Referéndum y Covid-19: la doble crisis de Argelia

Domingo, primero de noviembre. Unos 25 millones de argelinos están llamados a votar sobre la revisión constitucional propuesta por el presidente Abdelmadjid Tebboune (Abdelmayid Tebún) quien lleva poco más de diez meses en su cargo. El último cambio constitucional en Argelia tuvo lugar en 1996.

Desde febrero de 2019, el movimiento (hirak) de oposición al quinto mandato de Abdelaziz Bouteflika generó una crisis generalizada e interminable. Para sorpresa de la opinión, esa crisis condujo a episodios inesperados -a la manera de epílogo de la era Bouteflika- con la condena judicial y encarcelamiento de parte del clan presidencial, incluyendo a varios exprimeros ministros y familiares del presidente caído. Sin embargo, también el movimiento de oposición callejero resultó debilitado. Fue reducido -al menos por ahora- por la represión policial y sobre todo por el choque pandémico. Justo antes del impacto del coronavirus, la “revisión” constitucional se presentó como un gesto del régimen, y del nuevo presidente, para apaciguar a muchos que en la calle lo consideran falto de legitimidad.

Abdelmadjid Tebboune el día en el que fue elegido presidente de Argelia (13 de diciembre de 2019).

El domingo uno de noviembre, fecha elegida para este referendum, es un día festivo. Históricamente está lleno de simbolismo. Es el día en el que empezó, en 1954, la sublevación armada por la independencia de Argelia. Así que ante el reférendum actual, las autoridades han sintetizado su propaganda mediante un lema fácil: “1954, la liberación. 2020, el cambio”. Demasiado fácil.

Al desánimo generalizado por el modo en el que se ha ido apagando el hirak (al menos, en la calle, no tanto en las redes sociales), se une ahora el impacto del coronavirus. Oficialmente, hay unos 60.000 afectados y unos dos mil fallecidos. Y como las desgracias nunca vienen solas, ahora el principal impulsor de la Constitución por “una Argelia nueva” -el mismo presidente Tebboune- añade su propia incertidumbre personal: está hospitalizado en Alemania.

Una maldición más después de que Argelia sufriera durante años el penoso espectáculo de Abdelaziz Bouteflika, quien durante sus dos últimos mandatos ocupó el sillón presidencial gravemente enfermo, sin voz, ni expresividad alguna. Su imagen repetida –durante aquel último y largo período- fue la de un presidente silencioso, inexpresivo y llevado por otros en silla de ruedas. A veces, periódicamente, durante semanas y períodos críticos, sólo se sabía que estaba hospitalizado en Francia o en Suiza. En otras ocasiones, ni siquiera se sabía donde ni cómo estaba Bouteflika.

Caricatura de Ali Dillem en el diario Liberté (de Argel), en vísperas del referendum del 1 de noviembre de 2020.

El secretismo se repite. No se sabe nada cierto de la enfermedad, ni se ha dicho nada sobre el tiempo que durará el tratamiento médico de Tebboune en Alemania. La expresión “aislamiento voluntario” fue utilizada oficialmente al principio, antes de que el presidente argelino acudiera al hospital militar de Aïn Naadja, en Argel, al que se cita como uno de los mejores hospitales del continente africano.

Sobre el terreno, el diario Liberté se cuestiona : “Cabe preguntarse cómo se respetarán los protocolos sanitarios, en lo que se refiere a los votantes, y si el crecimiento del virus no terminará disuadiendo a quienes tienen aún la intención de acercarse a las urnas”. De modo que el desánimo político de los argelinos tiene causas variadas, pero algo queda claro: la abstención será enorme.

La propuesta de nuevo articulado de la Constitución incluye un nuevo apartado referido a los derechos y libertades, incluída la de prensa. Parece correcto a parte de los defensores argelinos de los derechos humanos. Lo mismo sucede con otros artículos sobre los partidos políticos y los derechos de las mujeres. Sólo los jueces podrán disolver un partido o prohibir un medio de comunicación.

Pero en Argelia la experiencia muestra cómo el conjunto del sistema judicial está demasiado acostumbrado a seguir las indicaciones superiores del poder verdadero, por encima de lo que afirmen los textos legales. “El ejército defiende los intereses vitales y estratégicos del país”, reza el artículo 30 que se votará mañana con el resto de la Constitución. Para los líderes y activistas del hirak, eso equivale a seguir manteniendo en la cúspide del auténtico poder a los militares. Equivale a continuar lo que ha habido desde la independencia en 1962: un régimen militar que repinta de vez en cuando su fachada de apariencia civil. Más de lo mismo con otro personaje en la presidencia.

El actual presidente obtuvo oficialmente el 58,13 por ciento de los votos en las elecciones de diciembre de 2019. Pero votaron (oficialmente) apenas el 38% de los inscritos. Y esta vez, desde la retaguardia confinada, el hirak parece inclinarse de nuevo por la abstención. Incluso el Movimiento de la Sociedad por la Paz (exHamas, islamistas dentro del sistema) pide votar en contra, votar No.

El referéndum podría haber servido, quizá, para reforzar esa fachada civil; es decir, al presidente Tebboune. Su estancia hospitalaria en Alemania dificulta hasta la posibilidad de verlo votando. Reaparezca o no, recuerda demasiado al Bouteflika enfermo; siempre rodeado por un grupo restringido de políticos y de parientes avariciosos. En Argelia, recrea demasiado la imagen de la corrupción endémica de la cúpula del poder.

La conclusión es que el Covid-19 debilitó a la oposición callejera hace meses. Ahora golpea al poder en la cabeza. Hace poco más de una semana, días antes de pasar por el hospital de Argel y de viajar a Alemania, se anunció que el presidente Tebboune -gran fumador- se aislaba “voluntariamente” porque varios de sus colaboradores inmediatos fueron diagnosticados positivos de coronavirus.

Los argelinos están sometidos a las medidas habituales contra la extensión del Covid-19, pero no al confinamiento pleno. Podría reinstaurarse en días. Y entre las peticiones y manifiestos que circulan contra la campaña oficialista por el Sí a la nueva constitución, se citan muchos mítines sin apenas medidas de seguridad sanitaria. Una imagen contraproducente.

Medios cercanos al hirak subrayan que “en medio de una crisis profunda” se está proponiendo al país una nueva constitución en un momento absolutamente inadecuado. Es un error absoluto del poder. Y esos medios opositores ya ni siquiera abundan todos los días en las formas defectuosas -que podrían seguir señalando y denunciando- en lo que ha sido el proceso de elaboración del nuevo texto constitucional.

Los argelinos han aprobado ocho textos constitucionales desde la independencia [en 1962]. De modo que no parecen nada lógicas las prisas para aprobar una novena constitución del país en medio de una crisis sanitaria global.

Desgraciadamente para el presidente Tebboune, su enfermedad repentina en las jornadas previas a la apertura de los colegios electorales amenaza con debilitarle políticamente aún más. Y su proyectada legitimación queda en entredicho.

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Periodista. 1976, colaborador del diario "Hoy" (Extremadura, España). Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal de TVE en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como de varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y consejero del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Es corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique".

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