de metros y pueden ser muy pesadas. En cuarenta años su diámetro se ha multiplicado por diez, llegando a alcanzar los 160 metros (unos quince cuando empezaron a producirse, nos dice un experto).

«Qué es un aerogenerador y cómo funciona». según se describe en una página de la empresa eléctrica Iberdrola.

En instalaciones marinas, se habla ya de una perspectiva mayor: alcanzarán los 250 metros. De modo que cuando hablamos de estos molinos, no todo es aire y viento.

Otro problema surge con frecuencia por el empeño de los conglomerados empresariales energéticos al promover su instalación sin tener en cuenta a las poblaciones afectadas. Muchas veces, se trata de localidades y comarcas rurales poco pobladas, pero ricas por sus características naturales o por su agricultura. Por su fauna y flora: por su biodiversidad.

Pancarta oponiéndose a los planes de megainstalación eólica en Montánchez, Garciaz y otros municipaios de la provincia de Cáceres (Extremadura).

Otra duda que se nos plantea aún ante la inquietante extensión de los parques eólicos -el uso similar de granja eólica es ya claramente una intoxicación terminológica- es la escasez de planes para su reciclaje o desmantelamiento, cuando caducan los aerogeneradores.

En Francia, apenas unas decenas de ellos recibieron el tratamiento adecuado (o se desinstalaron) durante el primer cuarto de siglo transcurrido desde la creación del primer parque eólico en 1996.

Es cierto que forman parte de la necesaria diversificación energética y de la lucha contra el efecto invernadero. Pero ahí no concluye todo. No son tan verdes ni tan limpios como se declaran.

Y el reciclaje de los materiales cuando ya están caducos buena parte de sus componentes no se desarrolla al ritmo de su instalación. Y según los técnicos resulta más fácil reciclar la base y el mástil que los rotores.

La fascinación inicial por esos molinos, que muchos consideraron incluso elegantes, ha ido dando paso a dudas muy serias sobre los efectos que tienen en la salud de los habitantes más cercanos en los territorios donde su instalación es masiva. Quienes los defienden suelen vivir lejos y no les importa esta cuestión.

Entre quienes se oponen, porque viven cerca, se habla del desarrollo de problemas auditivos, de los dolores de cabeza y de otros que definen en conjunto como síndrome del aerogenerador.

Éstos suelen situarse en riscos y montañas, donde no sólo rompen el horizonte visual, sino que son acumuladores de ruido persistente , necesitan pesados elementos de transporte y de fabricación que distan de ser limpios.

Las aspas aniquilan decenas de aves y quirópteros voladores (murciélagos) y forman barreras contra diversas especies vivas. Son peligrosas para las aves especialmente en las ZEPA (Zonas de Especial Protección para las Aves) y otras áreas en las que éstas más abundan.

Algunos estudios sugieren incluso que las aspas de los aerogeneradores forman barreras para los vientos y apuntan a que ese bloqueo también contribuye en alguna medida al calentamiento planetario.

Dichas aspas o palas de los aerogeneradores -que caducan cada dos décadas, más o menos- se fabrican con poliéster, epoxy y fibra de vidrio o carbono, así como con otros materiales de refuerzo.

Son materiales que sufren el impacto de su uso prolongado, del sol y del viento, de las tormentas y de los rayos. De modo que los problemas surgen no sólo por la potencial amenaza contra la salud de quienes viven cerca de esas instalaciones; también por la destrucción del paisaje y de la biodiversidad.

Por el escaso reciclaje de los materiales utilizados cuando se desmantelan los parques eólicos y el conjunto de sus aerogeneradores.

Entre las consultas para la redacción de este artículo, una fuente profesional implicada en su reparación nos confiesa que diversas torres eólicas caen por los impactos y efectos naturales antes citados. Esa misma fuente nos dice que las empresas implicadas tienden a silenciar esos incidentes.

Aerogeneradores, su caducidad y deterioro

En Europa, el deterioro y envejecimiento de los aerogeneradores está obligando a reemplazar o desmantelar no pocos molinos de producción eléctrica. Las empresas dicen sencillamente que los cambian por otros más modernos, más potentes y productivos. Menos ruidosos, afirman.

Desde ahora hasta el año 2030, casi seis mil aerogeneradores quedarán inservibles o tendrán que ser sustituidos en la Unión Europea.

Buena parte de los materiales de esos molinos son reutilizables. Con excepción habitual de las palas, más difíciles de reciclar. Algunas vuelven a la misma o a otra instalación. Muchas van a parar a escombreras escondidas o a los llamados cementerios de palas. Y claro, no siempre se hace de manera cuidadosa y legal.

En un texto anterior ya cité el documental La face cachée des énergies vertes (de Jean-Louis Pérez y Dominique Pitron, emitido en 2020 por la cadena franco-alemana Arte) donde se veía una filmación del «ignorado abandono de grandes restos de instalaciones éolicas en Alemania».

Las imágenes del enterramiento de centenares de aspas HD 720p en Estados Unidos, obtenidas por el fotógrafo Benjamin Rasmussen ofrecen una imagen menos rosa que los discursos oficiales y económicos.

Está probado que ese cementerio de palas de aerogeneradores, su enterramiento, no producirá su desaparición. Permanecerán bajo los lugares en los que sean escondidas durante centenares (o miles) de años. Convertirán en improductivas un número indeterminado de hectáreas de campo (La face cachée du ‘recyclage’ des éoliennes, julio 2021, de Isabelle Leca, en Le chasseur français).

Hemos visto en el antes citado documental de Arte la estampa de numerosas (y enormes) aspas abandonadas en un bosque alemán. A pesar de que Alemania, junto a Austria, Finlandia y los Países Bajos está entre los pocos países que prohiben dejar esos materiales en basureros de restos de ese tipo.

«Las palas no son tóxicas, pero representan un gasto y un desperdicio de los recursos que resulta incompatible con los compromisos del sector empresarial de los aerogeneradores eléctricos», según reconoce Giles Dickson, directivo del sector en declaraciones a Euronews (28 de junio de 2021, Énergie éolienne: la difficulté du recyclage et la controverse des pales). Otro problema consiste en que la modernización de los rotores y aerogeneradores viejos no permite su reciclado completo, de modo que serán sustituidos por materiales «mucho más competitivos» [sic], según Wim Robbertsen, de Recycling Wind Turbines.

Los mismos expertos repiten que hay que incrementar los reciclajes. Sin embargo, no está claro que el sector pueda aumentarlos al ritmo adecuado para reutilizar las palas antiguas. Por el momento, no son reciclables al cien por cien. Por ahora, apenas la mitad de sus componentes.

Christophe Magro, responsable de proyectos en una plataforma de este sector advierte que «de aquí hasta 2030 habrá 375.000 toneladas de aspas que habrán sido desmanteladas en Europa». Aumentan así los temores de las prácticas relacionadas con las cementerios, escombreras e instalaciones y hornos en los que refundir los materiales. ¿Cuantos cementerios de palas de aerogeneradores no están registrados en la Unión Europea?

En Dinamarca y Alemania, los técnicos y directivos del Fondo de Innovación Danés Vestas, así como los alemanes de Siemens Gamesa, dicen estar cercanos a fabricar turbinas y aerogeneradores completamente reciclables… antes de 2040.

La Comisión Europea ha prometido una directiva que encuadre la reutilización y reciclaje de los molinos de producción eléctrica antes de 2024 (Les pales d’éoliennes n’iront pas à la poubelle, reportaje de Gilles Toussaint en La Libre Belgique, 7 de marzo).

Es evidente que la producción de energías renovables, menos vinculadas al cambio climático, menos contaminantes, requieren lo contrario de la estrategia que impulsan empresarios del sector y políticos ansiosos. Su voluntad política y su precipitación chocan con la realidad social y medioambiental. Aunque, eso sí, socialmente todos tengamos que aprender a reducir nuestros consumos.

Destruir la naturaleza puede tiene un precio incalculable, que quizá no podamos calibrar bien si nos precipitamos. Se perciben algunos planes y propósitos que quieren aprovechar la guerra de Ucrania, y el debate estratégico sobre el gas ruso, para imponer sus discursos interesados, especulativos y destructores de delicados equilibrios de la naturaleza.

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Periodista. Fue colaborador del diario Hoy (Extremadura, España) en 1975/76. Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal de TVE en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Doce años corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique".

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