Carlos Saura: De Ana y los Lobos a Mamá cumple cien años

Periodistas en Español patrocina en París el reestreno y restauración de estos dos  clásicos del cine español, a ver o volver a ver a partir del 6 de enero de 2016

Carteles franceses de Ana y los lobos y Mamá cumple cien años
Carteles franceses de Ana y los lobos y Mamá cumple cien años

 

Tamasa Distribution reestrena el próximo mes de enero en Francia, con copias restauradas, dos emblemáticas películas de la brillante carrera del director español Carlos Saura: “Ana y los lobos” 1972  y “Mamá cumple cien años” 1979. En ambas películas Saura reincide una vez más con Elías Querejeta como productor, con su esposa Geraldine Chaplin como actriz fetiche, y con Rafael Azcona como  coguionista.

Los lobos en el cine de Saura, del drama a la comedia

Ana y los lobos, cartel francés
Ana y los lobos, cartel francés

Dos películas realizadas a siete años de intervalo, la primera es un drama, la segunda una comedia, en las que Saura hace uso de tratamientos muy diferentes en torno a los mismos personajes: una familia dirigida por una matriarca que sufre ataques de epilepsia, con una institutriz inglesa interpretada por Geraldine Chaplin, que vienen a ser una  simbólica metáfora de la burguesía en la España franquista.

Un microcosmos social filmado, con  unidad de lugar en la célebre finca familiar de “El pendoneo”, en Torrelodones, en las inmediaciones de Madrid, que en la ficción fue bautizada como finca La jara. Una mansión que se presta bien a la puesta en escena imaginada por Saura, y que está rodeada de los magníficos paisajes de la sierra madrileña.

Si “Ana y los lobos” 1972, se realiza en pleno franquismo, sirviéndose de la metáfora  y el simbolismo como arma contra la censura, con “Mamá cumple cien años” filmada en plena transición democrática en España, la nueva Constitución democrática acababa de ser promulgada en diciembre de 1978, Saura opta por el tono de una comedia de tono surrealista, con elementos fantásticos.

Encontramos de nuevo aquí los personajes de “Ana y los lobos”, pero ligeramente modificados, cuando la institutriz inglesa Ana -interpretada por Geraldine Chaplin- regresa con su marido argentino, el actor Norman Briski, a la mansión en donde trabajó muchos años atrás, para celebrar el centenario de la matriarca. Precisemos no obstante que no se trata de la continuación de la anterior película, sino de un nuevo guión con los mismos personajes.

De la metáfora sobre la España franquista en “Ana y los lobos” que culminará con sus películas posteriores (“La prima Angélica”, “Cría cuervos” o “Elisa vida mi”) trilogía sobre la sociedad española con abundantes referencias a la guerra civil, pasamos en “Mamá cumple cien años” a la metáfora de esa España de la transición, con una matriarca centenaria que  apuntala aquello de “La guerra, cuanta crueldad, cuanto sacrificio inútil…”. Una forma  para Saura de pasar la página en su propia filmografía.

Ana y los lobos, Fernando Fernán Gómez
Ana y los lobos, Fernando Fernán Gómez
Ana y los lobos, escena con las niñas
Ana y los lobos, escena con las niñas

 

“Ana y los lobos” o la metáfora frente a la censura

“Ana y los lobos” fue presentada en la selección oficial del Festival de Cannes en 1973, con muy buena acogida de público y de critica. “La presencia de Rafael Azcona -escribía en la época el critico de cine francés Marcel Oms – inclina el guion hacia una fábula grotesca y metafórica, que da un paso más en la critica de una sociedad a partir de la célula familiar”.

Ana, interpretada por Geraldine Chaplin, es una vez más la extranjera, una institutriz  inglesa símbolo del pecado y de todos los males políticos y morales durante la larga noche del franquismo, que llega a esa finca  para ocuparse de las niñas de una familia aparentemente normal. Ya en Peppermint frappé había empezado a encarnar ese personaje objeto del deseo de una España fascista, reprimida y religiosa.

Una familia de la burguesía española que bajo su aparente normalidad, esconde una inusitada violencia. En torno a la matriarca, viuda de guerra, que alude a menudo en sus reflexiones a “como el mundo era mucho mejor antes de la guerra”, sus tres hijos son los tres lobos, tres arquetipos de la España franquista: José, el actor José María Prada, que hubiera querido ser militar, tiene un museo de uniformes militares y es la autoridad paterna en ausencia del padre, un hombre autoritario y claro representante del poder del ejército. Es José quien vigila y viola la correspondencia de Ana, tal como el régimen franquista acostumbraba hacerlo en la época. Un  símbolo del poder a través de ese personaje cuya infancia evoca una posible homosexualidad contenida.

Juan, a cargo del actor José  Vivo, es el hombre casado con tres hijas, hipócrita, insatisfecho en su relación matrimonial, obsesionado por el sexo, con las criadas, o con la institutriz o con quien sea, símbolo de la represión sexual de la época. Juan es una especie de sicópata del sexo y autor de las cartas anónimas que cada día recibe Ana, acosada de formas diversas por cada uno de los hermanos.

Fernando, al que su madre denomina como “el mejor de todos”, es el actor Fernando Fernán Gómez en el papel del hermano religioso, solitario, que se refugia en una cueva cual ermitaño y cuyos fantasmas místico eróticos dan lugar a algunas secuencias oníricas del film. También Fernando está obsesionado por Ana, e intenta atraerla a sus fantasías místicas, en esa ascética cueva, donde practica la levitación.

Esos tres hermanos  encuentran en Ana el detonador que va a despertar sus deseos, perversiones y fantasías, hasta hacer estallar sus más bajos instintos azuzados por su protectora matriarca. El resto del microcosmos social en la finca de la Jara está formado por Luchy, la esposa de Juan, sus tres  hijas pequeñas completamente trastornadas por las neurasténicas reflexiones de sus familiares, y las  criadas que sirven cada día a esa extraña familia de parásitos improductivos. Un guión inspirado en “Caza menor”, novela  escrita por Elena Soriano en 1951, lo que le valió por cierto a Saura ser acusado de plagio.

Con “Mamá cumple cien años”,  Saura se ríe de los lobos

Mamá cumple cien años, cartel francés
Mamá cumple cien años, cartel francés

Liberado de la censura que le hizo difícil la realización de “Ana y los lobos”, sometida a numerosos cortes, con “Mamá cumple cien años” abandona Saura el tono del simbolismo metafórico que caracterizó su cine en los años sesenta y setenta. Opta aquí  en cambio por la comedia, con prácticamente el mismo reparto que en la anterior, a excepción de algunos actores nuevos como las nietas que ya son mayores, entre ellas Amparo Muñoz en el papel de Natalia, que seduce con su erotismo a Antonio, al marido argentino de Ana.

Si la muy popular y dicharachera Rafaela Aparicio encarnaba ya a la madre en “Ana y los lobos”, asume en “Mamá cumple cien años” un protagonismo muy especial, con una brillante y chistosa participación, que fue muy saludada en su momento por el público y la crítica. La película fue seleccionada para los Oscar de Hollywood en la categoría de mejor película extranjera, y obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de cine de San Sebastián.

En la familia que vive en esa inmensa  finca y que se dispone a celebrar los cien años de su madre y abuela, la sociedad parece haber evolucionado, la institutriz es ahora una mujer casada que vuelve como invitada y amiga, el marido argentino fuma porros, José el hijo militar que representaba la autoridad ha fallecido, y las niñas han crecido, dejando entrever una liberación de las costumbres en las relaciones sexuales, en particular a través del personaje de Natalia.

Mamá cumple cien años, escena con Rafaela Aparicio
Mamá cumple cien años, escena con Rafaela Aparicio
Mamá cumple cien años, escena desmayo
Mamá cumple cien años, escena desmayo

 

El solitario Fernando, que interpreta Fernando Fernán Gómez, ha dejado aquí sus fantasmas místicos y eróticos para obsesionarse con el deseo de volar, aunque no deja de pensar en Ana. Su hermano Juan ha abandonado a su esposa la frígida Luchy, escapándose con la cocinera de la familia, pero regresa cual hijo pródigo para asistir al tan esperado y perverso cumpleaños.

Señalemos que cuando en 1979 Saura filma “Mamá cumple cien años”, el actor José María Prada que interpreta el personaje de José había fallecido, razón por la cual en el guión se evoca su muerte y Saura recupera imágenes  de su anterior película, como la secuencia en la que se prueba el uniforme, para referirse a él en los recuerdos de Ana.

Los lobos que eran metáfora de la España franquista de 1972 han evolucionado, pero regresan aquí con claves de comedia, en esa  incipiente España democrática, cuyo cine vive ya el “destape” y se dispone a vivir la  “movida”, saliendo de cuarenta años de dictadura fascista. Las crisis de epilepsia de la vieja madre y abuela son aquí elementos mas cómicos que patéticos y puntúan el  ritmo del relato.

Este es el trailer conjunto para las dos películas ofrecido por Tamasa Distribution:

“Mamá cumple cien años” 1979, cierra pues con éxito una época en la filmografía de Carlos Saura, la de su colaboración con el productor Elías Querejeta, iniciada en 1966 con “La caza”, y  que terminará definitivamente en 1980 con “Deprisa, deprisa”, una película que sirve de transición a una nueva etapa de su obra cinematográfica, esta vez con el productor Emiliano Piedra y al comienzo de su trilogía flamenca. De la misma manera se cierra en 1979 esa época de colaboración entre Geraldine Chaplin y Carlos Saura que había empezado en 1967 con “Peppermint frappé”.

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