Una vez más el héroe epónimo

El pasado 13 de junio se cumplió el ducentésimo trigésimo segundo aniversario (232°) del natalicio del general José Antonio Páez, prócer de la independencia venezolana, a quien un sector de las sociedades de acá y quizás de las de otros países de América han tildado de traidor, y lo hacen tal vez por ignorancia o por complacer a quienes se han encargado de negar el rol protagónico de quien, junto con Simón Bolívar, fue uno de los que más contribuyó para librarnos de la dominación española.

José Antonio Páez, primer presidente de Venezuela
José Antonio Páez, primer presidente de Venezuela

Su participación en la lucha libertaria siempre va a ser motivo de polémica, sobre todo entre quienes ignoran que Páez acaudilló la separación de la Gran Colombia, más por un sentido venezolanista, que por desconocer la autoridad de Bolivar. El ilustre portugueseño logró que Venezuela existiera como nación y evitó que hoy día fuésemos un apéndice de Colombia.

Lo cierto de todo es que, aunque esa actitud separatista pudieran catalogarla de traición, nadie podrá negarle su rol protagónico en la gesta emancipadora de nuestro país.

Según el historiador Wilfredo Bolívar, lo de la supuesta traición de José Antonio Páez proviene del deseo de los historiadores positivistas de finales del siglo diecinueve de encumbrar a Bolívar y disminuir a Páez. Para tal efecto acuñaron un falso histórico que aún se repite: «Páez fue un traidor a los postulados de la llamada Gran Colombia». La ciencia demuestra lo contrario.

Para disipar las dudas, bastaría con leer una carta del Libertador al general Urdaneta, citada en una publicación de Wilfredo. Está fechada el 2 enero de 1830, en la que puede leerse: «Creo que el Congreso debe dividir a Colombia, con calma y justicia. Ninguna oposición debemos poner a Venezuela; porque nadie quiere hacer este sacrificio a favor de una opinión política que combate interiormente con las antipatías. La Nueva Granada no nos quiere, y Venezuela no quiere obedecer a Bogotá. Estamos a mano».

Pero como no es de historia de lo que quiero hablarles, discúlpenme el atrevimiento, pues no es un tema que manejo con facilidad; pero estimé prudente utilizar estos párrafos introductorios para adentrarme en lo meramente comunicacional.

Muchos periodistas y profesionales de otras disciplinas, especialmente si de una u otra manera están ligados con el acontecer del estado Portuguesa, de manera frecuente han llamado a Páez héroe epónimo, por resaltar las proezas del ilustre venezolano, lo cual no tendría nada de raro ni de malo; pero no se dan cuenta de que incurren en algo impropio. Seguramente piensan que epónimo es sinónimo de valiente, de corajudo, de decidido, de intrépido, de figura resaltante de la que podrán sentirse orgullosos o de cualquier palabra o frase con la que se quiera ponderar el rol protagónico del Centauro de los Llanos.

A José Antonio Páez podrá dársele cualquier calificativo, menos el de traidor, en aras de valorar su incuestionable aporte a la libertad de Venezuela; pero decir que es el héroe epónimo de América, de este país o de su estado natal, no es correcto, simple y llanamente porque epónimo es otra cosa.

Según el DLE, epónimo es: «Dicho de una persona o de una cosa: Que tiene un nombre con el que se pasa a denominar una ciudad, una enfermedad, un concepto». El referido registro cita como ejemplo el caso del doctor Alois Alzheimer, que es el epónimo de la enfermedad que lleva su nombre.

Ahora bien, en Venezuela hay municipios, plazas, avenidas, autopistas, cuarteles militares, estadios, bandas de conciertos, agrupaciones corales, comunidades (barrios), escuelas, liceos, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, etc., que se identifican con Páez, bien con solo el apellido o con su nombre completo, de acuerdo con la preferencia del hablante. En esos casos sí está bien usado el adjetivo epónimo, pues concuerda con el significado que al respeto plasma el registro lexical de la Real Academia Española.

A todas esas, cabe recalcar que José Antonio Páez no es el héroe epónimo de Venezuela ni de Portuguesa, por las razones antes expuestas; pero sí lo es de cuatro municipios, cuyas capitales son Guasdualito (Apure), Río Chico (Miranda), Acarigua (Portuguesa) y Sabana de Parra (Yaracuy). ¿Por qué? ¡Porque llevan su nombre?

Es prudente recomendarles a los directores, editores y jefes de redacción de medios venezolanos, que instruyan a su cuerpo de redactores sobre la importancia de llamar las cosas por su nombre. Lo de epónimo con relación a Páez, no es un vicio tan arraigado, por lo cual, con un poco de sentido común, podrá desterrarse, ¡y adiós héroe epónimo!

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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