¡Y todo por culpa de la a!

En 1985, el profesor Alexis Márquez Rodríguez (+), en su libro «Con la lengua», aseguró que la mayoría de las impropiedades en el lenguaje escrito, tienen su origen en el desconocimiento y mal uso de las preposiciones, lo cual ha motivado la existencia de vicios que se han tornado casi indesarraigables, pese a la insistencia de muchas personas que de manera regular han hecho y hacen observaciones en aras de un mejor empleo del lenguaje oral y escrito.

En 1994, cuando comencé a escribir sobre casos relacionados con la expresión oral y escrita, me referí de manera muy somera a la impertinencia de la a, que ya para la época se había convertido en un dolor de cabeza para quienes tienen la escritura como herramienta básica de trabajo, y que se preocupan por hablar y escribir medianamente aceptable, sin pretensiones de eruditos.

Varios han sido los comentarios que a lo largo de estos veintiocho años he dedicado a mostrar las impropiedades en las que la nombrada preposición ha sido la protagonista, y es justo reconocer que a la luz de las observaciones vertidas en los espacios en los que me ha tocado hablar del asunto, muchos han disipado las dudas; pero aun así, continúan las lagunas, y por eso nunca estará demás volver sobre el tema de vez en cuando.

Entiéndase por preposiciones las partículas invariables que sirven para enlazar una palabra principal con su complemento, como: «Vaso de vino»; «Voy a Roma» o «Pinté la pared con pintura de plástico».

Los ejemplos más frecuentes de mal uso son las frases motivado a, en base a, cuyos responsables son personas que se han destacado en el periodismo y en la literatura, lo cual permite colegir que la causa no es el desconocimiento, sino el descuido; pero sea cual fuere la razón, es un asunto ante el cual siempre habrá que decir algo, aunque sea nadar contra la corriente.

No se necesitan grandes conocimientos lingüísticos para saber que en los dos ejemplos se advierte un mal empleo de la nombrada preposición, que conviene conocer en virtud de evitar el mal uso.

En cuanto a la primera frase, es menester advertir que si se dice, por ejemplo: «El profesor no viene a clases motivado a enfermedad», existe una doble impropiedad, pues por un lado se emplea mal la preposición a, y por el otro, el participio motivado. La frase en cuestión puede rehacerse de varias maneras: «El profesor no viene a clases porque está enfermo»; «Por enfermedad del profesor, hoy no habrá clases», o “Motivado por enfermedad del profesor; hoy no habrá clases».

Si se revisa el significado de motivar, motivo y causa, no habrá ninguna duda en cuanto a la imprudencia e impropiedad del ejemplo citado, que desafortunadamente se ha convertido en una especie de comodín al que apelan muchos redactores descuidados.

Lo de en base a, harto frecuente en el diarismo de varios países de América, especialmente en el de Venezuela, a la preposición a se le da un uso que no le corresponde. Eso ha dado píe a expresiones como: «La decisión se tomará en base a lo que arroje el informe»; «El juez dictó sentencia en base a las declaraciones de los testigos».

En el primer caso se advierte que la decisión será tomada con base o sobre la base del contenido del informe. Igual criterio se aplica en el caso del juez, cuya sentencia fue dictada «con base en las declaraciones de los testigos», «sobre la base de las declaraciones de los testigos» o “basada en las declaraciones de los testigos». Son tres formas propias de expresar una misma idea; pero muchos apelan a la impropia.

Pero, pese a que los ejemplos citados se han arraigado, no son ni deberían ser tan preocupantes, como el hecho de que hoy día en medios digitales está comenzando a ser frecuente la supresión de la preposición a, como por ejemplo: «Hoy va ser una jornada de mucho trabajo»; «Dijo que va ver si puede asistir»; «Va averiguar cuáles son los requisitos para la inscripción»; «Ella va haber si le permiten una apelación».

En los tres ejemplos se nota claramente la supresión de la preposición a, que como dije anteriormente, ha comenzado a ser frecuente en los medios de comunicación que utilizan la Internet como plataforma. Además, en el tercero de los casos citados, se confunde ver con haber.   

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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