Amelia Serraller presenta Cenizas y fuego: crónicas de Ryszard Kapuściński

Un estudio minucioso de la Escuela Polaca del Reportaje

La traductora y eslavista madrileña Amelia Serraller ha presentado en el Instituto Polaco de Madrid su primer libro Cenizas y fuego: crónicas de Ryszard Kapuściński.

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El escritor y periodista boliviano José Andrés Rojo subrayó cómo los grandes del periodismo como Kapuściński, Talese o Capote ¨siempre generan dudas”. Rojo alabó la estructura del libro, su estudio minucioso de la Escuela Polaca del Reportaje y se preguntó si las discusiones en torno a “las libertades de un gran escritor como el polaco” radican en que el periodismo es un oficio que aspira a ser arte.

Antes del coloquio se proyectó el tráiler de la película Un día más con vida, de Raúl de la Fuente y Damian Nenow (2018), adaptación del libro homónimo de Kapuściński.

Por fin intervino la propia Amelia Serraller, sintetizando su libro de esta forma:

“Estamos ante todo un símbolo de la cultura polaca, debido a la trágica historia reciente del país. Y su escritura es un brillante que, según el escritor Cyprian Kamil Norwid en su poema romántico Cenizas y diamantes (1865), brilla entre la ceniza (…). No obstante, en sus versos no hay autocomplaciencia (…). La vida de los reporteros está entretejida con su obra, lo que dificulta distinguir entre la realidad y su relato. En nuestro caso, Kapuściński fue un niño de la guerra sometido a corta edad a terribles privaciones”

Kapuściński a grandes rasgos

Kapuściński se inició como periodista y escritor en 1949, escribiendo poesía deudora de Mayakovski y publicando sus primeros reportajes bajo los dictados realismo socialista. Poco antes de las revueltas de junio de 1956 en Poznań, su jefa, Irene Tarłowska, lo envía a la India, su primer destino exótico, regalándole un ejemplar de la Historia de Heródoto. Su siguiente etapa empieza en 1958 cuando Kapuściński abandona Sztandar Młodych y encuentra trabajo como corresponsal africano de la PAP, que compagina hasta 1962 con el de reportero de la sección nacional de Polityka. Mientras está pluriempleado alterna los viajes por su país con las estancias en África. Precisamente compara ambas realidades en sus dos primeros libros, La jungla polaca (1962) y Estrellas negras (1963).

Kapuściński ha de dedicarse en exclusiva a cubrir él solo un continente en ebullición, por lo que su gran tema es el análisis de los conflictos armados. Aquejado por unas extrañas fiebres, en 1966 abandona África para ser tratado en Varsovia. Ya curado, viaja a la URSS durante el quincuagésimo aniversario de la Revolución. Allí escribe El kirguís baja del caballo, el mejor libro de 1968 para Nowe Książki (…)

Fue corresponsal en América Latina de 1967 a 1973, ensalzando la figura del guerrillero que arriesga su vida por un ideal. Esta etapa incluye la traducción del Diario de Bolivia del Che Guevara, con prólogo de Fidel Castro, de 1969, así como uno de los libros más polémicos, ¿Por qué mataron a Karl von Spreti? (1970), el embajador de la Alemania Federal en Guatemala.Y es que, desde la Revolución cubana, el mundo entero mira con asombro a América Latina. En 1975 publica Cristo con un fusil al hombro, un mosaico sobre la guerrilla que alude a la teología de la liberación.

En 1973 abandona el continente americano y retoma la temática africana con Un día más con vida (1976) su primer libro monográfico sobre la independencia de Angola. Dos años después, escribe La guerra del fútbol, que no sólo trata de la contienda entre Honduras y El Salvador, sino que es también un viaje al “corazón de las tinieblas”, la guerra civil del Congo. Su repercusión es tal, que pasa a designar el sangriento conflicto con la fase clasificatoria para el Mundial de México de 1970 como trasfondo.

Después de dos décadas en el oficio, Kapuściński busca dar un giro a su carrera y publica en 1978 El Emperador sobre el etíope Haile Selassie. Con él, inició su díptico del poder autocrático, que culmina El Sha. La crítica advierte que está ante “un libro sobre cómo el pueblo se libra poco a poco del miedo. En enero de 1979 la Revolución iraní alcanza su momento álgido. La agencia envía a Kapuściński a Teherán, que escribe El Sha o la desmesura del poder (1982), un ejercicio metaliterario que es una deconstrucción del reportaje.

Repercusión de su obra en el exterior y particularmente en España

Kapuściński es descubierto en el extranjero en 1977. Los pioneros en traducir al escritor polaco son Hungría y México, con Un día más con vida. En 1981 se suma el tercer país, Checoslovaquia, que comienza sin embargo por El Emperador. En 1995 empieza a colaborar como corresponsal para El País. En el año 2000 “prende Ébano”, tal y como lo expresa su traductora Agata Orzeszek. Un punto de inflexión es el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2003, que recae ex aequo en Gustavo Gutiérrez y Kapuściński, en este nuevo período como maestro de periodistas.

Aparecen entonces cinco libros suyos más: Un día más con vida, Lapidarium IV, El mundo de hoy, Viajes con Heródoto, Encuentro con el Otro, Los cinco sentidos del periodista. El reconocimiento del mundo académico le llega cuando es investido doctor honoris causa en junio de 2005 por la Universitat Ramon Llull. Mientras se exponen sus fotos, visita por última vez nuestro país en mayo de 2006 para recoger el Premio Miguel Gil Moreno de periodismo.

Su muerte en 2007 es objeto de una amplia cobertura y marca el inicio de la fase que podría denominarse como La memoria viva de Kapuściński. Ese año también se debate su relación con el servicio secreto comunista a raíz de la publicación de su dossier en la versión polaca de la revista Newsweek. Al año siguiente Bartleby publica en España su Poesía completa, traducida por Abel Murcia Soriano, que incluye seis poemas que no han sido editados ni en polaco. Luego aparecen La jungla polaca y Cristo con un fusil al hombro, a razón de un libro al año.

Kapuściński ocupa ya un destacado lugar en la historia del periodismo, como demuestra la profusa lista de sus discípulos: en Polonia, Wojciech Jagiel-ski y Artur Domosławski; Jon Lee. Anderson, Joe Sacco y Paul Auster en Norteamérica; la nueva generación de periodistas latinoamericanos que se formó en sus talleres, y Pere Bru Rovira, Ramón Lobo, Xavier Moret, Javier Reverte y Alfonso Armada en España.

Terminó Amelia Serraller sus reflexiones con un poema del último Kapuścinski, compuesto en nuestro país. Cabe destacar el final, una cita a Czesław Miłosz que define la escritura tal y como la entendía el reportero polaco:

Sobre mí, un cielo cubierto,/Enfrente un paseo con palmeras./ Algo más lejos la bahía./ Un pescador inclinado desenmaraña las redes/

El mar encerrado en sí mismo,  callado y gris./ Un restaurante El camarero sirve vino tinto./ Las calles vacías; apenas si pasa algún coche.

(“En la calle, en el coche –
tomo nota para no perder nada”).

Nunci de León
Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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