Víctimas ayudadas

Si de lejos es imposible entender eso de causar víctimas y luego ofrecerles «ayuda humanitaria», puedo imaginar el dolor y la ira de los afectados.

Hay gobiernos como el de López Obrador, que con crueles decisiones y privilegiando obras por mero capricho, merman recursos para salud y educación y empobrecen a su población.

Y cuando está ya bien jodida, la «ayuda» con becas y pensiones de vejez; que en realidad son para tener votantes cautivos.

Hay jefes de Estado como Biden, que entre otras cosas para no seguir siendo tachado de candidato anciano y débil a un año de las elecciones en su país, respaldó con todo a Israel para defenderse de los terroristas de Hamás.

Pero que ahora, tras la destrucción y muertes causadas por los bombardeos de Netanyahu, clama por «corredores humanitarios» que permitan entrar médicos, medicinas y víveres y salir extranjeros, enfermos y heridos.

O como Putin, quien para evitar que Ucrania pudiera salirse totalmente de su órbita, bombardea ciudades, hospitales, escuelas y viviendas matando miles de civiles, pero deja «por humanismo» que otros miles huyan a Polonia sin ser masacrados.

Es difícil que en la espiral de los conflictos puedan conseguirse corredores y pausas humanitarias, que alivien a quienes están desolados por casas y países destruidos y familiares y amigos, heridos o muertos.

Afortunadamente con los días se incrementan las condenas, ya no únicamente hacía los terroristas agresores, sino también a quien se defiende a costos tan desmesuradamente altos, como Israel.

Que adjudicándose derechos que no le corresponden, anunció esta semana que al finalizar su guerra se hará cargo de la seguridad de la Franja de Gaza.

Es curioso que jefes de Estado corruptos como López Obrador, Putin y Netanyahu, toda proporción guardada, tengan en común el sentirse salvadores y transformadores de sus naciones.

Pero como intuyen que están tambaleantes porque solo los apoyan minorías, sus acciones las rige el miedo a perder el poder y ser juzgados en tribunales.

Lo han sido ya, internacionalmente.

Putin está aislado.

López Obrador no es tomado en serio por ningún jefe de Estado decente o cuerdo.

Netanyahu es criticado por no haber anticipado el ataque de Hamás del pasado 7 de octubre y reaccionado hasta que los terroristas mataron 1400 personas y secuestraron 250 residentes de kibutz cercanos a la Franja.

Y la ONU, creada en 1945 con el compromiso de evitar las guerras, encabeza el repudio mundial hasta el momento solo oral y sin efecto, por el desproporcionado castigo israelí a Hamás.

Su secretario general, António Guterres, ha recordado que las luchas entre árabes y judíos por el control del territorio entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, tienen más de cien años.

Y que los ataques terroristas, «no se produjeron en el vacío. El pueblo palestino lleva 56 años sometido a una ocupación asfixiante. Ha visto su tierra devorada por los asentamientos israelíes y asolada por la violencia, asfixiada su economía, desplazada su población y demolidos sus hogares».

Subrayó que Gaza se ha convertido en un cementerio infantil porque Israel ha asesinado 160 niños y niñas cada día; cifra que no incluye, los cientos sepultados por los escombros.

Y en sus colapsados hospitales, los médicos deben decidir a quién dejan morir y a quien salvan, porque no hay insumos para todos.

También enfrenta Netanyahu oposición interna y prominentes figuras del Ejército y el gobierno piden su renuncia o destitución; como Noam Tibon, general retirado que pudo entrar a un kibutz a rescatar a su familia.

«Dejar descubiertas las fronteras, dijo Tibon, ha sido la principal falla en la historia de Israel; error militar y de inteligencia, del que Netanyahu es culpable».

Y los once mil fallecidos por los bombardeos obligaron a Biden a precisar que apoyó su decisión de usar la fuerza contra Hamás, «dejando claro desde el principio que debía hacerlo en forma correcta y cumpliendo las leyes de la guerra».

Son así mismo miles, los civiles victimados en Ucrania en los casi veintidós meses de una guerra que entre tanto problema mundial pareciera que pasó de moda, pero los ucranianos siguen padeciendo.

Y ni en Ucrania ni en Gaza, se ve la paz cercana.

Putin exige que Ucrania se rinda; Netanyahu solo acepta «pausas técnicas» y extremistas árabes y judíos ansían desaparecer a los otros.

De ahí la urgencia que «los corredores humanitarios», que difícilmente llevarán a soluciones militares, se abran a pactos políticos que permitan la convivencia pacífica de los Estados.

Resulta atroz que la locura de unos cuantos, altere las vidas de millones; que además de consecuencias económicas, físicas y morales, tendrán trastornos mentales por haber padecido tanta indignación y miedo.

Teresa Gurza
Periodista. Soy mexicana, estudié la carrera de Historia y soy Locutora, Cronista y Comentarista y Licenciada en Periodismo, pero ante todo reportera. Me inicié en televisión en 1970 y fui reportera, conductora y productora de programas noticiosos; reportera de asuntos especiales de los diarios El Día, UnomásUno y La Jornada, y corresponsal en la Unión Soviética, Checoslovaquia y Michoacán. Por razones familiares, mi marido era chileno, viví en Chile más una década. He recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Nacional de Periodismo en Reportaje y ahora radico en México y escribo artículos para Periodistas en Español y otros medios.

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