Albert Einstein: energía y satisfacción del trabajo bien hecho

Arribamos a otro Primero de Mayo, Día Internacional del Trabajo y nada mejor que conmemorarlo junto a Albert Einstein (Alemania 14 de mayo de 1879, Estados Unidos, 18 de abril de 1955) cuya vida caracteriza el trabajo dignificante: aporte creativo a la humanidad, aprendizaje e investigación permanente y goce en la gratuidad de la entrega.

Xulio Formoso: Albert Einstein
Xulio Formoso: Albert Einstein

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”, expresó alguna vez Einstein a quien se tiene universalmente por el prototipo de la genialidad e investigación científica. Y es que todo aporte, todo descubrimiento, toda verdad develada tiene un componente de inteligencia e iluminación pero sobre todo tienen mucho de oficio, de dedicación amorosa a lo emprendido.

En los complejos vericuetos que intrincan el camino hacia el conocimiento podemos encontrarnos con procedimientos que dificultan el acceso al mismo. “Lo importante es no dejar de hacerse preguntas”. Frecuentemente, toda solución genera un problema adicional. Se trata de romper el énfasis en la búsqueda individual del éxito como espacio exclusivo de profesionales de las ciencias para entender que el desarrollo cognitivo ha de centrarse en los intereses, necesidades y experiencias de la gente, si no, el ejercicio pensante no es más que una masturbación intelectual: placenteramente estéril.

La pasión no es alegórica. Ante el dolor humano la respuesta del trabajador no puede ser moderada. “La vida es muy peligrosa: no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Así, pues, la indiferencia no se vale. Que se moderen quienes atacan, quienes hieren, quienes asesinan, quienes tergiversan la verdad; allanan, bombardean, disparan, destruyen, mutilan.

La reflexión sobre lo que hacemos genera conocimiento y para esta producción no hay día feriado. “Necesitamos una nueva forma de pensar para resolver los problemas causados por el viejo modo de pensar”. El trabajo remunerado debe ir a la par del voluntario. Hay que contribuir puntualmente con la cuota de sacrificio que nos exige el mundo anhelado. Ojalá podamos decir al fin de cada jornada que felizmente sentimos cansancio y que gustosamente nos exponemos al veredicto de la comunidad.

La creatividad es la inteligencia divirtiéndose

Como resistencia humana ante la indómita naturaleza, aprendemos a aferrarnos a lo tangible terrenal: todo se amarra bien con lazos y nudos resistentes; especialmente si de afectos y compromisos se trata. Pero también es preciso ejercitar la libertad del vuelo: jugar con la fantasía, imaginarnos como preámbulo de los hechos. No es lo mismo que nos lleve el viento a salir volando.

Sin embargo, cada vez que utilicemos el pensamiento divergente –el cual incide en el alcance de las metas- invoquemos el respeto y el apego a principios de vida digna. “Toda ciencia no es más que un refinamiento del pensamiento cotidiano”. La creatividad es una temible e imbatible contrincante para el ocio; es capaz de hacer que este enemigo sucumba de agotamiento y anemia sin nunca haber encontrado algo que morder o rascar. Es demasiado pequeña, ágil, escurridiza, organizada. No requiere costosos preparativos, ni grandes contingentes. De difícil localización, se encuentra en todas partes y en ninguna.

La verdad es un conocimiento empírico levantado a mano. No se avergüenza de mostrarse tal cual es aunque sabe que desengaña a quienes padecen de invasiva y sistémica credulidad crónica. En su búsqueda sepamos que “la imaginación es más importante que el conocimiento”.

La verdad jamás miente pero a veces se engaña al creerse los deseos como si fuesen augurios de realidad y no sólo sinceras intenciones de seres honestos.

La sabiduría, en la niñez, cabalga a lomo de la fantasía, obedece a las intuiciones pero al llegar a la adultez se rompe el delgado hilo que la sostenía y cae en el abismo del embuste argumentado de quien tiene la mentira como forma de sustento. Por eso habría que secundar a Einstein: “Nunca pienso en el futuro, llega demasiado pronto”.

En la adolescencia, el saber es un amor eterno que dura lo que un encandilamiento cuyo empalago se corrige con una pizca de sal en los ojos. “La educación es lo que queda una vez que olvidamos todo lo que aprendimos en la escuela”. La herida producida por el destello filoso de una verdad a medias deja una fina cicatriz que nos saca una sonrisa al evocar su recuerdo cuando tenemos unas cuantas canas de más.

Ya vemos que a la hora de emprender cualquier trabajo hay que esforzarse mucho, aprender a mirar, para percibir augurios de felicidad y afirmar que la sociedad con la que soñamos, a cuya construcción dedicamos buena parte de nuestro tiempo, puede estar en cualquier parte por lo que debemos salir a encontrarla en el axis mundi de nuestras convicciones. Debemos saber que la intelectualidad no es un oficio, es un compromiso “Aquellos que tienen el privilegio de saber, tienen la obligación de actuar”.

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Ileana Ruiz (Venezuela). Activista de derechos humanos, investigadora social y periodista. Asesora en resolución de conflictos, educación popular, participación ciudadana y derechos humanos y profesora de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad. Articulista en el semanario venezolano “Todosadentro” del Ministerio de la Cultura desde 2006. Premio Nacional de Periodismo de Opinión, 2013. Entre sus publicaciones: De la indignación a la implicación (2006); Pueblo de agua: Cuentos para la educación en derechos humanos sobre la identidad del pueblo warao (2009); Servicio de policía bajo la mirada ciudadana (2010); La clave del acuerdo. Practiguía para la resolución pacífica de conflictos (2011); Pasos dados poco a poco. Memoria y cuentos del proceso de constitución de los Comités Ciudadanos de Control Policial (2012).

2 Comentarios

  1. Einstein, un trabajador científico que en su época de gran fama se daba tiempo para responder cartas de personas que le escribían por toda clase de motivos; incluso enviaba consejos a quienes le contaban situaciones depresivas, para levantarlos de ánimo.

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