Caminando entre las tumbas: una buena película para la noche del sábado

En la película Caminando entre las tumbas (A Walk Among the Tombstones), el veterano actor irlandés Liam Neeson (62 años, La lista de Schindler, El caballero oscuro) da vida a un expolicía neoyorquino, reconvertido en “detective privado sin licencia” (lo que significa “que yo hago algunos favores a gente que me importa y ellos me hacen regalos”), muy creíble, que consigue que varias veces nos quedemos casi sin aliento en las cerca de dos horas de proyección. 

carte-caminando-entre-las-tumbasEscrita y dirigida por Scott Frank (The Lookout), inspirada en una de las célebres novelas policíacas de Lawrence Block que tienen como protagonista al “detective” Matt Scuder, acompañan a Neeson en el reparto un puñado de buenos secundarios (Ruth Wilson, Boyd Holbrook, David Harbour…).

Con el esquema de un thriller clásico, y buena factura, el expolicía Matt Scuder, exalcohólico también, vive acosado por sus particulares demonios en forma de remordimientos por algunas antiguas “hazañas” irreparables. Trabaja sin licencia en casos que le proporcionan sus amigos, y así conoce a un traficante de droga que le contrata para que encuentre a los asesinos de su mujer. Mientras investiga, se suceden nuevos secuestros de mujeres, siempre ricas, siempre relacionadas con los grandes capos de la droga. Scuder lleva a cabo la investigación internándose en los ambientes más sórdidos de Nueva York y jugándose la vida.

Antihéroe “sobrio e impecable”, el policía retirado -“el Sam Spade o el Philip Marlowe de los años 1990”- se mueve entre verdugos transformados en víctimas, psicópatas peligrosos y gentes de la noche (dealers podridos, personas sin techo dispuestas a la confidencia a cambio de unos billetes o una papelina y policías corruptos, toda una galería de la condición humana muy verosimil), y llegado el momento no siente escrúpulos si tiene que pasarse al lado oscuro de la ley casi “como un zombie cansado, cuya única motivación real para acabar el trabajo encomendado sería una rutina de la que no puede deshacerse”.

Como en otros muchos clásicos del género, la intriga de Caminando entre las tumbas salta de la caza a los asesinos en serie a la lucha interna del hombre que, en vías de rehabilitación, debate consigo mismo si debe, o no, caer en la última trasgresión: terminar con el criminal por encargo de otros delincuentes.

Como ha escrito alguien en el semanario L’Express, “sin ser la película policiaca del año, Caminando entre las tumbas es un filme de serie B tremendamente sólido. La famosa película buena que ver el sábado por la noche”.

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