¡Donde y cuando!

Es asombrosa la forma cómo aparecen errores en los medios de comunicación, y al cabo de poco tiempo se tornan indesarraigables. Lo lamentable de todo eso es que quienes incurren en ellos son personas a las que siempre se las ha tenido como gente culta, entre periodistas y escritores, que por supuesto tienen la lengua como herramienta básica de trabajo.

El inmenso poder inductivo que ejercen los medios de comunicación, lo he dicho en reiteradas ocasiones, hace que estos se arraiguen en el vocabulario del común del hablante. Un simple descuido de alguien, se transforma en un vicio contra el que es y será necesario dedicar comentarios en aras de señalar la impropiedad en su uso. En los actuales se ha impuesto la mala costumbre de escribir osea en lugar de o sea.

Lo malo de todo eso es que, a pesar de las advertencias y recomendaciones, la tendencia es al aumento. Sobre este caso ya he escrito, por lo que hoy solo hago una mención a modo de introducción, para darle cabida a otra impropiedad frecuente, a la que desde hacía bastante tiempo quería referirme, que no es otra que el uso de donde en lugar de cuando, muy frecuente en el lenguaje escrito y en el oral.

Hace algunos años, una conocida periodista venezolana dijo: «…esta época, donde inventan tantas cosas nuevas». Es indudable que ese donde usurpó la función del adverbio de lugar cuando, tal como lo sugiere el vocablo época, que alude a tiempo.

No debe ser difícil entender que donde y cuando son adverbios, y que además el primero es de lugar, y el segundo es de tiempo. Aun así, abundan las situaciones en las que donde toma el lugar de cuando, pues se desconoce la función que cada palabra cumple en la oración, y por eso será difícil superar el escollo.

Los ejemplos de esa tendencia a usar donde en lugar de cuando son variados. Solo basta con darle un vistazo a las redes sociales, que lamentablemente están plagadas de impropiedades. Pero quizás el más frecuente es aquel en el que personas que trabajan en radio o en televisión, al despedir los programas, dicen, por ejemplo: «Los invitamos para el próximo sábado, donde les estaremos presentando un programa de corte similar».

Aquí el error puede ser atribuido a descuido, pues por lo general, las personas que conducen espacios radiales y televisivos, manejan medianamente aceptable el lenguaje que emplean; pero cuando se hacen repetitivos, se está ante la presencia de un vicio que debe ser analizado, comentado y explicado de la manera más sencilla, con la intención y el deseo de que los usuarios habituales de la lengua y el común de la gente se persuadan de la importancia de llamar las cosas por su nombre.

El lenguaje de sucesos también está contaminado con el vicio de usar donde en lugar de cuando, y en tal sentido es común y corriente leer u oír que «la audiencia de presentación será el lunes, donde se decidirá la situación del supuesto implicado» o que «el traslado del detenido fue aplazado para la semana entrante, donde será recluido en un centro de máxima seguridad».

Lo anterior ocurre porque muchos redactores de sucesos y de crónicas policiales y judiciales, tienen una especie de «chip», contentivo de las mismas palabras siempre, que no les permite ampliar su vocabulario y mostrar un contenido en el que, sin pretender mostrar dotes de intelectuales, se perciba un uso adecuado de la estructura gramatical, para lo que no es necesario poseer grandes conocimientos, sino sentido común.

Claro está, paralelo a esos, sobresalen los que escriben con sencillez, con claridad, con coherencia, y en cada nota dejan una enseñanza y una invitación para seguir leyendo. El lenguaje de sucesos y el deportivo son los ámbitos en los que existen mayores impropiedades, con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente.

La mayoría de los cronistas de sucesos, por lo menos en Venezuela, tienden a escribir siempre de la misma manera, y si dentro de esa reducida gama de palabras hay situaciones viciadas, estas aflorarán cada vez que escriban; en tanto que los comentaristas y los narradores siempre se afanan por mostrar sus conocimientos de acciones y reglamento de la disciplina que manejan, para competir con sus colegas, y no se dan cuenta las veces en que incurren en impropiedades. A todas esas, es menester recalcarles que donde no es cuando.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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