Rozalén: una artista que sabe y enseña a vivir

«Dejaos llevar, confiad. Bienvenidos a ríos de canciones”… Esta fue la premisa que ayer impuso Rozalén. Así Será mejor y El hijo de la abuela rompieron el hielo en el Teatro Bulevar de Torrelodones (Madrid).

Rozalen ABR2019

“Todavía no me lo creo”, repetía, “con lo que costó meter a veinte personas en un bar…”. El concierto comenzó con los versos de Benedetti, No te salves; filosofía que según Rozalén todos debemos seguir; no conformarnos y siempre vivir. Así llegó Vivir, esta canción que grita a los cuatro vientos que la vida hay que vivirla aunque las circunstancias nos digan lo contrario. 

Justo, era el hermano de su abuela, fallecido en la guerra y desaparecido en combate, por desgracia una historia que comparte con más personas de las que quisiera. Llegó el turno de las nuevas generaciones, que bailaban al son de sus acordes y rezaban sus letras como si del padrenuestro se tratase. Las hadas existen fue interpretada por más de treinta niños a los que Rozalén solo pedía que bailaran, que cantaran, en definitiva, les dio libertad. 

Aforo limitado, no más de 400 butacas, el ambiente idóneo para que la confianza y las confidencias volaran por el auditorio. Como si estuviésemos sentados en una mesa camilla con las manos en la brasa, Rozalén recordaba como conoció a Kevin Johansen, siempre con alguna que otra gota de alcohol antes de verle, apostilló. 

Rozalén es imparable, tiene esa clase de carisma, de aura, que te lleva consigo.

El concierto no frenó a pesar de algún fallo técnico, y  gracias a ello, pudimos oírle cantar a capella y guitarra en mano entonó, «Ay de mi, llorona»; esa, es su forma de relajarse… “Perdonad los errores, pero estamos muy ilusionados”, se disculpó, “vamos a hacer algo, quizás, importante”. 

Antes de que llegara uno de los temas más esperados, se sucedieron sin un descanso, ni por su parte, ni por la del respetable, Me arrepiento, Tu nombre, Asuntos pendientes, Somos, Bajar del mundo y Vuelves. Llegó el turno del amor, no de cualquiera; del incondicional, del que está ahí a pesar de todos los pesares, Comiéndote a besos. 

Entraba la contrarreloj y los bises, acompañada de su banda de “toda la vida, sí, es mi nombre, es mi cara, pero sin ellos no soy nada”, confesaba. A la que hay que sumar su alter ego, Beatriz Romero, con quien ha iniciado una revolución sensorial de la música mediante la lengua de signos. 

El público se rindió ante el encanto de su música y nadie pudo permanecer sentado con 80 veces, Saltan chispas y Dragón Rojo. Como broche de oro, una canción que, aseguran sus incondicionales, ya la han convertido en himno, La puerta violeta. Para despedirse puso dos opciones encima de la mesa; en la vida se puede bailar o no, y Torrelodones bailó al son de Girasoles y Respect. 

Ella es de clase de personas que cualquiera se comería a besos. Será mejor que vayan a verla, una y 80 veces y que nunca se quede como un asunto pendiente para no arrepentirse. A pesar de que a veces nos queramos bajar del mundo, ella siempre vuelve para hacernos saltar chispas, para pintar una puerta violeta y para proyectar mil y un girasoles. 

Demostrando que puede haber un amor prohibido siempre que sea Justo para los dos, porque no se si han dado cuenta pero las hadas existen, aunque para apreciarlas hay que vivir.

Ella es una de ellas y solo pide un deseo que se cuiden y cuiden a los que tiene cerca, eso si, siempre con respeto.

¿Su nombre? Rozalén. 

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