Tristes tiempos tras las dos guerras mundiales que asolaron la Tierra

Cuaderno de bitácora. Undécimo día del primer mes de 2026

Son días de mucha incertidumbre, de mucha confusión y de mucha desazón. La Flota Estelar fue creada después de las grandes guerras que asolaron y arrasaron gran parte de la Tierra, conflictos en los que participaron decenas de países divididos en dos claros bandos, aunque dentro de ellos también existían sus diferencias, animadversiones, desconfianzas y cuentas pendientes, que ya se saldarían cuando lograran imponerse al otro bando.

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La gran diferencia y el motivo de los enfrentamientos fue que, en uno de los bandos, los dirigentes de los países que lo integraban tenían en común que eran gobiernos autoritarios, si bien su acceso al poder fue por la vías democráticas establecidas en sus respectivos países, pero una vez instalados en ellos, en esos gobiernos, reventaron las costuras democráticas para imponer su ideario político donde no tenían cabida quienes no aceptaran el nuevo orden.

En esos países fueron perseguidos los intelectuales críticos con el sistema; los periodistas que intentaban ejercer libremente su profesión e intentar informar con objetividad de las situaciones que se iban viviendo; los políticos que no aceptaron la vulneración de la legalidad vigente; los sindicalistas que intentaban defender los derechos de trabajadores y trabajadoras.

Por supuesto, fueron perseguidos los que no comulgaban con la religión oficial que impusieron quienes pertenecían al canon físico establecido como superior en cada lugar, y por supuesto a quienes tenían orientaciones sexuales distintas de las heterosexuales. Las persecuciones comenzaron pronto, al principio de manera más sibilina pero finalmente se convirtieron en auténticas cacerías amparadas por la legalidad que impusieron. Se crearon campos donde se concentraba a los que ellos consideraban indeseables, llegando a las deportaciones masivas entre países y a la solución final, que no fue otra que el exterminio.

El fantasma del autoritarismo se impuso en buena parte del mundo, y fue necesaria una gran coalición de países que, supuestamente, creían en los gobiernos democráticos (bien por su acceso al poder vía elecciones y partidos políticos o bien por gobiernos con partido único pero donde el poder, también supuestamente, residía en el pueblo). Esta unión precaria de aliados fue suficiente para que se pudiera hacer frente a esos gobiernos autoritarios.

El primer gran enfrentamiento duró algo más de cuatro años obteniendo una victoria precaria sobre esos ejes antidemocráticos. El segundo gran enfrentamiento duró seis años. Ambos conflictos dejaron decenas y decenas de millones de personas muertas en los enfrentamientos entre las fuerzas militares, entre la población civil y en los campos de exterminio.

El final de esa guerra acabó cuando se utilizaron por primera vez bombas atómicas sobre poblaciones habitadas en un acto muy cuestionable, que más bien pareció una demostración de fuerza de uno de los principales países de la coalición para dejar clara la inmensa fuerza de la que disponían.

A raíz de esa devastación se generó el nuevo orden internacional que nos ha traído hasta nuestros días, en el que mal que bien hemos ido construyendo las sociedades actuales. El triunfo del bando de los aliados, que ya dijimos que tenía sus diferencias, supuso un enfrentamiento frío entre las potencias que lo componían, ya que sus visiones políticas de las sociedades eran completamente antagónicas. Pero se temían tanto que hubo pactos de no agresión bajo la amenaza de la destrucción total de la vida humana en la tierra.

Los organismos internacionales de todo tipo, muchos de ellos bajo el paraguas de las Naciones Unidas, fueron los encargados de resolver los conflictos entre naciones por vías pacíficas de negociación y acuerdos, y ciertamente han dado un grado de estabilidad y tranquilidad internacional nada desdeñable.

Estas organizaciones no impidieron que hubiera conflictos bélicos, muchos, ni pueblos que hayan sufrido las agresiones y ocupaciones de otros, Que no haya habido intrusiones en los gobiernos elegidos por parte de las grandes potencias cuando no eran afines a sus intereses, lo hemos visto demasiado a menudo para ignóralo, y ocurrió en los dos grandes bandos que surgieron al final de las grandes guerras.

Pero sí que ha habido un cierto orden internacional que ha permitido el desarrollo y el progreso en gran parte de la Tierra. Ahora, eso está siendo dinamitado por los gobiernos que precisamente tenían el poder para garantizar ese orden. Los tres o cuatro grandes países ya no quieren saber nada del derecho internacional, de organismos, de negociaciones, de acuerdos. Han decidido imponer su voluntad porque son los más fuertes y el resto de países deberemos someternos a su voluntad. Y en el resto de países no parece que pueda haber capacidad de respuesta. Europa que podría ser un contrapeso está ensimismada.

En la Flota Estelar, creada por la comunidad internacional, las órdenes que recibimos son contradictorias y nos tememos que nuestro futuro esté en llevar esa confrontación y sumisión al espacio. Lo que nació como un sueño de la humanidad se puede convertir en una pesadilla dantesca.

Luis González Carrillo
Cordobés de nacimiento y comunero al vivir en estas tierras de Madrid desde su infancia. Funcionario de la administración local, redactor de miles de informes y comunicaciones que le han permitido ganar la concreción y claridad necesaria, eliminando todo lo accesorio, para componer poemas con la métrica japonesa del haiku, tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, habiendo editado dos libros con estas composiciones, Haikuario y En la frontera; esa misma experiencia, y sus lecturas, le han permitido comentar más de cien libros de novela y ensayo publicados en diversos medios locales. Desde hace dos años, además de seguir con el haiku, viene publicando de manera regular artículos bajo la denominación de Cuaderno de bitácora, en un claro homenaje a la serie Star Trek, consiguiendo un observatorio ideal para expresar sus opiniones sobre el presente, el pasado y el futuro de todo lo que acontece en el mundo natural, político, social o personal.

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