Automedicación: ansiolíticos y antidepresivos a la cabeza

La automedicación en general es un problema de salud pública frecuente en la población pasados los 45 años y en particular, llama la atención la reciente adicción de los jóvenes a los fármacos ansiolíticos y antidepresivos para afrontar la vida, los exámenes, las situaciones normales de su edad.

Actualmente, aunque el alcohol y el tabaco son las sustancias más consumidas en España, las benzodiazepinas, son las más consumidas tanto por adultos como por niños y jóvenes, lo que lleva a nuestro país a situarse por encima de la media europea en el consumo de ansiolíticos. Estos fármacos actúan a nivel del receptor GABA (A) y potencian la actividad de este neurotransmisor en el cerebro ejerciendo un efecto depresor a nivel del sistema nervioso central.

El uso y la prescripción inicial son para tratar el insomnio y la ansiedad si bien, en los jóvenes se ha visto un desmesurado consumo que no obedece a ninguna patología conocida. La baja tolerancia a la frustración, la poca o nula capacidad de afrontar los problemas sumado al fracaso en cualquiera de los escenarios posibles hace que lo que antes era un suspenso, ahora sea sinónimo de antidepresivo. Lo que antes era falta de concentración o dispersión global, ahora sea un TDA con o sin hiperactividad; lo que antes era no poder dormir porque tenías un examen, ahora sea un ansiolítico para calmarnos.

Esto que no es una circunstancia, sino una forma de vida, obedece a la actual sociedad hipermedicalizada que en la actualidad no es capaz, en general, de afrontar el devenir sea cual fuere.

En ese sentido, si a ello le sumamos la ingesta diaria o semanal de alcohol en cantidades importantes amén del tabaco, cannabis y otras drogas, diremos que el estado mental de la sociedad actual en el primer mundo dista mucho de la proyección de lo que los jóvenes proyectan en sus redes sociales; alegría, dinamismo, autoestima, etc. algo que en un momento dado puede alertarnos si se presenta un cuadro depresivo o un intento de suicidio. Detrás de esas fachadas irreales subyace el verdadero problema del jóven que no sabe asir la realidad ni lo que cuesta crecer; asumir responsabilidades; buscar metas; tener una vida propia, etc.

En particular, las tendencias del uso de las benzodiazepinas pautadas normalmente por el médico de medicina general, hacen de estas una forma de vida para los pacientes que en un momento puntual las necesitaron y han hecho de ellas un modus vivendi.

El uso terapéutico de las mismas no exime el control que se debe realizar dado que afectan a la ansiedad y al insomnio o a ambos.

Los efectos ansiolítico e hipnótico sedantes así como los efectos relajantes o anticonvulsionantes pueden sugerir en un momento dado una adicción no descrita, cuando estos se toman a lo largo del tiempo y constituyen la base de nuestra autoprescripción para continuar la vida y afrontar los contratiempos.

Como consecuencia de su rapidez de acción, presentan una gran aceptación entre los consumidores, pues sus beneficios son inmediatos; sin embargo, los efectos adversos asociados a su consumo prolongado son muy poco conocidos, lo que los convierte a día de hoy, en uno de los medicamentos más problemáticos, ya que se ha demostrado que a medida que la duración del tratamiento se prolonga en el tiempo, la relación beneficio-riesgo es menos favorable, debido a la posible aparición de dependencia tanto psicológica como física, tolerancia, trastornos cognitivos, riesgos de caídas así como síndrome de abstinencia tras su retirada brusca.

El problema de la automedicación es que actualmente se recomienda entre familiares y amigos, y se aconseja su uso si alguna persona comenta que no duerme bien o se siente ansiosa.

Es necesario tomar una serie de precauciones en el consumo de estos fármacos, y hay que tener en cuenta ciertos casos en los que su utilización estaría contraindicada, tales como personas con riesgo de caída (por posible ataxia), personas ancianas o con deterioro cognitivo (producen amnesia anterógrada), situaciones de embarazo y lactancia pues presentan efecto teratógeno y posibilidad de pasar a leche materna, así como en pacientes con EPOC o asma ya que producen depresión respiratoria.

Así todo, es necesario destacar la preocupante situación en la que se encuentra España, pues el consumo de las mismas se ha disparado, aumentando un 57% en los últimos doce años, no dejando de crecer durante este período de tiempo, lo que sitúa a los españoles entre los principales consumidores de Europa.

Por ello, es fundamental, hacer un uso responsable de las benzodiazepinas mediante una prescripción prudente de estos medicamentos.

A pesar de que se confirma la seguridad de estos fármacos, pues es muy difícil que el consumo único de estas sustancias pueda causar la muerte, se ha observado que el mayor porcentaje de urgencias en los hospitales así como muertes relacionadas con el consumo de drogas de abuso reside en las benzodiazepinas cuando se lleva a cabo un consumo conjunto con el alcohol debido a que éste potencia los efectos depresores del sistema nervioso central de este grupo farmacológico.

Si bien, no ha sido posible establecer una relación causa-efecto en la aparición de la enfermedad del Alzhéimer, se ha podido demostrar que el consumo de benzodiazepinas, incrementa el riesgo de demencia hasta en un 60%, presentándose así como un marcador de riesgo en personas mayores de 65 años que tomen benzodiazepinas de vida media larga en periodos superiores a los tres meses.

Las diversas formas de deshabituación pasan por lograr establecer cambios en los hábitos de vida, ingesta de Melatonina para regular las horas de sueño o de otras hierbas tipo Melissa, Valeriana o Passiflora y comenzar un cambio real con deporte aeróbico, ocio y otras actividades que nos alejen de una realidad que nos mantiene enganchados sine die. El objetivo principal es vivir sin las benzodiazepinas, máxime cuando no las ha prescrito un médico. Los hipnosedantes son la segunda sustancia más consumida en España; el país de la felicidad. Quizá no estemos haciendo las cosas demasiado bien y los problemas normales los medicalizamos desde la juventud. Algo está pasando y esto, se debe atajar con terapia psicológica, otras ayudas y sobre todo, la concienciación del que se automedica para poder vivir. Apostar por la vida sin fármacos también es una opción, solamente hay que encontrar la forma y pedir ayuda si no lo podemos hacer solos.

 

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español / Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la Infancia y la Tercera Edad / Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland) / Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro EL CEREBRO RELIGIOSO junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Neurociencia https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.comContacto Periodistas en Español: [email protected]

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