Get out of your limo and walk around! El prestigioso Paul Krugman, le ha dicho a un importante diplomático de su país, Andrew Puzder, embajador de Estados Unidos en Berlín, que si de verdad cree las cifras que le indican que Alemania es tan pobre como Mississipi o Virginia Occidental, lo único que le queda es «salir de su limusina para caminar en torno a él mismo» para convencerse de que lo que dice es erróneo.
En Europa, hay mayor espacio para el ocio, mejores sistemas de salud, más igualdad, menos emisiones de carbono, replica también Gabriel Zucman, francoamericano, director del Observatorio Europeo de la Fiscalidad.
La pobreza crece donde lo anterior va desapareciendo más rápidamente. En EEUU muchos ciudadanos navegan a la deriva del buque nacionalista y casi sordos a muchas evidencias económicas, sociales o económicas. No todo va viento en popa en Europa, cierto; sin embargo, hay que alejarse a la vez del «trash-talking [hablar basura] sobre la economía europea y del triunfalismo americano», advierte Krugman.
Para Zucman (39 años), las dos potencias económicas tienen una productividad similar, «globalmente comparable», dice como director del Observatorio Europeo de la Fiscalidad.
Joven economista, Zucman es muy conocido por sus investigaciones relativas a la relación estrecha de las desigualdades sociales con los fraudes financieros y los paraísos fiscales. Sus propuestas están en el origen de debates recientes en varios países donde –sin romper el sistema capitalista– existe un impulso político que pretende afrontar la multiplicación en espiral de las desigualdades de todo tipo.
Gabriel Zucman ha preconizado que se implante un impuesto mínimo del dos por ciento sobre el patrimonio de los multimillonarios de todo el mundo. Una proposición que se incluyó en un informe requerido por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que éste presentó a su vez a los líderes mundiales participantes en la cumbre del G20 celebrada a mediados de noviembre de 2024 en Río de Janeiro.
En Francia, la llamada taxe Zucman ha sido debatida en la Asamblea Nacional, sin resultados finales: su adopción inicial en la Asamblea fue revertida en el Senado francés (en junio). La izquierda la reintrodujo en los últimos debates presupuestarios impulsados por el primer ministro Sébastien Lécornu, hasta que el 31 de octubre de 2025 fue de nuevo rechazada con los votos del macronismo, la derecha clásica y el Rassemblement National de Marine Le Pen.
Razones contra el europesimismo económico
Los prejuicios estadounidenses –según Zucman– se concretan incluso en párrafos de la reciente publicación de su renombrada National Security Strategy.
En sus líneas fundamentales, los partidos euroescépticos se realimentan de esa Biblia trumpista para predicar la anulación continuada de impuestos de las grandes corporaciones y la anulación progresiva de los derechos sociales.
Gabriel Zucman afirma que expresiones como las del embajador Puzder se basan en el autoconvencimiento de la Administración Trump, que describe con euforia un crecimiento económico suyo e imparable. Pero «si tenemos en cuenta los precios, no hay milagro americano, tampoco estancación europea», señala Zucman, quien añade: «El PIB por habitante resulta rectificado por las diferencias del coste de la vida, que ha aumentado un 70 por ciento en los EEUU desde 1990, contra un 62 por ciento en la UE; por lo que la el crecimiento [de verdad] de EEUU es del 1,6% frente a un 1,6% de la UE».
Por otro lado, la baja del porcentaje del PIB es común a Europa y a EEUU, respecto al PIB mundial: desde 1995 ambos pasaron del veinte por ciento al 15% cada uno, según Zucman que describe lo anterior como el primer mito que erróneamente maneja Washington.
El segundo mito del trumpismo sería el de una Europa improductiva, que tiene un PIB similar al estadounidense, aunque con más población (450 frente a 340 millones de habitantes).
Segundo mito falso (Zucman dixit). En general, todo el mundo sabe que los europeos tienen más vacaciones, más tiempo para el ocio y una semana de trabajo más reducida. Porque Zucman lo que considera es la productividad horaria: en los seis países que conforman el núcleo duro de la UE (Alemania, Francia, Italia, España, Países Bajos y Bélgica), «que tienen 290 millones de habitantes, [la productividad por hora] es casi idéntica a la observada en los Estados Unidos », según el Laboratorio sobre las Desigualdades Mundiales, informa Le Monde.
Zucman reflexiona a continuación sobre el mismo error trumpista y apunta a las economías «ligeramente» más débiles de los países del Este. Rechaza ese segundo mito trumpista dejando claro que «no obstante, la diferencia es moderada», incluso si se tienen en cuenta también a esos otros países miembros de la UE.
No hay, pues, esclerosis europea y el ritmo económico es parecido desde hace tres décadas.
El tercer mito de la perspectiva EEUU/UE sería la producción (productivisme) de bienes y servicios. Zucman contrapone a la visión de Trump, además del tiempo libre de los europeos, su mayor esperanza de vida y los menores niveles de desigualdad en el conjunto de la UE, mientras mantiene una productividad sólo aparentemente similar, pero que es en realidad más elevada en la UE.
Para apuntalar esa idea, Gabriel Zucman valora los costes medioambientales más duros que permite el país norteamericano, con peores emisiones de carbono que la UE.
«Eso no significa que la UE no necesite reformas, pero no hay que equivocarse de combate. Lo que es urgente no es desregular sino invertir en investigación y educación».
Pero, además, EEUU es mucho menos (¿poca cosa?) sin California ni Tejas.
Y al apoyar a su colega Zucman, el premio Nobel Krugman compara las cifras de EEUU si se restara la aportación de Tejas y California, donde se alojan las corporaciones de Sillicon Valley. El resultado es demoledor contra las estadísticas de la Casa Blanca y sus expertos: habría que restar casi un tercio al conjunto USA, si se hiciera eso. Por cierto, en California ya ha habido algunas demandas minoritarias –no sé si anecdóticas– para lograr un referéndum de independencia de ese estado… que Trump detesta.
Según otro economista, Brad DeLong (citado por Krugman), en EEUU se suele subestimar la economía de la UE, todos los demás sectores que no son las tecnológicas digitales; también por la constante sobrevaloración de las grandes corporaciones de Sillicon Valley, autococinadas en su permanente burbuja.
Krugman alerta contra el prejuicio frecuente –políticamente intencionado– que identifica los progresos de esas grandes tecnológicas digitales con el bienestar de los ciudadanos.
Las claves de la prosperidad europea siguen estando donde se señaló antes, en los campos en los que habría que invertir mucho más: en el sistema educativo y en la investigación. Algo muy alejado de lo que nos repiten quienes viajan siempre en limusina.



