Pablo Martínez Bravo estalla la bomba en “Hasta Palomares”. A puro neutrón

Luis de Luis[1]

 

Entre las imágenes de los años 60 españoles se encuentra, en lugar señero, aquella foto de 1966 de Manuel Fraga Iribarne, a la sazón ministro de Información franquista,  dándose, a calzón subido,  un chapuzón mientras saluda jovial al tendido en la playa de Quitapellejos (impagable nombre)  en Palomares (Almería) para tranquilizar a la población de la ausencia de radioactividad tras un accidente en la zona de la armada estadounidense que derramó, mientras repostaba, cuatro bombas nucleares en el fondo del mar, matarile, rile, rile …

Y esa imagen de alguien tan ajeno a todo lo que fuese la molicie y el disfrute banal como Fraga, macerada por el tiempo y la distancia ha acabado por convertirse e en icono pop y ese accidente nuclear en nuestro Hiroshima cañí por obra y gracia del talento de Adrián Perea que enhebra una desopilante y descarada comedia sin resquicios, desmayos  o descuidos para narrar un episodio nacional nada galdosiano a mayor gloria del disparate hispánico, de Pepe Gotera y Otilio y, sobre todo, del gran Pedro Almodóvar, el enorme cronista de la modernidad española, ese concepto tan indefinible y líquido, tan inaprensible y etéreo, como el bañador de do Manuel. Ni más ni menos.

Y es que “Hasta Palomares” es un confeso y nada culpable homenaje a Pedro Almodóvar, citado, recordado y ensalzado en toda esta espléndida neocastiza y postmoderna obra que comienza narrando la vuelta de una hija acompañada de su novio a su Manderley (Palomares, claro) particular donde será recibida por su madre, reclusa voluntaria – desde 1966 –  para evitar la transmisión de la radiación y la contaminación de la vecindad.

Es fácil suponer que el conflicto está servido y el talento de Adrián Perea no deja que pase de largo para – sin descuidar la trama – plantear un desfile de situaciones y diálogos en los que estallen la comicidad y la hilaridad algo que, sin embargo, no serían posible sin la firme y equilibrada mano de Pablo Martínez Bravo que pone orden en las filas y organiza el tráfico para evitar que este material altamente explosivo ( nunca mejor dicho)  el asunto descarrile en un guirigay o desemboque en un sindiós.

Como sería imposible que esta comedia resplandeciese como lo hace sin la enorme interpretación de José Emilio Vera que hace suyo el personaje de la madre y consigue llevarlo, con pasmosa naturalidad, a un lugar aparentemente imposible, una intersección  donde se encuentran la señora Bates ( hay mucho del Hitchcock bienhumorado en esta comedia) y la portera de 13 Rue del Percebe, Baby Jane y Sor Citroën, Katherine Hepburn y Rafaela Aparicio y ahí, formidablemente escoltado por los atribulados y desconcertados  personajes que Camila Almeda y Manuel Pico, en ese cruce de caminos casi divino y disparatado los protones se ponen a punto de nieve, los electrones entrar en efervescencia y los neutrones en ebullición para que no quede otra que todo explote de puro disfrute atómico.

Tonight, make it magnificent
Oh, tonight, 

Oh atomic

Blondie

  1. Luis de Luis es crítico teatral

 

Ficha artística

Autor: Adrián Perea
Dirección: Pablo Martínez Bravo
Intérpretes: Camila Almeda, Manuel Pico, José Emilio Vera
Escenografía: Kike Uhalte
Vestuario: Andrea Torrecilla
Iluminación y diseño gráfico: Álvaro Nogales
Ayudante dirección Daniel Sanz

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