70º aniversario de la Declaración de los Derechos de las personas

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Hoy, 10 de diciembre de 2018, se conmemora el 70º aniversario de un documento extraordinario, la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH)

Bachelet con Guterres en la ONU
Bachelet con Guterres en la ONU, en una foto de archivo

A una juez de la Corte Europea de Derechos Humanos, Elisabet Fura-Sandström, le preguntaron cuál era el derecho más importante de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH). “¿Vida? ¿Libertad? ¿Democracia? Espero no tener que elegir nunca.”, respondió.

La idea esencial del artículo 30 de la DUDH es que los derechos son indivisibles. Todos están conectados entre ellos y tienen la misma importancia. Todos deben ser cumplidos, y ningún derecho supera a los demás. Estos derechos son inherentes a cada mujer, hombre y niño, y no pueden ser posicionados en una jerarquía o ser ejercidos de forma aislada.

La Alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dice que cree “firmemente” que la Declaración Universal es tan pertinente hoy como lo era cuando se aprobó, hace 70 años, y que, probablemente lo es aún más, ya que en las últimas décadas ha pasado de ser un tratado de aspiraciones a convertirse en un conjunto normativo que ha influido en casi todos los ámbitos del derecho internacional.

La DUDH ha resistido a las pruebas de los años transcurridos, la llegada de nuevas tecnologías y a sucesos sociales, políticos y económicos que sus redactores no hubieran podido prever. Sus preceptos son tan fundamentales que pueden aplicarse en cada nueva disyuntiva.

La Declaración Universal nos proporciona los principios que necesitamos para dirigir la inteligencia artificial y el mundo digital y despliega un marco de respuestas que pueden usarse para contrarrestar los efectos del cambio climático sobre las personas e incluso sobre el planeta. También nos ofrece las bases para garantizar la igualdad de derechos a grupos, tales como el colectivo LGBTI, que pocos se habrían atrevido a mencionar siquiera en 1948.

Todo el mundo tiene derecho a todas las libertades que figuran en la DUDH, “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Las palabras finales de esa frase -“otra condición”- se han citado con frecuencia para ampliar la lista de personas específicamente protegidas. No solo el colectivo LGBTI, sino también las personas con discapacidad, que ahora disponen de una convención propia, aprobada en 2006. Y los ancianos, que también podrían recibir una, los pueblos indígenas y  minorías de toda índole.

Para todos y todas

El género es un concepto que se aborda en casi todas las cláusulas de la Declaración. Para su época, este documento muestra una notable ausencia de lenguaje sexista, porque hace referencia a “todo el mundo” y a “nadie” a lo largo de sus treinta artículos.

Este uso novedoso del lenguaje refleja el hecho de que, por primera vez en la historia del derecho internacional, las mujeres desempeñaron una función preeminente en la elaboración de la DUDH.

El papel que desempeñó Eleanor Roosevelt, quien presidió el comité de redacción, es harto sabido. Algo menos conocido es el hecho de que mujeres de Dinamarca, Pakistán, el bloque comunista y otros países del mundo entero también hicieron aportes decisivos.

En realidad, fue gracias a la redactora india Hansa Mehta, que el enunciado en lengua francesa “todos los hombres nacen libres e iguales”, procedente de la Declaración de derechos del hombre y el ciudadano, se transformó en “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, tal como figura en la DUDH. Una oración sencilla, pero –en lo relativo a los derechos de las mujeres y las minorías– una frase revolucionaria.

Mehta discrepó con Eleanor Roosevelt, quien sostenía que el concepto genérico de “hombre” abarcaba también a las mujeres –idea ampliamente aceptada por entonces –. Sin embargo, ella sostuvo que los países podían usar esa acepción tradicional para limitar los derechos de las mujeres, en lugar de ampliarlos.

Nacida de la devastación causada por dos Guerras Mundiales, la Gran Depresión del decenio de 1930 y el Holocausto, la Declaración Universal se orienta a la prevención de catástrofes similares, y de las tiranías y vulneraciones que les dieron origen. La DUDH traza el camino para evitar que sigamos dañándonos mutuamente y trata de “librarnos del temor y de la miseria”. Y fija límites a los poderosos e inspira esperanza a quienes carecen de poder.

A lo largo de las siete décadas transcurridas desde su aprobación, la DUDH ha servido de base a innumerables transformaciones positivas en la vida de millones de personas en el mundo entero y ha influido en unas 90 Constituciones nacionales y numerosas leyes e instituciones nacionales, regionales e internacionales.

Pero, 70 años después de su aprobación, la tarea a la que la DUDH nos convoca está lejos de haber terminado. Y nunca concluirá.

En 30 artículos nítidos, la Declaración Universal nos presenta las medidas que podrían poner fin a la pobreza extrema y proporcionar a todos alimentos, vivienda, salud, educación, empleo y oportunidades. También alumbra el sendero hacia un mundo sin guerras ni holocaustos, sin torturas ni hambrunas ni injusticias. Un mundo en el que el sufrimiento se reduce al mínimo y nadie es lo suficientemente rico o poderoso como para eludir la justicia.

Un mundo donde cada ser humano posee el mismo valor que sus prójimos, no sólo al momento de nacer, sino a todo lo largo de la vida.

Bachelet afirma estar convencida “de que el ideario de los derechos humanos, proclamado en esta Declaración, ha sido uno de los adelantos conceptuales más positivos de la historia de la humanidad, así como uno de los más exitosos”. Sin embargo, afirma que hoy en día ese progreso está amenazado. Todos nacemos “libres e iguales en dignidad y derechos”, pero millones de personas en todo el mundo no siguen siendo libres e iguales después de haber nacido. Cada día, ven pisoteada su dignidad y violados sus derechos.

Destaca que en muchos países se ataca el principio fundamental de que todos los seres humanos son iguales y poseen derechos inherentes. Y se socavan las instituciones que con tanto esfuerzo han creado los Estados para hallar soluciones comunes a los problemas colectivos.

Por ello, afirma que todos debemos defender con más energía los derechos que la DUDH proclama que deberíamos tener, no sólo nosotros, sino todos nuestros prójimos, y que están en riesgo permanente de erosión, a causa del olvido, la negligencia y el flagrante desprecio de nuestros líderes y de nosotros mismos.

En el día de hoy, Bachelet destaca, entre otros, el punto donde la Declaración Universal comienza “…La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

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