Vis a Vis: una peligrosa historia de amor

Miguel Ángel del Arco

portada-vis-a-visLa historia de un camello medio cantautor que se enamora de una activista de ETA, a la que visita en la cárcel de mujeres de Yeserías, y provoca los recelos de la banda y las ganas de venganza de un supercomisario de los primeros tiempos de la guerra sucia, es una trama potente. Es el argumento de Vis a Vis, la novela que acaba de publicar Víctor Claudín en Ediciones Evohé.

El libro tiene diecinueve capítulos que son otras tantas estaciones de un camino de perdición que ha emprendido Gerardo por culpa del amor. Ya era ciertamente peligrosa su senda vital por los trapicheos, por el consumo de drogas, pero ni comparación con lo negro que se le volvió todo por culpa del amor. Un amor que nadie entiende, ni el comisario, ni la organización terrorista, ni la familia de la etarra, ni los amigos de Gerardo

Hay en Vis a Vis claves políticas, sociales y policiales, su escenario es el Madrid de 1983, y sobre esos tres ejes gira la intriga. Empieza la acción con unos matones –policías- que le dan una paliza descomunal al protagonista. Como para abrir boca a indicar el tono y la violencia que va a recorrer las 220 páginas del libro.

En el segundo capítulo se conocen: un concierto, el cantautor se fija en la chica, atracción recíproca y “noche mágica”. Y dos días seguidos en un remolino de pasión que los unió gozosa y fatalmente. Él no sabía nada de ella, solo que era de Santander, que se llamaba Rosa, que era muy guapa y que estaba en Madrid para arreglar unos papeles con la idea de abrir un hotel rural en su tierra.

A la semana, Rosa baja a comprar algo, Gerardo la ve cruzar la plaza desde la ventana y observa a los dos individuos trajeados, policías, que la detienen.

Fue cómo se enteró de que Rosa en realidad era Ainhoa y era una etarra. Y ahí empieza todo. Una novela dura, de intriga, de violencia, de policías franquistas, de etarras fundamentalista, de seguimientos, de chantajes, de presiones, de desconfianzas, y de los vis a vis que logran los amantes en la cárcel de mujeres de Yeserías, donde Ainhoa debe cumplir una condena de 104 años.

Es como empieza esta rara, intensa y peligrosa historia de amor, que se mantiene por cartas y por los vis a vis, que crece, que atrapa y deja tan sin aliento como sin aliento quedan los protagonistas tras cada encuentro en la cárcel.

El escenario es muy reconocible, Madrid, y muestra una etapa de la reciente historia de este país poco novelada, los ochenta, todavía con los ecos del franquismo, recién salidos del golpe del 23F. Una historia negra con el PSOE empezando a gobernar, con continuos atentados, con los dirigentes socialistas poniéndose en manos de los expertos policías fogueados en el franquismo.

Está muy documentado, investigado, con hechos que se pueden rastrear en las hemerotecas, desde la ola de frío polar que llegó en el invierno de 1983, al sexto vuelo del Columbia, pasando por la VII y VIII asambleas de ETA, la guerra sucia o las formas de trapicheo, distribución y consumo de la droga, sobre todo cocaína. Una historia salpicada de nombres propios que la hacen verosímil y comprobable, Perote, el Francés, el Batallón vasco-español, Fraga, Blas Piñar, Tierno Galván, Segundo Marey.

La trama está bien hilada y responde a cualquier prueba de tensión. El hecho de que el supercomisario Ruiz torture a Gerardo y le encargue espiar y averiguar sobre el hermano de Ainoha, el peligroso etarra Rekalde, y que a su vez ETA espíe y siga y recele del propio Gerardo convierte a la novela en un thriller de vértigo y asfixiante que no puede desembocar en nada bueno. La propia presión y desconfianza de la familia de Ainoha, el padre, la madre y los dos hermanos cuando Gerardo los visita, proporciona una atmósfera opresiva e insoportable para el camello-cantautor. Todos habían puesto precio a su cabeza y no parecía tener escapatoria. Si cumple el encargo de la banda, mal, si no lo cumple, peor.

El libro es una suerte de balada del amor, del rencor, de la venganza, de la decepción política, del engaño y de la noche madrileña. Claudín ha logrado un curioso antihéroe, nocturno, aturdido, bebedor, seductor y rijoso camello-cantautor o cantautor-camello metido en una historia de amor que lo lleva al precipicio.

Una novela necesaria que se lee como si fuera negra, que tiene tantos golpes como besos y caricias, tanto miedo como sadismo y tanta pasión como violencia.

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