Una noche con Lewin

Fiesta salvaje, bolas de pop y viaje espacial tras una noche con Lewin

Lewin-galileo

Me gusta el cosmos Lewin. No es un universo fácil. Está poblado –como sus canciones- por animales, montones de mierda, camiones de basura y tristeza espacial. A pesar de la pena manifiesta que se respira en algunos de sus temas, ayer el señor Lewin organizó una Fiesta Salvaje –para unos pocos- en la sala Galileo (Madrid).

Vestido con una camiseta de peregrino –con la flecha amarilla que guía hacia Santiago- Andrés desafío al calor en un concierto íntimo, acompañado en el escenario por guitarrista y contrabajo.

Les confieso que me rio yo de las fiestas de la Paloma –que se celebran estos días por Lavapies- pobladas de todo tipo de fauna urbana. En el concierto de Lewin había fauna de la de verdad: hipopótamos, jirafas, tigres, gatos mascota que se replantean el mundo y perritas que hablan francés y que se llaman Puter. Vamos, muy loco todo.

Ir a un concierto de Lewin es entrar en un cuadro surrealista de Dalí. En sus recitales los cuerpos celestes se acercan a la tierra, los perros beben absenta, el gato Ramonet da lecciones de amor… Yo salí de allí defendiendo el Olvido 2.0 y con un Amor exótico en Tel Aviv – a esto ayudó un poco mi acompañante- pero como dice Lewin en este tema, lo negaré ante el Mossad o cualquiera que pregunte.

Aunque Lewin eclipsa, no fue el único en cantar ayer en la Galileo. También lo hizo Vico su compañero de piso, músico, guitarrista y cantautor. Y me gustó, lo confieso. Se marcó un vals con la eléctrica bonito bonito y dejó clarísimo que a él no le gusta bailar.

Volvamos a Lewin, este chico es un mundo de luces y sombras. Por momentos te removerás en la silla pensando ¿qué he hecho yo para merecerme una canción tan triste? Y cuando estés a punto de cortarte las venas o de que caiga una lagrimita te soltará su Manifiesto –contra la depresión- y te partirás de risa.

Hoy con el poso de la almohada y del día después, tengo claro que no deja indiferente. Su música te gusta o no. Tiene algo de extremo, de galáctico, de espiritual… como buen peregrino. Sus conciertos son viajes a miles de kilómetros de aquí. Lewin te subirá a un cometa -el Halley sin duda-, te pedirá que le despiertes, hará de ti una Bola de Pop, te pondrá la flecha amarilla delante de las narices diciéndote que ese es el camino y tu dirás I will come back.

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(... un tal poeta Mattarucco dijo sobre mi) Miradora y oyedora de la vida y de lo que en ella se dora de cabeza pensante y punzante, de malhadadas dudas y sentires sin taras, de corazón que decora sin decoro y que a veces te acaricia y a veces se acoraza; de días maremóticos, ciclotérmicos, multipléjicos, periplásticos... Resumiendo, miradora y moradora, oyedora y halladora. Y musicómana, y teatrómana, y recitómana, y lectómana, y escritómana... en definitiva (y casi con pulso compulsivo), culturómana.

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