“Veinteañero a los 40”: algunas conclusiones respecto del (vulgar) plagio del Canal 13

1
0

Francisco Javier Alvear

Recién ayer la parte querellante del caso, el actor Alex Rivera y Marcelo Guajardo, tuvo acceso al dossier compuesto por al menos 13 folios centrales sobre el mismo –como nos confirmó el propio Rivera en conversación telefónica-, en cual aparece un lapidario informe elaborado por la Brigada Investigadora de Delitos de Propiedad Intelectual de la PDI (Bridepi) y que fue enviado con fecha 24 de diciembre a la fiscal oriente señora Teresa Muñoz.

Dicho informe, junto a la acreditación del delito – y luego de las pruebas periciales de rigor-, viene a confirmar lo que ya es secreto a voces en el medio televisivo criollo y vox populi hasta en la propia estación católica de televisión: el guión de la bullada nueva producción dramática del citado canal católico es un (vulgar) plagio; en donde los responsables directos de tal delito (Sergio Díaz, jefe de la guionistas del Canal de Andrónico Luksic y su equipo integrado por Adela Boltansky, José Fonseca, Diego Niño y Rodrigo Urrutia, todos debidamente imputados), en la práctica, se dignaron tan solo a quitar del original “los nombres de pie de firma de sus autores”, como señaló el Rivera en un reciente entrevista que realizáramos al respecto, según trascendidos policiales.

Pero resulta más o menos evidente que, más allá de los detalles puntuales del caso (que ya hemos abordado de algún modo en entrevista con Alex Rivera: La querella criminal del “enfant terrible” del teatro chileno contra el (pontificio) Canal 13 de TV) y de que, contrariamente a lo que se puede creer, el hecho representa una práctica bastante más extendida y recurrente (no son pocas las ideas y las obras que han sido plagiadas en el medio televisivo como el teatral), éste nos deja -además-algunas interesantes conclusiones  que nos parecen sumamente importante de destacar acá: el señor Díaz y su colegas (de fechoría) no solo han perpetrado el consabido plagio sino que se han lucrado indebidamente al vender  (hecho celebrado al más puro estilo gánsteril con champán en el Liguria) tal dispositivo (en el lucrativo mercado de las (feco)novelas televisivas), nada más y nada menos, que a su propio canal de TV.

O sea, en la práctica y visto de otro modo Díaz y sus secuaces – al calor de las pruebas- les ha robado a Rivera y Guajardo, por un lado, y, por otro, al propio señor Luksic, su jefe (y ya vemos no solo por venderle un dispositivo robado).

En efecto, no se termina de entender, ¿cómo es que este señor siendo jefe de guionistas del Área dramática del Canal Católico –por lo cual percibe una jugosa remuneración y cuya función es, precisamente, producir guiones- opere al mismos tiempo virtualmente como ‘vendedor’ de los mismos al área que es de su propia responsabilidad y en su canal? Otra práctica bastante más generalizada de lo que se cree (ya que es sabido hasta “que venden refritos de varios autores e inclusive sus auto-plagios”). Todo con tal de lucrar en el especulativo y lucrativo negocio antes referido: Si esto no es de suyo un ilícito, es al menos una manifiesta incompatibilidad, cuando no una flagrante inmoralidad.

Por otro lado, resulta de una extrema gravedad, también, que esta gente sea eventualmente número puesto –a partir de su débil experticia- en nuestra institucionalidad universitaria e incluso cultural, ya sea formando a futuros creadores en centros y casas de estudios o asignándoles recursos en algunos de los fondos creativos por los que suelen ser solicitados en calidad de jurados ‘expertos’; como es el caso de la señora Isabel Troncoso, respecto de la cual el citado informe de la Bridepi asegura “que al tener acceso al contenido, también logró que se consumara el plagio”; y que aparece actualmente como ‘flamante’ directora de Comunicación Audiovisual de la Uniacc.

Asimismo, no deja de sorprendernos –pese a su deshonroso historial- la desfachatez y la impunidad con la que actúa el Pontificio Canal 13 de TV; toda vez que, estando acreditado desde el comienzo el plagio, no solo se ha limitado a negar todo este tiempo las serias y fundadas acusaciones que atribuye a “meras coincidencias” y a “prácticas comunes de este medio” (como señaló en su declaración director del Área Ficción de Canal 13 Ignacio Arnold, y otro de los involucrados directamente en los hechos), sino que ha seguido adelante con toda esta farsa teniendo anunciado su apoteósico estreno para el 3 de enero próximo.

Cuestión que habla (muy) mal de este medio de comunicación de masas, toda vez que se trata de un medio de referencia -por no decir derechamente hegemónico en un panorama carente de pluralismo- y, por si fuera poco, vinculado a la Iglesia Católica, aun cuando sea, hoy por hoy, tan solo doctrinalmente. Lo cual no le ha impedido –por lo demás- acumular la sarta impresentables de actuaciones en su historia reciente, para no hablar de sus pecados de hace cuarenta años.

Cabe señalar -finalmente- respecto de las meras coincidencia entre ambas teleseries, que por su parte el propio perito de la PDI, Claudio Peña Melo, en su informe Nº de rol 1478-2015, señaló que “se han encontrado similitudes importantes en la idea central o argumento principal de ambas obras, es decir en su columna vertebral, diferenciándose únicamente en detalles e historias paralelas a esa principal, (…) Por lo tanto se puede establecer que el texto u obra impugnada Veinteañero a los 40 ha copiado la idea central del texto u obra Qué hay de nuevo viejo”.

Artículo publicado en revistapuroteatro.com

1 Comentario

  1. Estoy bien alejado de las telenovelas; en una excepción me he interesado por este artículo. No me extraña.Es cierto que existen coincidencias en el proceso creativo y es así que historias como la de Romeo y Julieta, deben haber varias antes de la obra grandiosa de Shakespeare.
    También es bien cierto que hay abundancia de plagios, copias, etc. a “cara de palo”, hoy más justificado-racionalizado por la facilidad del “copiar y pegar” que hace sentir legítimo tomar la creación de otro y usarla como propia como “un derecho”.
    Cuando estudié periodismo (U. de Chile 1972-1976) más de alguna vez, un profesor (que se desempeñaban en los medios, especialmente en la TV) copió las ideas de los alumnos expresadas en una “inocente” tarea de clases, sin más. En la agencias de publicidad, se copiaban literalmente las ideas y la misma gráfica de publicidad de revistas como Time, Playboy, Life, etc. El afamado personaje “Don Francisco”, en su programa “Sabados Gigantes” hacía debutar en Chile programas que ya habían tenido éxito en los EE.UU., como por ejemplo las “cámaras indiscretas”, en un verdadero calco.
    En el mundo universitario, he visto a investigadores, lucirse finalmente con estudios que, en verdad, han efectuado sus alumnos, pero a los que ni siquiera indican como co-autores o colaboradores. Hasta en los libros de historia de afamados autores, es posible dar con plagios.
    Me recuerdo que en Perú, hubo un asunto de gran noticia, por el trabajo de una persona que según investigó y dijo, varias obras del escritor Bryce Echenique eran un plagio. Entonces para mí tomó bastante sentido el hecho de que por inicios de los ’90 lo conocí en una actividad en la Universidad Austral de Chile, en un diálogo con académicos y estudiantes, en que comentó de su obra y la literatura, pero casi, en lo personal, lo sentí como tiempo perdido por mi parte.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.