63 Festival de San Sebastián: “Truman” una buena comedia del catalán Cesc Gay

En competición hemos  visto una excelente comedia agridulce del cineaste catalán Cesc Gay, quien aborda un tema grave: como prepararse a la muerte, cuando se padece de un cáncer incurable. Cómo informar a familiares y amigos y prever todo lo que  hay que hacer antes de tomar una  terrible decisión.

Javier Cámara y Ricardo Darin con un hermano de Truman. Foto: Montse Castillo

Aunque inspirado en su propia experiencia personal, tras la desaparición  de un ser querido, este guión de Cesc Gay escrito en colaboración con su cómplice Tomas Aragay  introduce rapidamente claves de comedia al abordar la emotiva relación de amistad entre sus protagonistas.

Como lo natural vuelve al galope, el autor de “Krampack”, “VOS” o “Una pistola en cada mano”,  reincide con “Truman” en lo que mejor sabe hacer, ese tipo de comedia elegante, intimista, con esmerados diálogos  y una vez más acompañado por su inseperable y fiel productora Marta Esteban.

Julio –interpretado por Ricardo Darin– es un actor argentino enfermo de cáncer, que vive en Madrid con su viejo perro Truman, y recibe un día la visita de un antiguo amigo, Tomás –a cargo de Javier Cámara-, que vive en Canadá. Juntos van a vivir cuatro días en los que su amistad es puesta a prueba, pues Julio ha decidido parar las curas de quimioterapia y reclama el derecho a una muerte digna y voluntaria. Esa decisión valiente de enfrentarse con lucidez a su propia muerte anunciada, no es aceptada sin embargo por sus familiares y amigos, entre ellos su prima, la actriz argentina Dolores Fonzi.

Con excelentes diálogos y buen sentido del humor, Cesc Gay transforma ese tema grave en comedia intima, agridulce, en la que se nos habla del sentido de la amistad, cuando como aquí ha sobrevivido al paso de los años y a la distancia. Mientras que las relaciones de pareja se hacen y se deshacen, la amistad entre esos dos viejos compinches consiste precisamente en aceptar al otro tal como es, sin intentar cambiarlo.

Julio, que sigue actuando en un teatro madrileño, pasa cuatro días ordenando sus cosas y apoyándose en su amigo Tomás para prepararse a tan difícil momento, haciendo todo lo que nunca antes hizo: ver a su hijo, preparar los papeleos de su futuro entierro, arreglar cuentas con propios y extraños. Toda una serie de situaciones que Cesc Gay  trata con claves de comedia, pero siempre en el filo entre la risa y la emoción.

Sus dos sólidos actores libran un excelente mano a mano, el español Javier Cámara en el papel de sufrido y generoso amigo, da la réplica al argentino Ricardo Darín, que Cesc Gay logra aquí contener en sus a menudo excesos interpretativos, siempre en el límite entre lo irónico y lo emotivo. Una galería de brillantes  secundarios arropan a la pareja protagónica, con la ya citada Dolores Fonzi, o las brillantes y breves apariciones de Eduard Fernández, Elvira Mínguez o Silvia Abascal, entre otros.

Sin olvidar tampoco al elemento clave de este guión, que da título a la pélicula: Truman, un perro de edad avanzada que parece esperar la muerte con mayor resignación que su amo, y que es el testigo de esos cuatro días, en los que entre las cosas que quedan por hacer, Julio y Tomás buscan una familia que lo adopte. Un perro que permite definir mejor el carácter solitario y amargo de ese actor argentino dispuesto a ordenar los más mínimos detalles de su anunciada desaparición.

Truman, que en realidad se llamaba Troilo, falleció –de verdad- después del rodaje, y es un “hermano” suyo de la misma raza el que ha venido a San Sebastián con el equipo de la película para posar en las fotografías.

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