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Yolanda García Serrano: ¡Corre!

¿Pueden dos hermanos ser tan distintos? ¿Puede el uno ser honrado, pulcro, abnegado y el otro un ladrón multiadicto y reincidente? ‘Huir’ y ‘avanzar’ son los dos valores de la palabra ‘correr’ según el Diccionario: Correr delante de la policía o correr para superarse a sí mismo, he ahí el dilema.

¡corre! escena
¡corre! escena

Para elegir el segundo hace falta fuerza de voluntad, algo de lo que carece Kiko, único hermano de Emma. Sin embargo, y sólo para complacerla, esta vez se decide a correr por sí mismo. “¡Corre, Kiko, corre!” oímos animar a la ingenua hermana en un cierre de obra que nos dejará baldados.

¿Servirá de algo? Al final lo sabremos. Ella es una joven maestra recién casada que espera su primer hijo y quiere dejarlo todo claro con Kiko, al que teme hasta la pesadilla. Pero lo de maestra marcará muy bien la vocación redentora de la hermana para con el hermano que está entre rejas por algo que nunca sabremos bien. Kiko es multirreincidente y siempre, siempre, desde que era niño, le ha dado problemas a Emma. En la cárcel recibe la visita de Emma, una visita en principio obligada porque ha de comunicarle dos cosas: la muerte de su madre (la de ambos, aunque ambos se refieran a ella como “tu madre”) y la herencia, compartida también por ambos, de un piso cuya venta debería suponer un cambio muy positivo en sus vidas. Una visita de trámite que arrastrará a Emma a la perdición mientras que su hermano tampoco se salvará. Todo ha sido para nada, prueba de que siempre todo puede ir a peor.

¡CORRE! transcurre a lo largo de un año, desde el invierno en que Emma visita a su hermano en la cárcel, por primera vez en mucho tiempo, hasta la primavera cuando las ganas de correr de Kico determinan el futuro de ambos.

En ¡Corre! tenemos, por encima de toda consideración, un texto de factura impecable que deja muy a las claras la atracción que experimentamos hacia el abismo y que no siempre podemos ayudar a los que amamos. En primer lugar, porque casi siempre lo que les podemos dar no es lo que ellos necesitan, a veces incluso hasta puede serles perjudicial (el dinero del piso en este caso) y en segundo lugar, porque cuando alguien se empeña en hundirse, lo más probable es que arrastre en su caída a los que intentan ayudarle. “Caída, ¡qué palabra tan bonita para describir toda esta mierda!”, lanza Kiko a la cara de Emma, su pulcra hermana.

Porque resulta que Emma en sus visitas rutinarias, cada vez más frecuentes a pesar de que la cárcel queda lejísimos, ha descubierto a otro Kiko que, mezclado con los recuerdos de infancia, se acaba convirtiendo para ella en una obsesión. Una obsesión salvadora y redentora. Ello le hace suavizar su mirada sobre él y la llevará incluso a defenderle ante la opinión del mundo, de los otros, incluyendo a su marido que la quiere salvar de las garras de él. Kiko es un embaucador que ha aprendido mucho entre rejas, un fullero, un mentiroso, pero también, y así lo comprendemos todos, un ser mucho más íntegro que muchos que andan libres y honrados lejos de la cárcel y dentro de ella. Le importa el dinero, claro que sí, pero no le importa tanto como ella, su único afecto, “su ser querido”. Esto, que él usa con tino y cautela, da risa. Ella acaba riéndole las gracias (todos se las reímos como espectadores), pero por fin consigue que Kiko, lejos de culpar a su madre como viene haciendo hasta ahora, o a su “mala suerte”, acabe reconociendo que es él mismo (“algo dentro de mi cabeza”) quien siempre acabe arruinándolo todo y sin remedio. Kiko es ahora, más que una mala persona, un perdedor nato, un ser que es malo sobre todo consigo mismo y un ser que haga lo que haga, siempre la acabará cagando. Y Emma acabará defendiendo sus causas, apoyándole en sus ansias de redención. Ansias engañosas y desbaratadas al minuto, pero que provocan en los dos una transformación mutua.

Y total -y esto es lo más desolador- tanto esfuerzo para qué. Para lo dicho. Porque Emma quería librarse de su malhadado hermano de una vez y para siempre y seguir su vida en paz, pero no así. ¿Y cómo es así? Así es como acaba todo. Y así es como no se lo va a poder quitar ya nunca de encima. Ni con el traslado a otra ciudad, ni cuando nazca su niño, ni cambiando de genes. Nunca, nunca se va a librar de él con este final tan sorpresivo como esplendentemente bello, sin remisisión.

Las funciones de ¿Corre! en la Sala Mirador acabaron el día 10 de abril, después de prorrogarse 10 días más de lo previsto, pero seguramente, debido al entusiasmo del público, se programará de nuevo.

  • Título: ¡Corre!
    Dramaturgia: Yolanda García Serrano con la colaboración de Joaquim Oristrell
    Dirección: Yolanda García Serrano
    Diseño de Iluminación: Manuel Fuster
    Diseño de Escenografía: Carlos Aparicio
    Composición musical y espacio sonoro : Mariano Marín
    Diseño gráfico: Leticia Rivillas
    Fotografías: Antonio Tiedra
    Reparto: Antonio Zabálburu y Nur Levi
    Producción: Sabre producciones de José Sámano y Yolanda García Serrano
    Reseña de la sesión del 10 de abril de 2016
    Sala Mirador (Doctor Fourquet, Lavapiés)

Sobre Nunci de León

Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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