Varios días de intensa información han transcurrido desde que la Operación Resolución Absoluta con el bombardeo estadounidense de instalaciones militares venezolanas, se saldara con unos cien muertos y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, trasladados a Nueva York para ser juzgados por narcotráfico, lo que es una violación flagrante del Derecho Internacional, como razonan y argumentan numerosos especialistas.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos (EEUU) y Marco Rubio, secretario de estado, han declarado, en principio, que: i) «Vamos a dirigir (Venezuela) hasta que haya una transición fiable, segura y sensata», descartando a la opositora María Corina Machado para esta tarea porque «no tiene el respeto del país» y situando a la vicepresidenta y líder chavista Delcy Rodríguez en el centro del diálogo y la negociación; y ii) el mantenimiento y defensa de la paz sólo será posible si Venezuela entrega a las compañías petroleras de EEUU una cantidad considerable de su petróleo. EEUU administrará el país todo el tiempo que sea necesario.
A la violación del Derecho Internacional, la vulneración de la soberanía de otro país y la violación del principio de prohibición del uso de la fuerza, se añade el robo de recursos que constituyen una parte muy importante de la riqueza del país y, por tanto, de la seguridad de los ciudadanos venezolanos, lo que se justifica con una nueva actualización de la Doctrina Monroe, presente en la reciente Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU, focalizada en la guerra contra el narcoterrorismo, enviando de paso un mensaje amenazante al resto de América Latina, y con la necesidad de hacerse con el petróleo de los demás. Y es que en dicha estrategia se reivindica el derecho a dominar Latinoamérica.
Ha vuelto a resonar aquella frase de Salvador Allende: «Defender América para los americanos, a través de la Doctrina Monroe, ha sido defender América para los norteamericanos».
The New York Times ha considerado que el ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente y pone en riesgo a todo el mundo.
La reacción europea, como tantas veces en los últimos tiempos, ha sido tibia, si exceptuamos a Pedro Sánchez, quien ha condenado rotundamente la violación de la legalidad internacional en Venezuela. España además ha firmado un comunicado conjunto con Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay, en el que se puede leer: «la situación de Venezuela debe resolverse por vías pacíficas, mediante el diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad de pueblo venezolano…». Colombia teme además una nueva oleada migratoria.
También se hace sentir la opinión de las derechas políticas, sobre todo en España, para las que la Operación Resolución Absoluta es otra oportunidad para restablecer la vida institucional en Venezuela.
¿Estamos ante el fin de una era? Lo que está claro es que se rompe la arquitectura mínima del orden internacional y volvemos a la ley del más fuerte y al vasallaje. EEUU no es el juez y policía de América Latina.
Estamos ante el regreso del imperialismo y el poder geopolítico, que parece imponerse en el Este con Rusia, en Oriente con China y en Occidente con EEUU.
Conclusiones
Una causa parece haber sido el petróleo.
Estamos ante una nueva era de intervenciones en América Latina. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional pone el principal foco geopolítico en el continente americano. Nadie más que nosotros «controlará Venezuela». Como ha dicho Jorge Heine lo que busca Washington son «Estados vasallos».
El Gobierno español ha pedido respetar el derecho internacional y una desescalada. Por otra parte, la derecha se ha mostrado eufórica hasta el cuestionamiento de María Corina Machado.
En cualquier caso, la operación contra Maduro ha dividido América Latina, entre los que la condenan, como México, Chile, Brasil, Cuba o Colombia, y los que la celebran, como Argentina o Ecuador.



