1977: El año que volvimos a ser libres

Cuando está a punto de finalizar este año 2017, viene al pelo un librito facsímil editado en su día por la Fundación Francisco Largo Caballero, de la UGT, el cual analizaba lo que significó un ya lejano 1977 del que ahora se cumplen 40 años, que pretendía “recuperar la memoria histórica de los acontecimientos que se produjeron durante aquel año, que fueron definitivos para el restablecimiento de las libertades democráticas en España”.

Cuatro décadas después, y cuando vivimos en plena democracia, aquellas cosas que sucedieron pueden llegar a resultar increíbles, pero créanme que tuvieron su realidad, su vigencia, en el día a día.

Conrad-1977-libres

En aquel 1977: entre otra muchas cosas, desaparecía el llamado Sindicato Vertical, al que todos los trabajadores (“productores” éramos denominados), estábamos obligados a cotizar, pues en aquella España Grande y Libre solo había un Dios, un Caudillo y un sindicato. Desaparecía también el partido único, llamado del Movimiento, mientras se legalizaba al Partido Comunista, con el correspondiente ruido de sables en las salas de mando de los cuarteles de un ejército que se consideraba vencedor. Junto a todo ello, miembros de la ultraderecha española asesinaban en su despacho a un grupo de abogados laboralistas de la calle Atocha, de Madrid.

Pero sobre todo, el 15 de junio de 1977 fue un día muy especial para un país que comenzaba a desperezarse, a levantar cabeza por las rendijas de la libertad, porque en dicha fecha millones de españoles conocimos por primera vez el valor de la palabra democracia, tras 40 años de dictadura en la que había permanecido silenciada. Los medios de comunicación de la época describieron la fecha con estos titulares: “Vota a Gundisalvo” (viñeta de Mingote en ABC); “El poder vuelve al pueblo” (Diario 16); “La lección del pueblo” (Triunfo); “La libertad está en tu mano” (El Socialista); “15 de junio: el día de la victoria” (Cambio 16); “Votaron más de 20 millones de españoles” (Arriba); “Desorden general en el escrutinio” (El Alcázar); “Toda España vota” (Informaciones).

Tarradellas es recibido en Madrid por el ministro Manuel Jiménez de Parga.
Tarradellas es recibido en Madrid por el ministro Manuel Jiménez de Parga.

En el verano de aquel año, y siendo presidente del Gobierno Adolfo Suárez, ante la crisis que atenazaba al país, se fraguó un gran acuerdo llamado Pactos de la Moncloa, en la que todos los partidos mayoritarios tuvieron altura de miras para conseguir algo que era totalmente necesario, pues la inflación estaba por encima del 20 %. Por su parte, el antiguo presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas, volvía a España desde el exilio, pronunciando la famosa frase de “Ja soc aquí”.

A finales de este año desaparecía la famosa censura cinematográfica, mediante la cual unos censores designados como tales para el oficio, ya fuesen del Régimen o incluso sacerdotes de la Iglesia Católica, tenían poder para mutilar una película, un guión, cualquier cosa que atentara contra la “decencia o las buenas costumbres”. Hoy movería a la risa saber que muchos españoles tenían que ir a Francia o a Portugal para poder ver películas como El último tango en París o Emanuelle. Porque si a Fátima se iba a buscar el milagro salvador de almas, a Perpignan se iba a dar rienda suelta a la imaginación dándose un auténtico festín visual de carne fresca y ligera de ropajes…

Arriba-1977-transicionHay que dejar constancia de que los medios de comunicación, como cuarto poder que eran, jugaron un gran papel en este año y en los sucesivos en la recuperación de la democracia en nuestro país, de lo que da fe este facsímil de la Fundación Largo Caballero. De ello tenemos muchos ejemplos en titulares, ya de por sí ilustrativos, de los tiempos que corrían.

En este sentido, el diario Pueblo titulaba en portada: “Las elecciones sindicales, en marcha. Se acordó que la regulación definitiva sea discutida y aprobada en las Cortes”. ABC: “Noche trágica en Madrid. Tres muertos al ser ametrallado un despacho laboralista en la calle de Atocha”. Diario 16: “El Gobierno estudia hoy legalizar los partidos y las relaciones con Moscú”. El País: “El Partido Comunista de España, legalizado”. El Correo Español. El Pueblo Vasco: “El País Vasco, paralizado. Fuertes enfrentamientos en Bilbao”. Ya: “Fuentes Quintana se juega los cuatro ases de la credibilidad tributaria”. Cuadernos para el Diálogo: “España-Mercado Común. Experiencia prematrimonial”.

Estas y otras muchas cosas sucedieron en aquel ya lejano 1977, el año que volvimos a ser libres, del que ahora se cumplen 40 años, y por eso deseo dedicar estas líneas de reconocimiento a esa fecha, frente a las invectivas de algunos que afortunadamente para ellos nacieron ya en democracia.

Después vendrían otros años en los que se siguieron consiguiendo metas importantes, como la aprobación de la Constitución un año después. Esa Constitución que fue la conquista de un pueblo que había salido de la larga noche de 40 años de dictadura y comenzaba a conquistar su libertad.

Por supuesto que habrán de cambiarse artículos para adaptarla a la realidad actual, como ha sucedido con otras Constituciones, pero negar su valor es desconocer la historia de este país en los últimos 40 años del Siglo XX. Algunos estuvimos allí, fuimos testigos.

Únase a más de 1100 personas que apoyan nuestro periódico

Podrás comentar, enviar sugerencias y además podrás acceder de forma gratuita a eBooks, póster y contenidos exclusivos de nuestros colaboradores.

@conradogranado. Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. He trabajado en la Secretaría de Comunicación e Imagen de UGT-Confederal. He colaborado en diversos medios, como El País Semanal, Tiempo, Unión, Interviu, Sal y Pimienta, Madriz, Hoy, Diario 16 y otros. Tengo escritos tres libros: Memorias de un internado, Todo sobre el tabaco: de Cristóbal Colón a Terenci Moix y Lenguaje y comunicación. Soy actor. Pertenezco a la Unión de Actores y Actrices de Madrid. Trabajos en series de televisión, películas y publicidad.

1 Comentario

  1. Terminamos el año 2017 con gran confusión y mentira en los mensajes por el desconocimiento de nuestra historia reciente, principalmente aquella que compartimos siendo jóvenes y alcanzamos la libertad formando parte de la oposición al franquismo; también la mayoría silenciosa que a partir de la muerte del dictador en noviembre de 1975 deseaba que cambiara todo, aunque su perspectiva no iba más allá del escaparate de su casa.

    Terminamos el año 2017 con dos graves problemas:

    PRIMERO. La mayoría silenciosa, cada vez más numerosa y cansada de la actual democracia excesivamente orgánica, ha dejado de creer en las instituciones y lo que representan: los mensajes que reciben de los que las gobiernan no tienen atisbos de esperanza para su futuro, ni tampoco soluciones que verdaderamente les interesa en el presente: trabajo, enseñanza, sanidad, vivienda, pensiones,…

    SEGUNDO. El artículo 155 ha dejado a descubierto no solo el desigual encaje autonómico de Cataluña, sino el corporativismo de los políticos que han destruido la diferencia entre izquierda y derecha, convirtiendo a sus partidos en empresas electorales y por tanto creando entre sus tradicional electorado un gran agujero negro de desconfianza hacia ellos y lo que representan:

     > El oportunismo político de la supuesta nueva izquierda, aprovechándose de los indignados por la crisis económica (PODEMOS y sus istmos regionales, entre ellos Catalunya en Comú).

     > El olvido de la izquierda real de su historia, aquella que nació en 1879 (PSOE) y 1921 (PCE) y en 1977 representaban los intereses de los que hasta entonces habían sufrido la represión, el exilio político y económico, la marginación social y laboral, la cárcel y persecución por demandar justicia y libertad…, mientras ahora sus dirigentes postulan ideas descafeinadas o se refugian en nuevas siglas sin historia, cuando las suyas fueron gloriosas por representar desde 1939 a 1975 la única oposición y esperanza para cambiar el pasado

     > Y finalmente el PP, gobernando por la gracia de Dios, su Iglesia y los indignados de la derecha tradicional: CIUDADANOS. Es decir, el mismo perro con distinto collar: PP & CIUDADANOS.

    El siguiente artículo de la prensa, “1977: El año que volvimos a ser libres”, termina diciendo: “Algunos estuvimos allí, fuimos testigos”, y añado: participamos con la ilusión que da la esperanza por cambiar las cosas. Es difícil que en el próximo 2018 se genere aquella corriente de ilusión. El 2017 termina en total deriva por la falta de liderazgo no sólo de ideas sino también dirigentes, siendo poco probable llevar a cabo una segunda Transición y una nueva Constitución sin los condicionantes de la que aprobamos en 1978… La única épica que nos queda es pedir para el año 2018: VIRGENCITA, QUE NOS DEJEN COMO ESTAMOS

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.