En un pueblecito del norte de Nepal, al que solo se puede llega por caminos de tierra, Prakash y Kiran, dos amigos de doce años, inseparables a pesar de pertenecer a castas diferentes, deciden criar una gallina para ganar algo de dinero vendiendo los huevos. Pero un día la gallina desaparece. Para encontrarla, inician un viaje sin tener conciencia de los peligros que les esperan en el frágil alto el fuego decretado en la guerra civil con los maoístas, que asoló el país durante diez años.

Dos cadenas de montañas, dos pueblos, dos castas y dos realidades. “Kalo Pothi” recibió el premio a la mejor película en la Semana de la Crítica de la última Mostra de Venecia. La película, sorprendente, retrata un mundo familiar al realizador, quien pasó su infancia en un pueblo nepalés con la guerra civil de fondo. Una mirada que llega desde el interior de un país, con una parte documental que muestra un mundo rural totalmente desconocido en occidente, muy jerarquizado por el sistema de castas (como en la vecina India) y en el que la alfabetización no alcanza al 20 % de la población.
En 1996 se inició en Nepal una guerra civil que causó más de 13 000 muertos (el 12 % niños; más de 8000 fueron obligados a abandonar la escuela e incorporarse a la milicia maoista) y la huída y el exilio de cientos de ciudadanos. El partido comunista, de obediencia maoísta, se enfrentó a una monarquía corrupta. “Kalo Pothi” retrata los sueños infantiles ante esa cruda realidad cotidiana, con la violencia asomando a la vuelta de todas las esquinas.



