Desconexión: palabra 2015 para puntoycoma

El boletín digital puntoycoma de la Comisión Europea señala que el año 2015 fue rico en palabros y pone el ejemplo de la palabra «conseguidor» por la frecuencia y connotaciones que adquirió al sustituir paulatinamente a otras como «testaferro», «hombre de paja» y demás empleos vicarios, pero finalmente opta por elegir la propuesta de la traductora e intérprete Bárbara Carot: desconexión.

Sostiene puntoycoma que España «se llenó de «cuñaos», palabra que en su acepción más reciente representa lo que algunos consideran un espécimen típicamente nacional y castizo, cuyos atributos principales serían una mezcla de nuestra «caspa» y de algo parecido a la sensatez»; pero recuerda que fue Cabu, uno de los humoristas asesinados de Charlie Hebdo, quien dio forma, hace más de cuarenta años, al beauf (de beau-frère, o sea, cuñado), arquetipo del francés aux idées étroites, aux manières vulgaires, aux goûts douteux, nourri de préjugés et per tolérant.

En época de elecciones, sigue puntoycoma, la «narrativa» de la clase política, «casta» o no, tiende siempre a adornar la realidad, construyendo un «relato» más cercano a la ficción que a la explicación de lo cotidiano: hay que hacer digerible el presente e ilusionante el mañana.

Brexit: 123RF

Y de la política procede el palabro ganador a juicio de la redacción de puntoycoma: «desconexión», un neologismo de acepción que saltó a los medios a finales del año pasado y que, en poco tiempo, empezó a copar titulares, aglutinando a sus partidarios y detractores porque su aparente asepsia y neutralidad contienen, pero no eliminan, las emociones suscitadas por el procés.

Puntoycoma aporta la defensa de este palabro, propuesto por la traductora e intérprete Bárbara Carot:

Desconexión

Quizá los neologismos pertenezcan a la categoría de vocablos más apasionantes de una lengua: definen la realidad partiendo de otras realidades. Bien es cierto que algunos ámbitos son más prolijos que otros, pero no podremos negar que la geopolítica, en sus intentos de conceptualizar el orden mundial, ha aportado —y no pocos— giros a la imaginería lingüística. Así, en el proceso de tejer y destejer los hilos de la historia política y administrativamente hablando, hemos asistido al nacimiento de términos como: Wende, Anschluss, devolution, iron curtain, «Línea Verde» o «estado de facto», por citar algunos. De más reciente creación son «Grexit» (¿Y por qué no Gréxodos?), «Brexit» y «desconexión», aparecida en prensa durante estos últimos meses.

«Desconexión» es tendencia porque salió del ámbito político para desfilar por la pasarela de los medios de comunicación, que la propagaron rápidamente. Es un «básico», porque está a la orden del día, esto es, un must-wear que incorporar al fondo de armario verbal si uno no quiere quedarse fuera de onda a la hora de debatir.

«Desconexión» es una transparencia porque desvela gráficamente un statu quo sin pecar de explícito, toda una gama de color para una amalgama de sensibilidades. Está hecha de otro material, quizá de cable; pero la moda lingüística es ecléctica y gusta de la experimentación con nuevas materias. Ahora bien, tanto si el hilo conductor se corta como si no lo hace, «desconexión» es palabra de temporada y va a dar para más colecciones, camino de convertirse en un clásico. Por eso, merece ser palabro del año 2015.

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