Rumbo a Mondiacult 2022: Iberoamérica, Cultura y Desarrollo

En artículos anteriores, días 15 y 24 de mayo, hemos señalado, en primer lugar, la gran importancia que tuvo Mondiacult 1982 orientando los trabajos posteriores de la UNESCO y de otras instituciones y, en segundo lugar, nos hemos referido a algunos de ellos en la línea del tiempo que nos lleva hacia Mondiacult 2022, que se celebra a finales de septiembre en Ciudad de México. Seguiremos ahora avanzando por esa línea del tiempo.

Y no podíamos dejar de referirnos al Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 2004 titulado «La libertad cultural en el mundo diverso de hoy» en el que bajo el magisterio de Amartya Sen y de la mexicana Lourdes Arizpe, entre otros, se afirma que «El desarrollo humano requiere más que salud, educación, un nivel de vida digno y libertad política. El Estado debe reconocer y acoger las identidades culturales de los pueblos y las personas deben ser libres para expresar sus identidades sin ser discriminadas en otros aspectos de sus vidas. En resumen, la libertad cultural es un derecho humano y un importante aspecto del desarrollo humano y, por consiguiente, digno de la acción y atención del Estado».

Se afirman pues las políticas multiculturales que promuevan la diversidad y el pluralismo y se entiende el desarrollo como un proceso continuado de ampliación de las capacidades y las opciones de las personas.

Estamos -como decía el economista José Antonio Alonso en el artículo «Cultura y desarrollo: bases de un encuentro obligado» (Revista de Occidente, 2009)- ante la defensa y promoción de la libertad del ser humano para definir y asumir como propios determinados referentes culturales.

¿Y qué ocurre en el espacio cultural iberoamericano?

Iberoamérica no es ajena a esta realidad desde que México y España pusieron en marcha las Cumbres Iberoamericanas con la organización de la primera de ellas en Guadalajara (México, 1991). La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) han trabajado y trabajan sobre dicha realidad; trabajo que se refuerza a partir de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, como veremos más adelante.

Dejamos también para más adelante el impresionante trabajo desarrollado por España a través, sobre todo, de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

De gran importancia fue la Carta Cultural Iberoamericana considerada como un antes y un después de la cooperación cultural iberoamericana. Liderada por la OEI que la lleva a las Cumbres Iberoamericanas de Costa Rica en 2004 y Salamanca en 2005, siendo aprobada en la dieciséis Cumbre Iberoamericana de Montevideo en 2006 y su Plan de Acción en la de Santiago de Chile en 2007, aprobándose el Espacio Cultural Iberoamericano en la de Cádiz en 2012.

Es un referente de la diversidad cultural para favorecer la cooperación y configurar el espacio cultural iberoamericano. Da entrada a la preocupación por los derechos de autor, el patrimonio cultural o las industrias culturales. Con esta declaración política, Iberoamérica se posiciona a favor de la cooperación y la utilización de la cultura como instrumento de dignificación de los ciudadanos y de diálogo entre los pueblos.

La Carta Cultural Iberoamericana es hija de la Convención sobre la Protección y la Promoción de las Expresiones Culturales de la UNESCO. Uno de sus impulsores, Jesús Prieto de Pedro, se refería a ella de esta manera: «Es un instrumento integral y contemporáneo sobre la cultura, que pretende afrontar un amplísimo elenco de las cuestiones y las relaciones que presenta la cultura en la vida actual y, por otro lado, un instrumento para la diversidad cultural iberoamericana concebida como un conjunto cultural complejo que abarca elementos de una cultura común iberoamericana, las expresiones culturales nacionales, regionales y locales, las culturas de las comunidades tradicionales, indígenas afrodescendientes y de poblaciones migrantes, así como toda la gama de subculturas que se dan dentro de ellas. Todo esto son piezas de uno de los edificios de identidades compuestas y en interacción más amplio y rico del mundo, la llamada cultura iberoamericana, respecto de la que la Carta Cultural Iberoamericana busca crear las bases y los cauces para su preservación y desarrollo, tanto hacia el interior de la región, como hacia el resto del mundo».

La OEI y la SEGIB organizan las Conferencias Iberoamericanas de Cultura y los Congresos Iberoamericanos de Cultura, además de elaborar numerosos informes y trabajos sobre Cultura y Desarrollo, industrias culturales o planes de patrimonio cultural.

Y la SEGIB gestiona los denominados Programas e iniciativas culturales (PIPAS), también emanados de la Carta Cultural Iberoamericana –en muchos de los cuales participan México y España- y que son en estos momentos: Ibercultura Viva y Comunitaria, Iberarchivos, Iberescena, Ibermedia, Ibermuseos, Ibermúsica, Iberorquestas juveniles, Iber-rutas, Iberbibliotecas, Red de Archivos Diplomáticos Iberoamericanos (RADI), Ibermemoria Sonora y Audiovisual, Iberartesanías y la iniciativa Ibercocinas: tradición e innovación.

Con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, en 2015, volveremos a hablar de las instituciones iberoamericanas.

Ver también:

Rumbo a Mondiacult 2022: cultura y desarrollo en España

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Americanista. Investigador en instituciones como Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos, Comisión Europea, UNESCO y Fundación Carolina. Autor de numerosos libros y artículos sobre América Latina y sus relaciones con España.

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