De entre las páginas de uno de los muchos libros que tengo de Cees Nooteboom, rescato un recorte de prensa de Diario 16 del 20 de abril de 1987 donde el crítico Ángel Juristo hacía la reseña de «Rituales», el primer libro que se publicó en España del autor neerlandés, junto a una entrevista de J.M. Plaza en la que Nooteboom se revelaba como un profundo conocedor de la literatura española y traductor al holandés de obras de Blas de Otero, Gil de Biedma, Vicente Aleixandre y Guillermo Carnero, con quien vivió en California.

Entonces ya estaba instalado en Menorca, donde vivía al menos la mitad del año y era un profundo conocedor de la cultura y de la sociedad española (el protagonista de «Rituales» es un español de Zaragoza).
Se anuncia para este año una recopilación de sus artículos sobre España que se titulará «España interminable. Crónicas de un viajero», que publicará Siruela.
Lo entrevisté en varias ocasiones para TVE. La primera fue cuando publicó en España «Una canción del ser y la apariencia» y la última junto a la Fuente del ángel caído en el Retiro madrileño, para escenificar allí su libro «Perdido el paraíso».
Cees Nooteboom acaba de morir a los 92 años.
Nació en La Haya en 1933 y en 1945 perdió a su padre en un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial. No estudió ninguna carrera (fue expulsado de todos los colegios, de los franciscanos a los capuchinos) ni tuvo nunca una profesión salvo la de escribir, sobre la que reflexionó en su ensayo «El caballero ha muerto». Su primera novela, «Phillip y los otros» (en España «El paraíso está aquí al lado») ya fue galardonada con el premio Ana Frank.
Desde que salió de su país en autostop siendo un adolescente de diecisiete años nunca dejó de viajar por todo el mundo, viajes de los que dejó constancia de su espíritu nómada y cosmopolita en sus muchos libros del género. Pateó su país («En las montañas de Holanda»), cubrió la invasión de Budapest por los tanques soviéticos en 1956, fue testigo de la revolución de mayo del 68 en París («Los disturbios de París»), hizo el Camino de Santiago («El desvío a Santiago»), viajó a América latina («Bolivia amarga»), dedicó un libro a la caída del muro de Berlín («Noticias de Berlín») y recorrió numerosos cementerios para visitar las tumbas de los escritores que admiraba: Samuel Beckett, Joseph Roth, Antonio Machado, Julio Cortázar, Kawabata… («Tumbas de poetas y pensadores», con fotografías de su mujer Simone Sassen). Toda la vida se sintió, más que nada, profundamente europeo y escribió con frecuencia sobre los problemas políticos, sociales y culturales de este continente («Cómo ser europeos»).
Otra de sus facetas, de la que se sentía más orgulloso, era la de poeta, que dejó en libros como «Ojo de monje» y «Despedida»; y que comenzó escribiendo las letras de las canciones de su primera mujer, la cantante Liesbeth List. Su poesía completa está recopilada en «Luz por todas partes», publicada en España por Visor.



