Los miserables no tienen otra medicina que la esperanza
William Shakespeare
En el histórico teatro parisino de la Renaissance he tenido ocasión de ver Pasaporte (Passeport) una creación de Alexis Michalik que aborda la tragedia del exilio de los emigrantes en Europa, con un tratamiento tragicómico que nos lleva de la emoción al humor.

No es una obra radical en su planteamiento, pero tiene el mérito indudable de ser generosa y didáctica para mejor sensibilizar a un amplio público con tan candente tema de actualidad.
Las creaciones teatrales de Alexis Michalik se sitúan en esa tradición secular de un teatro popular que tiene en Francia raíces profundas desde la revolución francesa. Un teatro accesible a un amplio público y a las clases populares más allá de las elites de la burguesía o de la aristocracia.
Tradición que va del teatro ambulante de Firmin Gémier en 1911 a la creación del Teatro Nacional popular en 1920 impulsado por el ministro radical socialista Pierre Rameil, que designó como director del TNP al mismo Firmin Gémier. Esa creación de un teatro público y subvencionado, popular por su temática y su accesibilidad, es una tendencia que se afirma en 1936 con la victoria del Frente Popular bajo el impulso de los ministros Jean Zay y Leo Lagrange.
Tras el trágico paréntesis de la segunda guerra mundial y la liberación, renace en Francia en 1946 ese proyecto de teatro popular y de descentralización, con la creación por Jean Vilar en 1947 de la semana de arte dramático de Aviñón, en el origen del hoy célebre festival. EL Teatro Nacional Popular (TNP) será reactivado y dirigido por el mismo Jean Vilar de 1951 a 1963.
Todo un vivero de grandes actores, actrices y directores teatrales se integraron en esa época en el TNP. Entre ellos Jeanne Moreau, Germaine Montero, Monique Chaumette, Georges Wilson, Gerard Philippe… etc.
Teatro público y privado, subvencionado y no subvencionado, coexisten hoy en Francia en medio de enormes dificultades económicas. El parisino teatro de la Renaissance es hoy un teatro privado. Michalik, reputado director teatral, reconoce en su formación la influencia del actor y dramaturgo franco libanés Wajdi Mouawadn (director del teatro nacional de la Colina en Paris), pero también de Arianne Mouchkine veterana fundadora del Théatre du soleil, o de Peter Brook, y del teatro de Shakespeare.
Pasaporte o el derecho a la dignidad de los inmigrantes

Los protagonistas de Passeport (pasaporte) son inmigrantes en la «jungla» de Calais y franceses nacidos en este país de origen inmigrante, hombres y mujeres de esta Francia multirracial, de esos que no protagonizan a menudo las obras teatrales sobre todo en el teatro privado. «Mi Francia- dice Michalik- siempre ha sido ese París de la línea 2 del metro, entre Barbes y Place Clichy[1]», cuando explica en una entrevista en la televisión su natural empatía por esos personajes. venidos de Eritrea, Mali, Camerún, Argelia, India, Siria, Afganistán…
El ritmo del relato que Michalik impone en su puesta en escena con la sucesión de los diferentes actos sin transición ni entreacto me ha hecho pensar en la dinámica estructura de un buen guion cinematográfico. «Mis espectáculos no son nunca más largos de una hora y cuarenta minutos», dice Michalik, quien busca mantener constantemente la atención del espectador.
Y como los buenos guiones, su relato puntuado de varios momentos de viva tensión y emoción, llega a un desenlace imprevisto, uno de esos hallazgos que otorga credibilidad a su «deus ex machina».
Su ingeniosa puesta en escena con un decorado móvil, juega con la temporalidad de las dos historias relatadas de forma paralela. Todo va a cien por hora en la sucesión de los actos en los que los propios actores participan en la movilidad del decorado. «Mi preocupación es que el espectador no tenga el tiempo de aburrirse», afirma Michalik.
Objetivo logrado con sus siete magníficos y dinámicos intérpretes, cinco actores y dos actrices que se desdoblan en sus papeles para dar vida a una fábula sobre el duro y difícil camino del exilio en esta Europa occidental cuyas políticas anti emigración ponen cada vez más en cuestión el sacrosanto derecho de asilo y el respeto de los derechos humanos[2].
Dos historias se desarrollan paralelamente. En la primera, sus protagonistas son tres inmigrantes de la «jungla» de Calais que unidos por el destino llegan por fin a París: Issa el eritreo (Jean Louis Garçon), quien recupera poco a poco la memoria, se ve enfrentado al examen oral del OFPRA para obtener asilo político y logra con sus dotes culinarios montar un restaurante propio. Arun el tamul (Kevin Razi) jovial y despreocupado, siempre optimista; y Ali el refugiado sirio (Fayçal Safi) quien era profesor de inglés en su país, y que cita a Shakespeare cada dos por tres: «Los miserables no tienen otra medicina que la esperanza».
A ellos se añade un personaje femenino: Jasmine (Ysmahane Yaqini), la bibliotecaria de la que se enamora el joven eritreo.
La otra historia es la que vive en Calais un joven gendarme negro Lucas Lefevre (nacido en Mayotte y adoptado por la familia de un coronel impregnado de ideas xenófobas). Lucas se ve confrontado a la violencia de la represión de la policía antidisturbios contra los inmigrantes y a los prejuicios de Michel y de Christine (Patrick Blandin e Ysmahane Yaqini) sus padres adoptivos. Una célula familiar que viene a perturbar Jeanne (Manda Touré) joven periodista francesa de origen maliense novia de Lucas.
La palabra Pasaporte que da título a la obra evoca el permiso o la libertad de viajar, ese permiso que el OFPRA, oficina de protección de refugiados y apátridas, denomina «título de viaje» ya que los pasaportes son prerrogativa de los Estados-Nación. Una libertad de viajar y de atravesar las fronteras que es negada hoy en Europa a poblaciones desplazadas por las guerras, la persecución política y la hambruna.
Para el protagonista de esta generosa fábula tragicómica, el pasaporte es la única prueba de identidad de que dispone, pues el joven eritreo apaleado y gravemente herido en la «jungla» de Calais padece de amnesia y no recuerda nada de su pasado.
La denominación de «jungla», como se explica en la obra, es una deformación de la palabra persa «jangal» que significa bosque, utilizada por los refugiados para denominar el lugar en donde instalan sus tiendas de campaña.
El éxito de público y de crítica alcanzado por esta obra teatral, su tema en defensa de los derechos humanos y del derecho de asilo, y su lúcida explicación del fenómeno de la inmigración, no han sido evidentemente del agrado de la xenófoba ultraderecha francesa, presente hoy en numerosos municipios del país.

El pasado mes de junio el ayuntamiento RN (neofascista) de Castres prohibió la programación de la obra Pasaporte de Michalik por estimar que era «una promoción de la inmigración clandestina» y daba «una visión negativa de las fuerzas del orden». La obra estaba programada para febrero del 2027.
Es la primera vez que un ayuntamiento francés asume la prohibición por razones políticas de una obra teatral. Passeport se lleva representando en Francia desde el 2024 con un gran éxito de crítica y de público y nunca hasta ahora se había producido tal reacción.
La difusión de esta obra teatral es a mi juicio muy recomendable no solo en Francia sino en toda Europa en donde estamos enfrentados de nuevo al regreso de la xenofobia y del racismo.
- Barrios populares de París con numerosa población de origen inmigrante, africana y magrebí.
- Les invito a consultar el reglamento de Dublín, las recientes leyes aprobadas por la mayoría de derecha y extrema derecha en el parlamento europeo y la información sobre la lamentable acción represiva de Frontex (policía europea de fronteras).



